BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué es este cielo tan inmenso
en esta laguna inquieta cuyo
titubeante melodioso crepúsculo
otorga raíz de certidumbre al
reposo de las estalactitas.
Oh deseo de dormir profundamente,
en tus labios sumergí mi alma
más de una ocasión, tú, que habitabas
el incierto ocaso de las podredumbres.
A ti, que habilitabas la rosa afligida
y el olor de los baúles. Sueño
con un paisaje inmenso de nieve,
águila broncínea cuyo atisbo puede
envenenar un lago de infinitas orquídeas
blancas. Tu cuerpo es una rosaleda
en sí; marcas con tu suave impronta
melodías de sueño y costumbres de depósito
calizo. En los cuarzos
que aún sueñan con los vestigios de un buque
horizontal y hundido, se mezclan los labios
del bosque, miren, arriba se suceden las mortandades
sin amuletos. En los pronósticos derribados
de estatuas estériles, se sueña todavía
con vulnerar patrias y condados, sangres
definitivamente abolidas cuando el suceso
imprevisto de la polvareda une manos con cuerpos.
Atados en un sin fin de amapolas odiadas.
Y te aman; los siglos anclados a sus huestes
sigilosas, los dueños de las factorías de seda,
los quebrantamientos de la división acorazada,
el fundamento de los hombres en su reino
de amatistas venideras. A ti
cuyo relámpago acusador vierte
su infecto líquido sobre las desparramadas
nogueras y chamizos secretos.
Reverberan impacientes los agostados
campos, las manivelas de los hospitales
públicos, las mareas de acontecimientos
sucintos, los claveles iniciales de un cuerpo
en su única dimensión. Octógono
cuyo mango ha perdido el sabor terrestre
del olvido, su mácula imperfecta.
Entonces, si el olvido es una mancilla,
por qué, oh dios del cielo, se vuelcan
tesoros sobre las islas abandonadas y remotas.
Por qué, si el cielo obtura los marcos
de las fotografías enhiestas, buscan
sus silencios fórmulas con que apaciguar
un duelo o un quebranto de leyes inestimables.
Una semilla es el subsuelo del lidiador,
su mácula invisible, su sueño devorador
de ortigas y silencio; mas, la dura lucha
y el combate, se dirimen sobre las tarimas
azules de los días perdidos en transportes.
Lo que no come hoy comerá mañana
y el silencio es tan crítico que el cielo
se asombrará al día, del alba que alguien
recibe en su boca inmaculada.
Tus propias vetustas manos
hoy sueños de una razón obligatoria
y apasionada, finge
corazón de terrenales combas magnéticas.
Las frondas, los elementos parciales,
el cielo hundido de las centrales
el cuerpo convexo de los espejos incendiados,
la marca ausente del niño que recibe la lección
automática, buscará el silencio más allá
de tener o no libros en sus cuevas.
Mientras, la luna será luna
con corazón o sin él, donde el hombre
impetra su fascinación por el astro dormido.
Y un círculo de amapolas negras
combatidas desde el cielo hasta la tierra
contemplará el abismo que desfila
entre gargantas oh, tan profundas.
Sillares de cómoda advertencia
en que la dislocación del ánimo
busca heliotropos, más cerca de los
labios, aplazando los labios para el mañana
que acecha.
Y tú buscas la acepción correcta
el ámbar de los labios contritos,
el alma espiritual de los objetos y las cosas,
hundidas con sus bocas en los ojos inmateriales,
en sus abismos impenetrables de silencio.
en esta laguna inquieta cuyo
titubeante melodioso crepúsculo
otorga raíz de certidumbre al
reposo de las estalactitas.
Oh deseo de dormir profundamente,
en tus labios sumergí mi alma
más de una ocasión, tú, que habitabas
el incierto ocaso de las podredumbres.
A ti, que habilitabas la rosa afligida
y el olor de los baúles. Sueño
con un paisaje inmenso de nieve,
águila broncínea cuyo atisbo puede
envenenar un lago de infinitas orquídeas
blancas. Tu cuerpo es una rosaleda
en sí; marcas con tu suave impronta
melodías de sueño y costumbres de depósito
calizo. En los cuarzos
que aún sueñan con los vestigios de un buque
horizontal y hundido, se mezclan los labios
del bosque, miren, arriba se suceden las mortandades
sin amuletos. En los pronósticos derribados
de estatuas estériles, se sueña todavía
con vulnerar patrias y condados, sangres
definitivamente abolidas cuando el suceso
imprevisto de la polvareda une manos con cuerpos.
Atados en un sin fin de amapolas odiadas.
Y te aman; los siglos anclados a sus huestes
sigilosas, los dueños de las factorías de seda,
los quebrantamientos de la división acorazada,
el fundamento de los hombres en su reino
de amatistas venideras. A ti
cuyo relámpago acusador vierte
su infecto líquido sobre las desparramadas
nogueras y chamizos secretos.
Reverberan impacientes los agostados
campos, las manivelas de los hospitales
públicos, las mareas de acontecimientos
sucintos, los claveles iniciales de un cuerpo
en su única dimensión. Octógono
cuyo mango ha perdido el sabor terrestre
del olvido, su mácula imperfecta.
Entonces, si el olvido es una mancilla,
por qué, oh dios del cielo, se vuelcan
tesoros sobre las islas abandonadas y remotas.
Por qué, si el cielo obtura los marcos
de las fotografías enhiestas, buscan
sus silencios fórmulas con que apaciguar
un duelo o un quebranto de leyes inestimables.
Una semilla es el subsuelo del lidiador,
su mácula invisible, su sueño devorador
de ortigas y silencio; mas, la dura lucha
y el combate, se dirimen sobre las tarimas
azules de los días perdidos en transportes.
Lo que no come hoy comerá mañana
y el silencio es tan crítico que el cielo
se asombrará al día, del alba que alguien
recibe en su boca inmaculada.
Tus propias vetustas manos
hoy sueños de una razón obligatoria
y apasionada, finge
corazón de terrenales combas magnéticas.
Las frondas, los elementos parciales,
el cielo hundido de las centrales
el cuerpo convexo de los espejos incendiados,
la marca ausente del niño que recibe la lección
automática, buscará el silencio más allá
de tener o no libros en sus cuevas.
Mientras, la luna será luna
con corazón o sin él, donde el hombre
impetra su fascinación por el astro dormido.
Y un círculo de amapolas negras
combatidas desde el cielo hasta la tierra
contemplará el abismo que desfila
entre gargantas oh, tan profundas.
Sillares de cómoda advertencia
en que la dislocación del ánimo
busca heliotropos, más cerca de los
labios, aplazando los labios para el mañana
que acecha.
Y tú buscas la acepción correcta
el ámbar de los labios contritos,
el alma espiritual de los objetos y las cosas,
hundidas con sus bocas en los ojos inmateriales,
en sus abismos impenetrables de silencio.