El manifiesto del ego.

Armando Gómez

Poeta recién llegado
Sensaciones subliminales, olvidaron lo sublime
Gestadas desde de la inocencia
Para solo aparentar, en aparente sufrimiento
Sufrimiento, que le colocó colores llamativos al casino del cosmos

Donde la suerte fue a apostar, y después de una eternidad, perdió
Atónita, puso morbo en un trago de agua, y bebió hasta la intoxicación
Se llenó de furia y se dió el lujo de culpar a la bebida
Y mientras vomitaba, plagió la novela que escribió su odio

Ese vómito es un cuerpo juicioso, tribunal de un universo nuevo
Señala con sus dedos en forma de luz de atardecer, esa noche
Donde los niños se esconden, y las brujas se queman solas
Y viendo una estrella nostálgica, desearon medir su angustia, y lo llamaron tiempo

Nadie se escapa, hay incluso para el verdugo
Detrás de la máscara, hay lágrimas hechas poemas
La muerte es un cuento barato, pero el chisme forjó su oz
Y le dieron al reloj el permiso de usarla

Pintaron de belleza el infierno
Embargaron y cambiaron el cielo
Tiraron las sobras en la tierra
Porque todo necesitaba tener un opuesto para valer

La comparación, trajo patrias, muros
El apego, historias alejadas de el amor
Con el propósito interesado de unir
Propusieron el concepto de dualidad

Las ilusiones crecieron, como lo hace una ilusión
Con una ráfaga de sentimientos incontenibles, desordenados
Evoluciones e involuciones, admiraban paisajes
Y se pusieron a comer carne, llamandose ciclos

Pero el espíritu se mantiene callado
Sin esperar, porque eso es de mortales
Sonriente, perdonando al nacimiento
Iluminando, porque eso es el papel de Dios

El principio y el fin, no son separados
La verdad, existe
Este universo...
No hay otros, no hay yo, hay uno mismo

Pero que interesante se nos hace el manifiesto del ego.
 

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