El plumífero mar ondea salvaje sus muros de espuma verde esmeralda. Allí un niño se debate entre la vida y la muerte. Mientras un viejo ogro lo contempla desde la orilla facineroso. Las gentes, entre lamentos ahogados, se congregan también. Mas hay un soberbio atleta olímpico que osa zambullirse en el furibundo elemento para salvar la vida del infante. Mas una ráfaga de viento obscuro y una corriente subterránea ahogan a los dos en un pestañear divino. Entonces, como por arte de magia negra, la mar se apacigua y el sol sale de las tormentosas nubes para reír por duplicado. Como si de una burla del destino se tratase. El anciano chocho es cogido por las gentes, tomado por culpable confeso de la desgracia. Mas él no se inmuta, mientras es lanzado a la corriente arremolinada de la ya naciente noche.