ESPINETE
Poeta fiel al portal
El Otro día, en el Metro,
entre eructos y empujones
tuve tiempo de pensar,
que mente habrá diseñado
esos horribles vagones.
El "cutre" que haya inventado
ese habitáculo horrendo,
seguro que no es usuario
y jamás ha estado dentro.
Porque digo yo:
"El diseñar es pensar"
y pensar...
¿En quien pensar?...
¡Pues en el colega que va
a ese tren utilizar!
Pues va a ser que no es así,
porque tal y como está,
¡todos viajamos mal!
Bueno, todos no,
porque hay algún enchufado
que hace el trayecto sentado.
Pero esos son los menos.
El resto de los mortales,
luchamos como animales
por mantenernos en pie,
aunque a veces, en el intento,
se nos rompa el peroné.
Es verdad de hay unas barras,
sutilmente colocadas
justo en el peor lugar.
Donde todo el mundo entra.
Donde todo el mundo sale
y donde siempre hay un "gili",
que no se mueve de allí.
¿Y qué decir de "esas cosas"
que cuelgan casi del techo?
Digo "cosas" porque...
¡No sé lo que son!
¿Son anillas?
¿Las tripas de una morcilla?
¿O restos de un cinturón?
¡Hay que tener mala idea
para ir a colocarlas
fuera de la estratosfera!
Me gustaría ser un mono,
para poderme colgar
de una maldita anilla
y saltar de una en una
hasta llegar al final.
O ser Santa Teresa,
para poder levitar.
En todo esto pensaba,
mientras alguien me robaba
y cinco o seis se insultaban.
¡Qué bucólico trayecto!
¡Ya no puedo respirar!
Y además, ¡me estoy meando!
y me tengo que bajar.
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