Ricardo Llamosas
Poeta recién llegado
Que pedantería el miedo
con su gélida sonrisa,
si casualmente lo tengo
y me lleva a la deriva.
Pues inquieta padecerlo
cuando atenaza la grima,
donde no se halla consuelo
en tanto te juegas la vida.
Pero es un digno rival
siempre al acecho,
que a la menor oportunidad
te devora por dentro.
Y también es osado
de inconmensurable aliento,
ni tampoco está de paso
tras el invierno.
Seguro Dios lo siembra
porque es bueno tenerlo,
invoca a la entereza
no se vaya muy lejos.
con su gélida sonrisa,
si casualmente lo tengo
y me lleva a la deriva.
Pues inquieta padecerlo
cuando atenaza la grima,
donde no se halla consuelo
en tanto te juegas la vida.
Pero es un digno rival
siempre al acecho,
que a la menor oportunidad
te devora por dentro.
Y también es osado
de inconmensurable aliento,
ni tampoco está de paso
tras el invierno.
Seguro Dios lo siembra
porque es bueno tenerlo,
invoca a la entereza
no se vaya muy lejos.