Rubia
entendí que mi rabia fue siempre un reclamo
una véngala
una plegaría
a ese
o algo
que nunca llegó a salvarme.
Rubia
las putas
las líneas
la espuma
tendidas sobre la barra
nunca fueron mi penitencia
si no
lo único que lograba
predecir
controlar
en mi vida
y a eso
entendí
es a lo que se le llama hogar.
Rubia
sé que piensas que sigo siendo el mismo yonqui
que solo ha descubierto un juguete nuevo
mientras hundo mis uñas en la tierra
debajo de cualquier árbol
e intento parecérmele
quizás porque a veces me encuentro una casa
en el esfuerzo
en la incomodidad
de saberme y sentirme
presente.
Rubia
no quiero subirme a esa tabla
en la que a veces llegábamos al motel
o donde simplemente nos envestíamos
nos saqueábamos
hasta que algo estallaba en nuestras neuronas
y con esas esquirlas de egoísmo
nos armábamos un refugio
hasta que te tocaba regresar a criar a tu hijo
a terminar de criar a tu madre
a firmar otro divorcio
y yo regresaba a cualquier otro fondo
que creía mi penitencia
y era en realidad
mi hogar.
Rubia
nadie viene al rescate
porque nadie puede salvarte de no reconocer cuál es tu hogar
ni nadie puede ensenarte a construirte otro
hasta que no quemes esa tabla
y te quedes a solas en tu cabeza
sin que tus neuronas estallen
y te rindas a la idea de que quizás
solo quizás
el miedo
siempre haya sido tu hogar.
entendí que mi rabia fue siempre un reclamo
una véngala
una plegaría
a ese
o algo
que nunca llegó a salvarme.
Rubia
las putas
las líneas
la espuma
tendidas sobre la barra
nunca fueron mi penitencia
si no
lo único que lograba
predecir
controlar
en mi vida
y a eso
entendí
es a lo que se le llama hogar.
Rubia
sé que piensas que sigo siendo el mismo yonqui
que solo ha descubierto un juguete nuevo
mientras hundo mis uñas en la tierra
debajo de cualquier árbol
e intento parecérmele
quizás porque a veces me encuentro una casa
en el esfuerzo
en la incomodidad
de saberme y sentirme
presente.
Rubia
no quiero subirme a esa tabla
en la que a veces llegábamos al motel
o donde simplemente nos envestíamos
nos saqueábamos
hasta que algo estallaba en nuestras neuronas
y con esas esquirlas de egoísmo
nos armábamos un refugio
hasta que te tocaba regresar a criar a tu hijo
a terminar de criar a tu madre
a firmar otro divorcio
y yo regresaba a cualquier otro fondo
que creía mi penitencia
y era en realidad
mi hogar.
Rubia
nadie viene al rescate
porque nadie puede salvarte de no reconocer cuál es tu hogar
ni nadie puede ensenarte a construirte otro
hasta que no quemes esa tabla
y te quedes a solas en tu cabeza
sin que tus neuronas estallen
y te rindas a la idea de que quizás
solo quizás
el miedo
siempre haya sido tu hogar.