Kwisatz
Poeta asiduo al portal
EL MITO DE LA RIQUEZA
Como si de un pozo sin fondo se tratara la creación de riqueza es un tema recurrente en el pensamiento económico neoliberal. Lo demás, según algunos extremistas partidarios de esta corriente, es repartir miseria.
Pero ¿Qué es la riqueza? ¿Cómo se crea? ¿Se puede hacer indefinidamente? Son cuestiones que cualquiera podría hacerse a propósito de este concepto tan prosaico a la vez de abstracto que es la riqueza.
Una de las definiciones que facilita la Real Academia de la Lengua propósito es que la riqueza es la “Abundancia de bienes y cosas preciosas”.
Así mismo también define precioso como “De mucho valor o de elevado coste”. Y si vamos finalmente a buscar la definición del concepto valor encontramos “Grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”.
Así pues crear riqueza sería equiparable a acumular bienes y cosas preciosas de mucho valor o elevado coste, o lo que es lo mismo, que sean útiles para satisfacer necesidades y proporcionen bienestar.
Ahora detengámonos en el concepto valor, en su relatividad. El clásico ejemplo del vaso de agua. De valor despreciable en un lugar donde hay abundancia hídrica y de un valor incalculable en lugares como el desierto, donde llega a constituir la diferencia entre la vida o la muerte.
Este es un ejemplo claro, pero vamos a profundizar más aún la relatividad del concepto “valor”. Pensemos por ejemplo en el oro.
El oro es un metal brillante, dorado, maleable, pesado...y escaso. A lo largo de la Historia y aún en nuestros días constituye un símbolo de riqueza, es por tanto valioso.
Si uno se para a pensar en el oro no es que sea especialmente útil a la hora de cubrir las necesidades humanas. ¿Entonces por qué es valioso? Pues básicamente porque así lo hemos consensuado los seres humanos. Quizá debido a su escasez, quizá por lo embriagador de su brillo, este particular metal ha constituido el comodín para cubrir todo tipo de necesidades a lo largo de la Historia. Con una bolsa de oro al cinto pocas cosas estaban fuera del alcance del dueño, o como bien acertó a decir Quevedo “Poderoso caballero es don Dinero”.
Cuando se habla del oro prácticamente surge de forma inmediata el concepto de dinero. Conceptos intercambiables al principio, paulatinamente el dinero empezó a adoptar otras formas distintas pero que en último término de un modo u otro estaban vinculadas al virtuoso metal.
Y así fue hasta pasada la mitad del siglo XX, concretamente en 1971, cuando finalmente el concepto dinero se independizó del patrón oro y se convirtió en “dinero confianza”, llegando al extremo del abstracto.
Tras este preámbulo, que no pretendía otra cosa que reflexionar brevemente sobre lo abstracto y relativo del término riqueza, pasemos página para ahondar en cómo se crea.
En primer lugar esta pregunta ¿Qué pasaría si el oro fuera tan abundante como el agua de los océanos? Obviamente, como bien habrá deducido, que no tendría ningún “valor”.
Es decir, que su acumulación no le haría más rico, ergo no le serviría para satisfacer sus necesidades o le proporcionaría bienestar.
Por tanto, parece que una de las condiciones para que algo sea “valioso” es que su disponibilidad sea finita.
Así pues cuando hablamos de “crear riqueza” en realidad quizá estemos hablando de acumular bienes y cosas con valor. Pero acumular no es lo mismo que crear.
Por tanto el concepto “crear riqueza” tal vez no sea más que una falacia.
Pero salgamos del terreno de las ideas y bajemos a lo concreto. ¿En nuestro mundo actual si usted decidiese crear riqueza, qué haría? Probablemente optaría por fundar una empresa o tal vez un banco.
Vamos a suponer que decidiese fundar una empresa. Si tuviera éxito en la gestión alcanzaría un elevado nivel de ventas, probablemente fruto de que un amplio segmento de consumidores escogiera sus productos o servicios por cubrir de forma eficaz necesidades.
Usted se enriquecería gracias a la plusvalía derivada de las ventas, que a su vez se traduciría en un incremento de su patrimonio al adquirir bienes y servicios valiosos.
Perfecto, usted ha “creado riqueza”, ha creado riqueza para usted. Puede ser que no se haya percatado, pero antes de que usted fundara la suya había otras empresas que se dedicaban a producir los mismos productos o servicios, o al menos, a cubrir el mismo tipo de necesidades. Su irrupción en el mercado ha hecho que sus ventas decrezcan. Es más, algunas incluso han quebrado. Los dueños y empleados de estas empresas ahora son menos ricos. ¿Es posible que usted se haya enriquecido a costa de la competencia?
Vamos a verlo desde otra perspectiva. Usted tiene mucho éxito y consigue colocar en el mercado ese maravilloso producto o servicio que su empresa produce. ¿Y ahora qué? Las ventas no crecen, su riqueza no aumenta. ¿Cómo aumentarla en un mercado saturado?
Podría incrementar la plusvalía de las ventas reduciendo costes. Disminuir el coste de sus compras, rebajar los salarios de sus empleados, acortar la vida útil de sus productos, invertir en nueva maquinaria y volverse más eficiente para poder prescindir de una parte de la plantilla... Sí, todo eso es posible. Vendiendo lo mismo podría seguir aumentando su riqueza. Ahora bien ¿qué le ocurriría al poder adquisitivo de los trabajadores afectados, que en última instancia son también consumidores potenciales de sus productos? ¿Qué le ocurriría a los recursos naturales del planeta si se acumularan en pilas inmensas sus productos prematuramente obsoletos?
Tal vez exista realmente un límite para crear/acumular riqueza, que es como una manta corta que cuando tapas la cabeza descubres los pies.
Tal vez la riqueza sea más parecida a la energía, que ni se crea ni se destruye sólo se transforma.
Tal vez la creación de la riqueza no sea más que un mito, y a lo único que podemos aspirar aquellos que buscamos la justicia social es a un reparto más equitativo de la misma.