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El modernismo en el Tango (Ensayo)

Tema en 'Ensayos' comenzado por Carrizo Pacheco, 23 de Febrero de 2015. Respuestas: 3 | Visitas: 840

  1. Carrizo Pacheco

    Carrizo Pacheco Jefe de Redacción Eco y Latido.Miembro del Jurado Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA Corrector/a Equipo Revista "Eco y latido"

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    EL MODERNISMO EN EL TANGO


    Por: Ariel Carrizo Pacheco




    I - BREVE INTRODUCCIÓN.



    El modernismo fue la corriente literaria surgida de autores latinoamericanos atentos a la clásica cultura europea. Su auge abarcó los cabos de dos siglos: fines del XIX y amanecer del XX. Entre sus características - derivadas tanto del criterio simbolista como del parnasiano 1 * - sobresale un manejo de la poética más libre (que sin embargo no se aparta demasiado de la métricas rimadas), y una diversidad temática rica en imágenes grecolatinas, anacronismos y fantasías llamativas.

    El primordial cultor de este estilo afecto a la asimilación de la delicada belleza, fue indudablemente el escritor nicaragüense Rubén Darío (Félix Rubén García y Sarmiento, 1867 - 1916), quien dejó el trazo de su original sensibilidad artística en libros de trascendencia definitiva, entre los cuales destellan ineludibles títulos para nuestra más grata memoria: "Azul" (1888), "Prosas profanas" (1896) y "Cantos de vida y esperanza" (1905).


    La estética modernista se nutrió de notables vertientes, como los escritos de Manuel Gutiérrez Nájera (mejicano, 1859 - 1895), Julián del Casal (cubano, 1863 - 1893), José Asunción Silva (colombiano, 1865 - 1896), Carlos Guido y Spano (argentino, 1827 -1918) 2*, y muchos autores más, entre ellos, el uruguayo Julio Herrera y Reissig (1875 - 1910), y el cubano José Martí (1853 - 1895).

    Por más breve que sea, incompletísima quedaría esta reseña si pasara por alto la evocación de Leopoldo Lugones (1874 -1938); figura central de las letras argentinas; protagonista, junto a Darío, de la expresiva corriente que nos ocupa.





    [​IMG]
    Cadícamo por Arístides Rechain (1945)



    II - LAS CANCIONES GRISES DE CADÍCAMO.




    Cuando en 1918 el joven Enrique Cadícamo (1900 - 1999) comenzó en Buenos Aires sus labores como escribiente del Consejo Nacional de Educación, Lugones allí mismo estaba al frente de una voluminosa biblioteca. Sin traspasar los límites de la lógica distancia, entre ambos se dio una amistad natural en torno de la apasionante literatura. Merced a ese empleo que mantuvo durante una década, también conoció a otras notables personalidades; entre ellas: Manuel Gálvez, Enrique Loudet, Félix Pelayo y Leopoldo Marechal.

    El primer libro de Cadícamo apareció en 1926. Se trata de "Canciones grises" 3*, poemario de evidente influjo modernista subdividido en cuatro capítulos. El inicial, de rótulo homónimo a la totalidad de la obra, está dedicado a Víctor Juan Guillot (1889 -1940); el segundo, "Aguafuertes", a Héctor Pedro Blomberg (1889 -1955); el tercero, "Acuarelas", a Evar Méndez (1888 -1955), y el último, "De pasión y de amor", posee como epígrafe una cuarteta de Paul Verlaine (1844 -1896).


    Resulta interesante mencionar a otros autores citados por el poeta, para asomamos así a sus preferencias estilísticas: El Dante, Petrarca, Baudelaire; amén de los homenajes a Evaristo Carriego 4 *, Miguel Andrés Camino 5 *, Santa Teresa de Jesús, y la bíblica cita de un pasaje del Capítulo X del Libro de Job: "Diré a Dios: no me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo. "


    "Canciones grises" fue elogiado por Lugones en la sección de notas bibliográficas del diario La Nación, y recomendado especialmente por el hacedor del mítico poemario "La urna": Enrique Banchs (1888 -1968), quien también trabajaba en el Consejo, al igual que el periodista & escritor Pablo Suero (1898 -1943), quien tras leer los versos de "Pompas" 6 * le aconsejó a Cadícamo que no tratara de abocarse a la literatura académica de selecto alcance, alentándolo en cambio para que siguiera concentrando su talento en sintonía con la totalidad del pueblo, ganándose así el libre acceso a los variados ámbitos sociales.



    Como señaló Ernesto Sabato 7 *, versos como éstos (los únicos del agotado poemario que hasta ahora con asiduidad se transcriben), bien podrían haber nacido del propio Rubén Darío:




    La luna es un alfanje suspendido en lo alto

    que vuelca cataratas de albor en las callejas,

    y las mugrientas casas, misteriosas y viejas, .

    disimulan sus frentes con tintas de basalto.

    (Noche de invierno)



    En
    "La Nación" del 12 de noviembre de 1926 apareció una nota sobre este primerizo libro de quien ya había dado a conocer, aparte del inaugural "Pompas de jabón", tangos como "Princesita", "Picaflor" y "Bohemia". Transcribiré algunos de los conceptos vertidos allí:



    "Todas las composiciones de este libro de versos demuestran que el autor posee innegables acultades de poeta. La naturaleza del amor, la melancolía y la muerte despiertan en su espíritu hondas emociones artísticas (...) El Sr. Enrique Cadícamo tiene singular facilidad para versificar.

    No teme las rimas despóticas ni los ritmos fijos (..) Destácase su hermoso poema "De profundis", donde hay estrofas tan inspiradas como estas:



    Son unos perros flacos con ojos de rameras

    que pasan arrastrando quién sabe qué dolor;

    van en la noche fría soñando las quimeras

    de esos tristes que nunca conocieron amor.



    Bastardos que nacieron bajo un claro de luna,

    a la luz enfermiza de las constelaciones,

    que llevan en sus almas como fatal fortuna

    la amargura infinita de las tristes canciones.



    Las "Canciones grises", musicales y sinceras, atestiguan que su autor es un lírico de quien puede esperarse mucho. No es, así, arriesgado afirmar que dentro de poco tiempo nos ofrecerá el señor Enrique Cadícamo nuevas obras poéticas dignas de un amplio elogio. "



    La razón más poderosa por la cual nuestro escritor se negó durante siete décadas a reeditar este poemario -hoy en día prácticamente "inhallable"- se fundamenta en las vetas de amargo padecimiento que prepondera en la dimensión material y sensitiva de sus generosas páginas, que con tanta maestría saben hacerle honor al título que las reúne.

    Días antes de su impensable fallecimiento hablamos bastante sobre este tema, a raíz de mi búsqueda en la Biblioteca Nacional de artículos periodísticos alusivos, como el que acabo de transcribir. De modo alguno podría sostenerse que él renegaba de esos versos, más allá de considerarlos un tanto impropios de la previsible inspiración de un joven de veinticinco años. Sí es cierto que su acostumbrada modestia hacía que no les diera el valor merecido.

    No significa, entonces, pasar por alto su voluntad el hecho de difundir, a modo de ejemplos, algunos pasajes de este libro misterioso; todos delimitados por el metro alejandrino:



    Pon un punto en mis penas, inclemente destino,

    pon un poco de cielo en mi negro dolor,

    arrójame unas rosas en mi triste camino

    y a mis mejillas pálidas vuélveles el color.

    (Lamentación)



    Llevo más amargura que salitre los mares,

    y en este pecho mío hay un pájaro herido...

    El símbolo del beso ya lo llevo perdido

    y jamás en mi huerto florecieron azahares...

    (Incontrastable)



    He andado por la vida bajo cielos sangrientos,

    bebiendo a grandes sorbos el cáliz de mis males;

    he sido un condenado a sufrir sus tormentos

    y hoy llevo de los años sus pócimas fatales.

    (Estoicismo)



    III -ANTECEDENTES TANGUÍSTICOS



    A propósito de "Canciones grises", se impone la mención de algunos antecedentes tanguísticos, metafóricos versos, ideas trazadas más allá de su destino originario, para trascender hasta la memoria popular. Si bien no constituyen repeticiones textuales, encierran - palabras más, palabras menos - una misma expresión en el plano de su esencia. Basta con leer un único verso para encontrarnos con la causal de una primera asociación:



    Mi espíritu está triste como las catedrales

    y se me antoja frío como los funerales.

    Al mojar en el vino el rictus de mis labios...

    ¡Oh los amores idos y los fieros resabios!...

    (Tristitiae)



    En el tango
    "La novia ausente" 8 * que Cadícamo escribió en 1932 sobre música de Guillermo Barbieri, a esa metáfora se le incorpora un "eco". Vale la dicha rememorar también al menos los tres versos previos de este clásico, llevado al disco originaria y originalmente por Carlos Gardel:



    ¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?,

    ¿qué mano huesuda fue hilando mis males?,

    y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste;

    triste como el eco de las catedrales...



    La sensación perpetuada en este último verso tuvo su origen en la monumental Basílica de Nuestra Sra. de Luján 9 *. En su cautivante libro de memorias el poeta nos cuenta:
    “… Recuerdo claramente el día - cuando cumplí los ocho años de edad - en que mis padres me llevaron por primera vez a la Basílica. / Ese grandioso monumento gótico (...) llenó de temor mi alma y de asombro mis ojos infantiles al mirar aquellos laterales sosteniendo las naves; sus capillas, balaustradas, bóvedas, columnas; la luz del día que se reflejaba a través de los vitraux, pináculos y florones que decoraban aquel majestuoso interior coronado por las ráfagas del órgano, produjo en mi interior el primer sentimiento religioso que jamás hasta entonces habla experimentado mi corazón...” 10 *



    Dentro del romántico clima de la "La novia ausente", cabe señalar también la presencia del más certero aporte que el tango le dio a la difusión popular de una obra de Rubén Darío. Me estoy refiriendo al recitado de la primera estrofa de "Sonatina" (1893), que Cadícamo engarzó con el final del estribillo:



    "Al raro conjuro / de noche y reseda / temblaban las hojas / del parque, también, / y tú me pedías que te recitara / esta "Sonatina" / que soñó Rubén:



    La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?

    Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

    que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

    La princesa está pálida en su silla de oro,

    está mudo el teclado de su clave sonoro;

    y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor."





    Atendiendo al rigor cronológico, es necesario dar cuentas de un antecedente que alude a esta misma cita, también dentro del marco de un tema de Cadícamo; en este caso, una extraña "balada medieval” de 1927, con música de Domingo D'Angelo y Ernesto Di Cicco: "Quimeras de princesa", que comienza así:



    Junto al clave sonoro / la princesa está... / cesó su lloro, / se ha puesto a soñar. / En su castillo lejano / marchita su amor; / tras la ventana / se oculta el dolor... / mira a través del cristal / mientras deshoja una flor... // Ve venir a un caballero / en un brioso corcel, / y a su lado a un escudero / que le acompaña fiel... / El polvo del camino va / alzándose cual grueso tul. / Con su arnés de guerra, / golpeando la tierra, arriba el príncipe azul...



    Por otra parte, Celedonio Esteban Flores (1896 -1947) fue el traductor voluntario de la Sonatina de Darío a los modismos locales de lunfardesca moderada:



    La bacana está triste, ¿qué tendrá la bacana?,

    ha perdido la risa su carita de rana

    y en sus ojos se nota yo no sé qué penar;

    la bacana está sola en su silla sentada,

    el fonógrafo calla y la viola colgada

    aburrida parece de no verse llorar...



    En 1930 Claudio Frollo (1887 -1942) 11 *escribió la letra del tango "Sólo se quiere una vez" (con melodía de Carlos Geroni Flores) en donde aparece una célebre estrofa rubendariana, perteneciente al poema "Canción de otoño en primavera":




    Juventud, divino tesoro,

    ¡ya te vas para no volver!

    Cuando quiero llorar, no lloro...

    y a veces lloro sin querer… 12*





    A su vez, una figura emblemática de la destreza lunfarda, Carlos de la Púa (1898 -1950), en la poesía "Citroen" de su obra fundamental,
    "La crencha engrasada" (1928), menciona al influyente vate nicaragüense:



    ... ayer en el Florida matutino

    que cantara Rubén en verso fino,

    te campanié de nuevo embelesado...13 *



    Siguiendo con las "Canciones grises", en otro de sus poemas - "Las barcas muertas" – aparecen imágenes antecesoras de otro destacado tango cadicamiano: "Niebla del Riachuelo" 14 *. Juan Carlos Cobián fue quien le imprimió el sello de su creatividad musical. Recordemos que el binomio Cobián & Cadícamo ha dejado piezas de una simbiosis artística inigualable, como
    "La casita de mis viejos", "Nostalgias", "El cantor de Buenos Aires", "Los mareados" y el tango que ahora nos demanda especial atención por su proximidad al modernismo:



    Turbio fondeadero donde van a recalar

    barcos que en el muelle para siempre han de quedar...



    """"""""""""""""""""""""""""""""""""""""'""""""""'""""""""'"



    Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar...

    Barcos carboneros que jamás han de zarpar...

    Torvo cementerio de las naves que al morir,

    sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir...





    En
    Las barcas muertas se evidencia la similitud temática a través de pasajes como éstos:



    ¡Oh pobres barcas viejas I que yacen amarradas I para nunca zarpar/... I Sueñan sus aparejos I con soles de otros puertos I que nunca más verán (..) I Los puentes desiertos. I Tal vez sus marinos I estén todos muertos (..) I en las jarcias rotas I las rachas heladas I sus melodías I dejan al pasar. ..



    Continuando con este breve repaso de la corriente modernista en el tango y, esencialmente, en la obra de Cadícamo, haré mención de un vals que compuso también con Guillermo Barbieri, uno de sus frecuentes colaboradores musicales; recordemos que juntos hicieron (amén de "La novia ausente"), "Cruz de palo", "Olvidao", "El que atrasó el reloj" y "Anclao en París", entre otros temas. Ahora le toca el turno a "Tus manos" *15, en donde aparece fugazmente la ficticia Eulalia, retratada de este modo por Darío en su poema "Era un aire suave" (1893):



    La marquesa Eulalia risas y desvíos

    daba a un mismo tiempo para dos rivales (...)

    Es noche de fiesta, y el baile de trajes

    ostenta su gloria de trajes mundanos.

    La divina Eulalia, vestida de encajes,

    una flor destroza con sus tersas manos...





    Curiosamente la Eulalia de
    Tus manos no es más aquella "marquesa" rubendariana; Cadícamo la realzó nombrándola "princesa", pero a su vez le rebaja la hermosura de sus manos:



    Guardan claro de luna tus manos de Abadesa,

    y una luz milagrosa que las hace monjil.

    No las tuvo tan bellas Eulalia, la princesa,

    ni tan aristocráticas Madame de Duplessi...

    Tus uñas en el ampo de tus manos liliales

    resaltan como extrañas, escamas de rubí...

    Son de un rojo tan vivo tus uñas criminales

    que brillan como ardientes teorías carmesí...



    Alfredo Le Pera (1900 -1935) es otro de los poetas del tango que adhirió a este estilo. Tengamos en cuenta que
    "El día que me quieras" es homónimo a un poema de Amado Nervo (mejicano, 1870 -1919) que data del año 15, extraído de su libro "El arquero divino":



    El día que me quieras tendrá más luz que junio,

    la noche que me quieras será de plenilunio

    con notas de Beethoven vibrando en cada rayo

    sus inefables cosas,

    y habrá juntas más rosas

    que en todo el mes de mayo...





    La obra de Celedonio Flores tiene reminiscencias estructurales no solamente de Darío; además, como señala Ricardo Ostuni en su libro "Viaje al corazón del tango", hay vestigios de los estilos de Almafuerte, Baldomero Fernández Moreno y Víctor Hugo, entre otros talentos. De todos modos, Flores en más de una ocasión se encargó de dejar en claro su (por así decido) distanciamiento de las expresiones lingüísticas refinadas:



    ¿Qué sabemos de marquesas, de blasones y literas

    si las pocas que hemos visto han sido de carnaval?

    ¡Que nos pidan un cuadrito de la vida arrabalera

    y acusamos las cuarenta y las diez para el final! 16 *



    En otra estrofa, como disculpándose y discriminando sin querer, aclara con lo siguiente:



    " y no vas a creer que escribo / en este lenguaje rante / por irlas de interesante / ni por pasarme de vivo. / Sino porque no hallo bien / ni apropiado ni certero / el pretender que un carrero / se deleite con Rubén..." (Señora).



    IV -COROLARIO



    La profundidad de este paralelo entre modernismo y tango es de una magnitud tal que no podría agotarse ni con un nutrido volumen. La interrelación es una parte clave en todo proceso evolutivo.

    Así como hay tangos caracterizados por un marcado atisbo de la denominada "poesía culta", existen versos de autores públicamente disociados de nuestra música, que sin embargo muy bien quedarían ceñidos a sus rítmicas notas; tal es el caso de Leopoldo Lugones, capaz de escribir:
    "Va la luna por el linde de los piélagos distantes, / y la noche está pintada cual la piel de los jaguares...” ("Las montañas", 1897), o cuartetas como ésta: "El tonto de mi vecino / busca novia sin hallar. / Perlas le pide al destino / pero se asusta del mar… " ("La muchacha fea", 1924.)

    La literatura universal, cuya "popularidad" se extiende más por sus célebres apellidos y títulos que por su casi desconocida esencia, no fue ni es ajena a los más cultivados gestores del cancionero rioplatense. Del mismo modo, acentuadamente desde los creadores posmodernistas en adelante, la presencia del tango viene multiplicándose en obras literarias nacionales y extranjeras; tentador análisis que escapa al propósito de este trabajo.

    En definitiva, dentro de esta temática, el Arte de la Palabra en su conjunto es lo que cuenta, más allá de las divisiones en ramas que, pese al cometido organizador que las motiva, en cierto modo terminan desuniendo los relacionados matices de la polifacética comunicación humana.

    En fin, hago un alto de final abierto en esta somera reseña. Resta bastante para esclarecer; inclusive no sería desatinado sobrepasar la poética modernista; es decir, hacer una investigación en otros géneros del mismo movimiento, como el cuento y la novela, donde también se vislumbra algunos rasgos revitalizados con acierto desde el tango.



    NOTAS:

    1 * El Parnasianismo apareció como una modalidad empeñada en conseguir la precisión de las formas poéticas, y la prescindencia del sentimentalismo lírico. Contó, entre otros escritores, con Charles Baudelaire, Théophile Gautier y Charles Leconte de Lisie. Quienes en cambio como Arthur Rimbaud o, más tarde, Paul Claudel, fueron denominados partidarios del Simbolismo (también mal Ilamados "decadentes"), se distinguían por su intimista visión de los ideales y la musicalidad de sus versos contrarios al Naturalismo. Tanto Paul VerIaine como Stéphane Mallarmé contribuyeron a la esencia de ambos estilos nacidos en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX.
    2 * Cuya edad final (91) por muy poco no representa la suma de los años vividos por el terceto de creadores nombrados al comienzo del párrafo. Siendo un poeta de una generación anterior a la que nos ocupa, más identificada con el romanticismo, indudablemente es uno de los precursores del flujo modernista.
    3 * Buenos Aires, septiembre de 1926, editorial Porter Hnos., propiedad de los tíos de César Tiempo (1906 -1980), quien además trabajó allí desde los 12 años como tipógrafo y minervista; según nos cuenta Álvaro Abós en su libro Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires (Mondadori, 2000). Tiempo escribió los prólogos de dos libros de Cadícamo: Café de camareras (1969) y Los inquilinos de la noche (1977).
    4 * Vale señalar que Puesta de sol, De todo te olvidas y Nunca tuvo novio, son tres tangos de Cadícamo en donde también flota la evocación de Carriego (1883 -1912); más precisamente, de dos de sus poesías: La que se quedó para vestir santos y Tu secreto. En De todo te olvidas (1929), incluso lo nombra: "¿Acaso tu pena es la que Carriego, / rimando cuartetas, a todos contó?"
    5 * Miguel Andrés Camino (1877 -1944), poeta (que planteó su hipótesis sobre el origen del tango desde estos versos: "Nació en los Corrales Viejos / allá por el año ochenta, / hijo fue de una milonga / y un pesao del arrabal. '), es mencionado por Cadícamo en su autobiografía, cuando rememora su familiar arribo al barrio de Floresta; entre los festejos por el Centenario -1910-: "Mi padre alquiló una hermosa casa recién terminada de construir y que nosotros estrenamos para vivir, en la calle Ensenada 45 J, cuyos fondos daban con los fondos de otra casa de la calle Mariano Acosta en la que vivía la familia del poeta Miguel A. Camino. Sus hijos, casi de mi misma edad, fueron los primeros amigos que tuve en Buenos Aires. "
    6* Primer tango del poeta, estrenado por Carlos Gardel, quien lo plasmó en dos versiones discográficas: una registrada en Barcelona, el 27 de diciembre de 1925 - junto al guitarrista José Ricardo – y la otra en Buenos Aires, el 23 de septiembre de 1927 nuevamente con Ricardo y con otro eximio pulsador de cuerdas: Guillermo Desiderio Barbieri -. En menos de ocho años, nuestro máximo cantor nacional Ilegó a grabarle a Cadícamo un total de 23 temas (19 tangos, 3 valses y 1 fox-trot). El autor de su melodía, el pianista Roberto E. Goyeneche, no llegó a disfrutar del exitoso puntapié inicial de este tango, puesto que falleció al poco tiempo - el 22 de abril de 1925 -, motivo por el cual Cadícamo decidió cambiarle su título, Pompas, (indeseable coincidencia relacionada con las pompas fúnebres), por el de Pompas de jabón.
    Entre quienes también grabaron este tango, se encuentran los siguientes intérpretes: Francisco Canaro con la voz de Charlo, Roberto Firpo, Juan D'Arienzo con Juan Carlos Lamas, Baffa & Berlingieri con Roberto Goyeneche, José Canet y su conjunto de guitarras con Alberto Marino, Adriana Varela, etcétera.
    7 * En: Tango, discusión y clave, edit. Losada, 1963.
    8 * Gardel lo llevó al disco el 9 de marzo de 1933, con la asistencia de Pettorossi, Riverol, Vivas y el propio Barbieri en guitarras. Aparte fue grabado (entre otros) por Julio Martel con Alfredo De Ángelis, Roberto Goyeneche con Armando Pontier, Horacio Molina y Luis Cardei.
    9 * Cadícamo nació el 15 de julio de 1900 en la estancia Los Maireles, por ese entonces perteneciente a Luján, y actualmente a Gral. Rodríguez. Por ese motivo ambos partidos, con justa razón, se adjudican su cuna, a tal punto que en 1987 fue declarado Hijo Dilecto de Luján (además de ser bautizada con su nombre la pintoresca recova oriental cercana a la Basílica), y en 1997 Ciudadano Ilustre de Gral. Rodríguez; ciudad donde además funciona la biblioteca y museo Enrique Cadícamo.
    10 * Mis memorias, de E. Cadícamo. 1ª edic. (1983), edit. Fernández. 5ª edic. (1999), edit. Corregidor.
    11 * Ricardo Ostuni en su obra Viaje al corazón del tango (edit. Lumiere, 2000; pág. 136), aclara que Carlos Frollo era el "escudo literario del prestigioso Juez de Instrucción Dr. Carlos Raúl Atwell Ocantos".
    12 * En realidad la cita que se hace en ese tango no es textual; pues en él ya se impuso el tiempo pasado: "Juventud, divino tesoro, / te fuiste para no volver... "
    13 * Darío en varios versos homenajea a la calle Florida, aquí hay un par de ejemplos: "Ayer el pavimento sonoro de Florida / sintió trotar el tronco de potros de Inglaterra, / que arrastran la victoria donde el amor convida / la faz de la morocha más linda de la tierra. " - "Formada de rosales tu calle de Florida / mira pasar la gloria, la banca y el sport... "
    14 * Estrenado por Tita Merello en la película La fuga, dirigida por Luis Saslavsky (la "premiere" de la misma aconteció en el cine Monumental, el 28 de julio de 1937). Algunas grabaciones: Alberto Vila con la Orquesta Argentina Odeón, Osvaldo Fresedo con Roberto Ray, Tita Merello con Carlos Figari, Miguel Montero con guitarras, Susana Rinaldi con Roberto Pansera, Virginia Luque, Roberto Goyeneche con Raúl Garello, Edmundo Rivero, etcétera.
    15 * Grabado, entre otros, por el sexteto Los mendocinos - dirigido por Francisco Lauro -con la voz de Alberto Ortiz (1947), y los cantores Alberto Margal (1948), Luis Alberto Fleitas (1948) y por Héctor Mauré (1950); todos con acompañamiento de guitarras.
    16 * Otro ejemplo en la obra de Celedonio: "Yo no le canto al perfumado nardo / ni al constelado azul del firmamento. / Yo busco en el suburbio sentimiento; / pa' cantarle a una flor, le canto al cardo. " (Musa rea; soneto) Al respecto una vez declaró: "En mis años mozos Rubén Daría y Amado Nervo fueron mis maestros.
    Pero cómo iba a tirarme con sus delicadezas y sus finuras. Me pareció retrucarles con mis versos rantes: <La bacana está triste / ¿qué tendrá la bacana?> (...) Una parodia a los versos del gran nicaragüense, o una paráfrasis como diría hoy un intelectual. Lo mío era otra cosa..."


    Aclaración: Ensayo expuesto por su autor en octubre de 2003 durante las 1eras. Jornadas de Cultura Rioplatense, organizadas por el escritor y diplomático Enrique Estrázulas en su carácter de Asesor Cultural de la Embajada de Uruguay en Buenos Aires. Posteriormente fue publicado en las Revistas Nº 64 y 65 de "Club de tango" (Buenos Aires, 2004).
     
    #1
    Última modificación: 23 de Febrero de 2015
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  2. Luis Pragmah

    Luis Pragmah Invitado

    Estimado Ariel...
    Que oportuno aporte, más por el genero en sí del Tango tan vinculado como citas al modernismo de Rubén Darío, enriquecido con matices locales, pero que llegan a tener validez que trasciende la "poesía culta". Además los fragmentos de apoyo son importantes por ese paralelo de distintas composiciones a la luz de "las destrezas lunfardas". Creo que lo "metáforico" y "consejero" que lleva el tango unido a su innegable melancolía lo hacen único recreado en la sensualidad de sus baile.
    Mis felicitaciones amigo, me declaro admirador de la poesía que se nutre de "pueblo" y le aporta sentido a los versos mas refinados o cultos. Hoy aprendí más del Tango y eso me alegra mucho.
    Un fuerte abrazo Ariel.
     
    #2
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  3. Carrizo Pacheco

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    ¡Muy agradecido por tu atenta lectura, estimado Luis! Me alegra tu entusiasmo por estos temas inherentes a la cultura popular difundida mediante una música tan entrañable, como el Tango. ¡Te hago llegar un afectuoso abrazo!:

    Ariel
     
    #3
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  4. Goliat

    Goliat Poeta recién llegado

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    Ariel, con mucho tino usted a cincelado este tema apasionante de una época que evoca la vigencia del tango y la literatura que marcó una epopeya rioplatense.

    Suena en mis oídos La Cumparsita con letra de Pascual Contursi y compuesta por el Uruguayo Gerardo Matos Rodríguez.

    Con mayor jubilo que el bardo rey apareciera como una estrella en el firmamento artístico y tanguero Argentino.

    Abrazos mi estimado amigo.
     
    #4
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