José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Sin estar buscando raza,
Tú viste lo bueno en mí.
Pues luchando por la crianza,
Fue mucho lo que sufrí.
Aunque no crea la gente,
Estoy bien aconductado;
Soy un perro muy decente,
No me hago en cualquier lado.
La cola que me toco,
Muy temprano me la cortaron.
En un moño me quedo,
Y de gracia me adornaron.
El terreno que adopte,
Lo cuidaba con esmero.
Un vigilante encontré,
Y lo hice mi compañero
Fueron pasando los días,
La amistad vino a reinar;
Y entre mimos y alegrías,
Le ayudaba a cuidar.
Me compré las peloteras,
Que me salían a diario.
Todo por estas fronteras,
Donde encontraba el salario.
El perro de mil batallas,
Me decían por ahí.
Y con todo y cicatrices,
La gracia no la perdí.
En cambio perdí los dientes,
Royendo huesos muy duros.
Que me tiraban las gentes,
Hasta de los extramuros.
Por todas estas hazañas;
Y el amor que yo sembré.
Con el vigilante amigo,
Jubilado me quedé.
Tú viste lo bueno en mí.
Pues luchando por la crianza,
Fue mucho lo que sufrí.
Aunque no crea la gente,
Estoy bien aconductado;
Soy un perro muy decente,
No me hago en cualquier lado.
La cola que me toco,
Muy temprano me la cortaron.
En un moño me quedo,
Y de gracia me adornaron.
El terreno que adopte,
Lo cuidaba con esmero.
Un vigilante encontré,
Y lo hice mi compañero
Fueron pasando los días,
La amistad vino a reinar;
Y entre mimos y alegrías,
Le ayudaba a cuidar.
Me compré las peloteras,
Que me salían a diario.
Todo por estas fronteras,
Donde encontraba el salario.
El perro de mil batallas,
Me decían por ahí.
Y con todo y cicatrices,
La gracia no la perdí.
En cambio perdí los dientes,
Royendo huesos muy duros.
Que me tiraban las gentes,
Hasta de los extramuros.
Por todas estas hazañas;
Y el amor que yo sembré.
Con el vigilante amigo,
Jubilado me quedé.