Arturo Ciorán
Poeta recién llegado
La veo
y mi corazón
se exalta,
golpetea mi esternón.
La sucedo
en silencio,
sin moverme
del rincón,
sin dejar de
reparar en ella
por el rabillo
del ojo.
Y un día
me desespero,
me dejo remolcar
por el sentimiento,
y me expongo,
me humillo
y reboto,
y está bien,
sin rencores.
Y otra me ve
y su corazón se exalta,
golpetea su esternón.
Me sucede
y ambos lo sabemos.
Ahora duerme
en mi cama
y la miro
y mi corazón
es un cauce quedo,
y espero no temerle
a la soledad,
porque me dolería
decepcionarla,
porque me convertiría
en un monstruo,
en un villano
motivado
por la tristeza.
y mi corazón
se exalta,
golpetea mi esternón.
La sucedo
en silencio,
sin moverme
del rincón,
sin dejar de
reparar en ella
por el rabillo
del ojo.
Y un día
me desespero,
me dejo remolcar
por el sentimiento,
y me expongo,
me humillo
y reboto,
y está bien,
sin rencores.
Y otra me ve
y su corazón se exalta,
golpetea su esternón.
Me sucede
y ambos lo sabemos.
Ahora duerme
en mi cama
y la miro
y mi corazón
es un cauce quedo,
y espero no temerle
a la soledad,
porque me dolería
decepcionarla,
porque me convertiría
en un monstruo,
en un villano
motivado
por la tristeza.