carlos_cisneros
Poeta asiduo al portal
El morro se levanta a pocos metros.
Desde el puerto, puedo ver las gaviotas descansar su vuelo y
arremeter hacia el mar.
El día solea.
Los primeros niños juegan en la orilla,
haciendo agujeros y murallitas de arena de un castillo que
pronto las olas derruirán.
El pequeño parque esta poblándose de a pocos;
y el morro, imponente, espera…
Bajo él,
las olas rompen, algo envidiosas de su porte.
Trepan vez tras vez, y caen agotadas por el intento.
La mañana avanza...
Nadie puede detener el tiempo, salvo
Los recuerdos que se aferran a la dicha;
por cuanto los otros,
preferimos siempre olvidar.
Hay momentos que para otros no tienen importancia;
No obstante, para uno,
son tan deseados de vivirlos nuevamente…
Sé que volverá, y espero.
La brisa marina es suave,
refresca el alma;
Su mirada refrescará
mi razón.
Desde el puerto, puedo ver las gaviotas descansar su vuelo y
arremeter hacia el mar.
El día solea.
Los primeros niños juegan en la orilla,
haciendo agujeros y murallitas de arena de un castillo que
pronto las olas derruirán.
El pequeño parque esta poblándose de a pocos;
y el morro, imponente, espera…
Bajo él,
las olas rompen, algo envidiosas de su porte.
Trepan vez tras vez, y caen agotadas por el intento.
La mañana avanza...
Nadie puede detener el tiempo, salvo
Los recuerdos que se aferran a la dicha;
por cuanto los otros,
preferimos siempre olvidar.
Hay momentos que para otros no tienen importancia;
No obstante, para uno,
son tan deseados de vivirlos nuevamente…
Sé que volverá, y espero.
La brisa marina es suave,
refresca el alma;
Su mirada refrescará
mi razón.
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