El mortal

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
En esta parte de mi agonía
empuño las manos, aunque aprete los clavos,
recién ha pasado el mediodía
y esta corona pesa como un grupo de esclavos.

Este sol que da a la cara no tiene ninguna nube,
solamente la tristeza me acompaña,
todos mis sentimientos gritan, no hay ninguno que lo dude,
te veo en la tarde y si no, te veo mañana.

Ayer tuve sed y me dieron cinco tragos de saliva,
no paso de largo porque sé
que todo lo malo pasa en esta vida
y ya tiene mi cuerpo pedido un tal José.

Huimos de todo lo que un día nos apendeja,
nos retiramos como cobardes antes de pelear,
discutimos por la sombra que se aleja
y despuntan las ganas de llorar.

El único misterio que me queda es si he perdido
la cordura en este último lapso de este viernes,
que no encuentre el pánico, al sábado dormido
y que el domingo no te sorprenda, si es que vienes.

En esta parte, me despido con sangre en los ojos,
con el ruido de muchedumbre entre mis palmas,
sin una muestra de rencor y sin enojos,
mas con el peso de las dudas que pueden más que las calmas.
 

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