Levántanse implacables
en ese corredor invisible
trazado por la grieta.
Inconscientes, se elevan,
transgreden el altar de buena fe
y su peso nos agobia.
Uno a uno se perfilan
multiplicados en el aire,
ásperos y engañosos,
en ángulo procaz
hacia nuestra inocencia
que no los percibe.
Pero están allí
intocables
y hartos de silencio.
De no decir nada.
en ese corredor invisible
trazado por la grieta.
Inconscientes, se elevan,
transgreden el altar de buena fe
y su peso nos agobia.
Uno a uno se perfilan
multiplicados en el aire,
ásperos y engañosos,
en ángulo procaz
hacia nuestra inocencia
que no los percibe.
Pero están allí
intocables
y hartos de silencio.
De no decir nada.