F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Cuando se llega al mundo se rompe siempre en llanto,
un llanto provocado, un llanto que no es nada,
un llanto que da risa, porque parece un canto:
es la voz de la vida, la fusión de dos almas…
El germen de una vida eclosiona llorando
porque sus dos pulmones, al fin, el aire exhalan.
Y porque las dos células demuestran el milagro
de inspirar nueva vida perpetuando la raza.
El claustro de la vida es claustro de silencio,
un claustro milagroso de una vida que clama
con un cuerpo desnudo, que parece indefenso,
mas con soplo divino que la mente no alcanza.
Todo se va formando en perfecto concierto
con acordes divinos de una música sacra.
Mientras, se va creando la virtud de un cerebro
y con soplo indeleble va formándose el alma.
Mientras tanto ese fruto que el amor ha forjado
va latiendo su impulso y a la vez se formaba
con millones de células aquel cuerpo flotando:
modelando sus ojos, sus orejas, su espalda,
torneando sus piernas, dando forma a sus manos
a través del cordón que a su madre lo enlaza.
Y él anuncia a su madre, con sus piernas y brazos
que, con ciertas posturas, ciertamente se cansa.
Hasta que, al fin, avisa que su claustro es pequeño
y se esfuerza en salir… y su fuerza avasalla.
Y su corta experiencia necesita el esfuerzo
que su madre le presta… Y también le hace falta
algo más de la técnica y es la ayuda del médico.
Y cuando lo consigue… ¡para el crío es el alba!
¡Tanta luz le molesta! Y el golpe en su trasero
produce aquel milagro que su llanto anunciara:
el final de su etapa y el principio de un cuento.
un llanto provocado, un llanto que no es nada,
un llanto que da risa, porque parece un canto:
es la voz de la vida, la fusión de dos almas…
El germen de una vida eclosiona llorando
porque sus dos pulmones, al fin, el aire exhalan.
Y porque las dos células demuestran el milagro
de inspirar nueva vida perpetuando la raza.
El claustro de la vida es claustro de silencio,
un claustro milagroso de una vida que clama
con un cuerpo desnudo, que parece indefenso,
mas con soplo divino que la mente no alcanza.
Todo se va formando en perfecto concierto
con acordes divinos de una música sacra.
Mientras, se va creando la virtud de un cerebro
y con soplo indeleble va formándose el alma.
Mientras tanto ese fruto que el amor ha forjado
va latiendo su impulso y a la vez se formaba
con millones de células aquel cuerpo flotando:
modelando sus ojos, sus orejas, su espalda,
torneando sus piernas, dando forma a sus manos
a través del cordón que a su madre lo enlaza.
Y él anuncia a su madre, con sus piernas y brazos
que, con ciertas posturas, ciertamente se cansa.
Hasta que, al fin, avisa que su claustro es pequeño
y se esfuerza en salir… y su fuerza avasalla.
Y su corta experiencia necesita el esfuerzo
que su madre le presta… Y también le hace falta
algo más de la técnica y es la ayuda del médico.
Y cuando lo consigue… ¡para el crío es el alba!
¡Tanta luz le molesta! Y el golpe en su trasero
produce aquel milagro que su llanto anunciara:
el final de su etapa y el principio de un cuento.
Última edición: