Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
¿Cómo sacar sin gritar,
el peso de la opresión que siempre me ha marcado?
Ser bella e inteligente como las princesas de cuento, es un error.
Si eres bella los hombres te quieren tocar, quieren usarte.
Si eres inteligente, entonces se ponen en guardia y están contra ti.
Jamás son tus amigos, son más bien tus enemigos.
Te quieren controlar.
El peor destino que puede tocarte
es encontrarte con un narciso.
Quiere que le rindas pleitesía,
que aceptes que es lo máximo,
el más bello, el más listo, etc.
Si no lo haces, ¡Ah, ya verás cómo te va!
Te bloquea, te sabotea.
Siempre quiere subordinarte.
Quiere que vayas por sus hijos a la escuela y los lleves a su casa.
Que prepares el café,
aunque tú seas su par,
nomás por ser mujer.
Que organices el seminario,
que compres las galletas,
que contestes el teléfono,
que le prestes tus llaves porque las olvidó,
y te las pide a mitad de tu clase delante de tus alumnos
y quiere que en ese momento vayas a abrirle.
Hay que aguantarle su lenguaje soez,
siempre echando madres,
porque él es muy importante, tan importante,
que no tiene por qué tomar en consideración que estás presente.
No se te ocurra señalarle un error,
aunque lo hagas de buena fe,
porque te mira con sus ojos de puñal
y lo peor es como habla de ti.
Cada una de las cosas malas que te hizo, es su trofeo.
Pero las cuenta como tus errores
aunque hayan sido producto de su bloqueo constante.
De repente todos están en tu contra y no sabes porqué,
pero analizando los hechos, sabes que él fue.
Si una vez le gritaste porque te ofendió,
ah, entonces todos van y te gritan como por casualidad.
Si un día no lo saludas porque ya te tiene harta,
entonces todos van y te saludan con excesiva ostentación.
Pero entonces, sabes a quienes gobierna
y a quienes no, sabes quienes no son de su horda,
esos que son amables, que nunca cambian contigo,
que te respetan.
Menos mal, son un alivio.
Te das cuenta de que hay algunos, aunque pocos,
que no son manipulables, que tienen criterio propio.
Lo peor es la vigilancia a que te tiene sometida.
En una ocasión estaba yo en una plaza comercial.
Entré a una librería y ahí tenían un sofá para que uno se sentara a leer
los libros que estaban en exhibición. Estaba ahí leyendo.
De repente entró y exclamó: ¡Ah, aquí está!
La pandemia, ah, la pandemia, me liberó de esa opresión.
Estuve liberada de su presencia todo ese tiempo.
¡Cómo bajó mi estrés!
Es un enfermo mental, peligroso.
Lo peor es que cree que nadie se da cuenta,
pero sí, nos damos cuenta, todos.
Él siempre quiere desviar la atención a esa conducta suya,
y entonces les habla de mí, que vean como soy de lo peor.
Pero también todos se dan cuenta
que solo quiere esconder su mala conducta
señalándome a mí. Soy su escudo.
Ojalá hubiera en youtube un tutorial de como librarse de un narciso.
el peso de la opresión que siempre me ha marcado?
Ser bella e inteligente como las princesas de cuento, es un error.
Si eres bella los hombres te quieren tocar, quieren usarte.
Si eres inteligente, entonces se ponen en guardia y están contra ti.
Jamás son tus amigos, son más bien tus enemigos.
Te quieren controlar.
El peor destino que puede tocarte
es encontrarte con un narciso.
Quiere que le rindas pleitesía,
que aceptes que es lo máximo,
el más bello, el más listo, etc.
Si no lo haces, ¡Ah, ya verás cómo te va!
Te bloquea, te sabotea.
Siempre quiere subordinarte.
Quiere que vayas por sus hijos a la escuela y los lleves a su casa.
Que prepares el café,
aunque tú seas su par,
nomás por ser mujer.
Que organices el seminario,
que compres las galletas,
que contestes el teléfono,
que le prestes tus llaves porque las olvidó,
y te las pide a mitad de tu clase delante de tus alumnos
y quiere que en ese momento vayas a abrirle.
Hay que aguantarle su lenguaje soez,
siempre echando madres,
porque él es muy importante, tan importante,
que no tiene por qué tomar en consideración que estás presente.
No se te ocurra señalarle un error,
aunque lo hagas de buena fe,
porque te mira con sus ojos de puñal
y lo peor es como habla de ti.
Cada una de las cosas malas que te hizo, es su trofeo.
Pero las cuenta como tus errores
aunque hayan sido producto de su bloqueo constante.
De repente todos están en tu contra y no sabes porqué,
pero analizando los hechos, sabes que él fue.
Si una vez le gritaste porque te ofendió,
ah, entonces todos van y te gritan como por casualidad.
Si un día no lo saludas porque ya te tiene harta,
entonces todos van y te saludan con excesiva ostentación.
Pero entonces, sabes a quienes gobierna
y a quienes no, sabes quienes no son de su horda,
esos que son amables, que nunca cambian contigo,
que te respetan.
Menos mal, son un alivio.
Te das cuenta de que hay algunos, aunque pocos,
que no son manipulables, que tienen criterio propio.
Lo peor es la vigilancia a que te tiene sometida.
En una ocasión estaba yo en una plaza comercial.
Entré a una librería y ahí tenían un sofá para que uno se sentara a leer
los libros que estaban en exhibición. Estaba ahí leyendo.
De repente entró y exclamó: ¡Ah, aquí está!
La pandemia, ah, la pandemia, me liberó de esa opresión.
Estuve liberada de su presencia todo ese tiempo.
¡Cómo bajó mi estrés!
Es un enfermo mental, peligroso.
Lo peor es que cree que nadie se da cuenta,
pero sí, nos damos cuenta, todos.
Él siempre quiere desviar la atención a esa conducta suya,
y entonces les habla de mí, que vean como soy de lo peor.
Pero también todos se dan cuenta
que solo quiere esconder su mala conducta
señalándome a mí. Soy su escudo.
Ojalá hubiera en youtube un tutorial de como librarse de un narciso.