En las inmensidades del piélago,una barca con olor a hollín va naufragando entre los lamentos de las olas de espuma.El único superviviente es un viejo marino jorobado que se ha aferrado fehaciente a un trozo destartalado de lo que queda de embarcación.De repente se le presenta el dios de las aguas y le conmina a que se deje llevar por el cauce de la muerte...que la vida es demasiado preciosa como para querer ahorrar aunque sea una gota de sangre impura.A lo que nuestro infeliz mortal,tartamudeando,le contesta que el quiere ser salvo cueste lo que cueste;que no quiere vagar con su alma,separada del cuerpo ya,entre los sepulcros marítimos que ostenta tal mar infinito bajo su superficie.Entonces Poseidón desaparece,gimiendo contrariado.Cae la noche,y nuestro náufrago divisa tierra a lo lejos,inundada por una lechosa radiación astral de la macilenta luna llena.Suelta un grito de júbilo.Pero lo que no sabe el infeliz es que se acerca al reino de ultratumba;donde Hades tiene su plataforma como vil señuelo a todo atontado.El viejo,avispado,se da cuenta cuando ya en la orilla divisa un esqueleto parlante que se sostiene sobre sus débiles huesos de carcoma.Y en un segundo nada contra corriente,para desdicha del maldito dios del averno.