Mario Francisco LG
Un error en la Matrix
El niño, ¿de la calle?
© Andrés Amendizábal
El niño tormenta recibe piedad
del cielo lujuria, una limosna;
aunque es la dádiva crueldad,
mi molestia en esta soez obra.
El viajero no se compadece y ríe
y si lo hace maneja el brillo fatal,
Mi Dios, no ha visto dónde vive
ni quién diablos le da de tragar.
El niño tiene de apellido, la calle,
no busca cariño y ha perdido fe;
tiene en su oído comida, hambre,
y perdió la fecha, que le vio nacer.
Existe el odio, al insensato mezquino
que aún viendo su pena, se le ve reír;
Mi Dios en su silencio se ha perdido
y mi niño escaso, tiende a ser infeliz.
El hambre y la muerte lo aclama
en un estero de asfalto silencio,
le piden y le suplican más calma
pero será tarde, él, ya está muerto.