Viten
Poeta fiel al portal
Había una vez, en una tierra muy cercana, un chico que vivía en fantasías; soñaba despierto y creía que sus sueños eran posibles. Luchaba tras ellos, día a día, dibujando una sonrisa en su rostro. Cruzaba el arcoíris volando sobre su nube, miraba a sus amigos y los saludaba efusivos; por supuesto tremenda hazaña solo era posible en sus sueños, pero amaba soñar, la realidad le estorbaba.
Un día pasó lo inimaginable, su tanque de creatividad se agotó, no pudo soñar, su musa se esfumó; entonces el notó la realidad. Miró a su alrededor y se halló sólo, perdido en un oscuro mundo diferente al arcoíris que solía apreciar, su sonrisa perenne se desvaneció por completo, se transformó en una mueca. Sus ojos se secaron de tanto llorar. Sintió el desprecio de quienes amaba, una cruda ilusión, brusca y mal dibujada; caminó vagando por las tierras inhóspitas que antes imaginaba como verdes prados, ahora convertidas en oscuras laderas de tonos opacos.
Paró en seco y miró a su alrededor, todo era putrefacto, ¿cómo la gente puede vivir en un mundo así?, se preguntó mientras no paraba de llorar. Un amigo se presentó, hola, ¿cómo estás?, preguntó; él respondió efusivo: perdido, mareado, ahora no sé donde me he metido, me apena mi amigo, pero necesito un favor, fue su respuesta sin dar pie a rodeos, el que quieras, respondió y de inmediato lo cumplió; su amigo se despidió y sólo lo dejó con su problema. Pasaron los días y ya se desesperaba, cuando notó como a su lado pasaba, una amiga, de las que más amaba; me puedes ayudar, preguntó, quiero salir y no encuentro solución. Lo siento, esta respondió, pero ahora no te puedo ayudar, quizá luego podamos conversar; su mirar se apenó mientras su amiga, leyendo una llamada contestó, tiempo, tiempo, pensó, mientras alejarse la vio.
Otro tiempo prudencial pasó cuando un nuevo amigo llegó, amigo, hermano, necesito tu ayuda; pero antes de eso lo interrumpió, primero la tuya, le dijo y comenzó, cuando hubo ayudado este respiró, no te preocupes, le dijo, pronto encontrarás la salida, y con esto terminó, caminó sin rumbo y con otros se encontró, y el pobre chico solo se quedó.
De rodillas rezó por una solución, pero el cielo no lo escuchó; llegando al final de la oscura carretera encontró un vil abismo que sin fin apareció. ¿Qué hago ahora? ¿A dónde puedo ir yo?
Se quedó sentado mirando a la gente pasar, llorando, sonriendo, y llorando mucho más, todos se acercaban, ninguno a preguntar, ¿por qué lloras? ¿Qué te pasa? ¿En qué te puedo ayudar?
Una vez más al cielo pidió una solución y este respondió con mucha admiración, ¿qué es lo que pides que no te lo haya dado?, tan sólo un final, respondió abrumado. Entonces ten un poco de creatividad e imagínate como todo podría acabar.
La creatividad era escasa y por un momento al abismo pensó en abordar, pero su miedo a que pasará no lo dejó completar; miró la carretera y por última vez lo vio alejar; tan difícil es preguntar, ¿qué tal?, ¿cómo estás?
Y entonces vio solución en sus fantasías, caminó y noto a lo lejos un camión; miró a sus amigos con ojos de emoción, aquí estoy, deténganme; y por un momento rogó que alguno se diese cuenta que el alguna vez existió. Hay tiempo para todos menos para mí, quizá muchas veces tengas quien pregunte por ti, a quien le importe lo que te pase, a quien te extrañe sin fin; pero en mi mundo no existe nadie así, no rindo cuentas y lloro sin llorar, esto sin fin, y pienso en el momento en el que mi vida ha de acabar.
Se tiró entre el camión, la llanta resonó; su cabeza explotó, la sangre voló y con esto el cuento acabó.
Un día pasó lo inimaginable, su tanque de creatividad se agotó, no pudo soñar, su musa se esfumó; entonces el notó la realidad. Miró a su alrededor y se halló sólo, perdido en un oscuro mundo diferente al arcoíris que solía apreciar, su sonrisa perenne se desvaneció por completo, se transformó en una mueca. Sus ojos se secaron de tanto llorar. Sintió el desprecio de quienes amaba, una cruda ilusión, brusca y mal dibujada; caminó vagando por las tierras inhóspitas que antes imaginaba como verdes prados, ahora convertidas en oscuras laderas de tonos opacos.
Paró en seco y miró a su alrededor, todo era putrefacto, ¿cómo la gente puede vivir en un mundo así?, se preguntó mientras no paraba de llorar. Un amigo se presentó, hola, ¿cómo estás?, preguntó; él respondió efusivo: perdido, mareado, ahora no sé donde me he metido, me apena mi amigo, pero necesito un favor, fue su respuesta sin dar pie a rodeos, el que quieras, respondió y de inmediato lo cumplió; su amigo se despidió y sólo lo dejó con su problema. Pasaron los días y ya se desesperaba, cuando notó como a su lado pasaba, una amiga, de las que más amaba; me puedes ayudar, preguntó, quiero salir y no encuentro solución. Lo siento, esta respondió, pero ahora no te puedo ayudar, quizá luego podamos conversar; su mirar se apenó mientras su amiga, leyendo una llamada contestó, tiempo, tiempo, pensó, mientras alejarse la vio.
Otro tiempo prudencial pasó cuando un nuevo amigo llegó, amigo, hermano, necesito tu ayuda; pero antes de eso lo interrumpió, primero la tuya, le dijo y comenzó, cuando hubo ayudado este respiró, no te preocupes, le dijo, pronto encontrarás la salida, y con esto terminó, caminó sin rumbo y con otros se encontró, y el pobre chico solo se quedó.
De rodillas rezó por una solución, pero el cielo no lo escuchó; llegando al final de la oscura carretera encontró un vil abismo que sin fin apareció. ¿Qué hago ahora? ¿A dónde puedo ir yo?
Se quedó sentado mirando a la gente pasar, llorando, sonriendo, y llorando mucho más, todos se acercaban, ninguno a preguntar, ¿por qué lloras? ¿Qué te pasa? ¿En qué te puedo ayudar?
Una vez más al cielo pidió una solución y este respondió con mucha admiración, ¿qué es lo que pides que no te lo haya dado?, tan sólo un final, respondió abrumado. Entonces ten un poco de creatividad e imagínate como todo podría acabar.
La creatividad era escasa y por un momento al abismo pensó en abordar, pero su miedo a que pasará no lo dejó completar; miró la carretera y por última vez lo vio alejar; tan difícil es preguntar, ¿qué tal?, ¿cómo estás?
Y entonces vio solución en sus fantasías, caminó y noto a lo lejos un camión; miró a sus amigos con ojos de emoción, aquí estoy, deténganme; y por un momento rogó que alguno se diese cuenta que el alguna vez existió. Hay tiempo para todos menos para mí, quizá muchas veces tengas quien pregunte por ti, a quien le importe lo que te pase, a quien te extrañe sin fin; pero en mi mundo no existe nadie así, no rindo cuentas y lloro sin llorar, esto sin fin, y pienso en el momento en el que mi vida ha de acabar.
Se tiró entre el camión, la llanta resonó; su cabeza explotó, la sangre voló y con esto el cuento acabó.