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El Nuevo Orden "en redacción"

Tema en 'Relatos extensos (novelas...)' comenzado por Dan Splash, 11 de Febrero de 2019. Respuestas: 10 | Visitas: 302

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  1. Dan Splash

    Dan Splash Poeta recién llegado

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    Capítulo 1


    No puedo decir que no me emocione una nueva aventura. Si de algo estoy seguro es que me servirá de alguna manera, pero, no tengo el mismo interés de antes... Supongo que me hago "viejo"... o que las historias van y vienen, pero de alguna forma tardan mucho en cambiar. Estoy cansado de escribir sobre los mismos conflictos sólo que con otros nombres y protagonistas. El tiempo va pasando, y mis necesidades y ambiciones me obligan a ser un simple mandado. Un mandado con poder para gobernar sobre muchos, pero, a día de hoy me conformo con poder sobrevivir…

    Divagar es lo único que me queda, bueno... es lo que he hecho siempre... y es lo que me despeja de no tener miedo a lo que venga.

    - ¡Basta! - De la nada salió una voz, como si viniera de mi cabeza.

    - ¡No me importa una mierda! ¡Solo quiero que el plan se lleve a cabo! - La voz salia, efectivamente, de mi cabeza.

    El momento ha llegado, supongo... Bueno, prepararé todo antes de que me quede sin tiempo. Recojo los lapices, los papiros, la tinta, la pluma... Encenderé una vela para ver cuando dura esta vez, tengo curiosidad de hasta dónde me dejarán llegar.

    Bien, vamos allá. Cojo la pluma y humedezco levemente la punta con la tinta, cierro los ojos y la oscuridad se empieza a convertir en luz.

    Es un lugar que me resulta familiar. Una habitación con 2 amplios ventanales, y muebles con una decoración de distintas maderas por todas partes. Parece un lugar muy tradicional…
    Hay varias personas en la sala, todos vestidos de la misma forma excepto uno, supongo que será el que tiene más interés.

    - Señor... - El que habla parece ser un súbdito del que habló antes. Traga saliva a cada palabra que dice, como si no tuviera aire suficiente por la presión que le impone la situación. No se atreve a mirar a los ojos a nadie, supongo que no es más que un soldado raso o algo parecido, no tendrá mucha más importancia de la que su carácter le aporta.

    - El estado está cambiando, si... seguimos así puede que nos enfrentemos a otra revuelta y puede que sea peor que la... - Iba bajando el tono según terminaba la frase, su señor estaba girándose para mirarle fijamente mientras hablaba. No me cae bien ya y no sé ni quién es.

    Es un hombre mayor, todo el mundo aquí viste una especie de túnica manchada con colores oscuros, pero que no llega a pasar mucho más allá de la cintura. Pero él viste con una túnica blanca con bordados de oro, cuya cola se alarga siendo más de la mitad de la prenda, descalzo y con unas pintas un tanto ordinarias en lo que aseamiento y cuidado personal se trata. Me atrevería a decir que es un dios, en fin, no hay que ser muy avispado para verlo. Pero no me suena... y qué tipo de dios trata cara a cara con sus súbditos más precarios, ¿un dios de la guerra?, ¿de la economía o administración?... umm, tengo que prestar más atención.

    - Mira, hijo mio - Dice con un tono muy suave el dios, mientras se acerca al muchacho.

    - Yo, tengo un plan, tú, tienes que cumplirlo. - Remarcando los pronombres y empujándole levemente.
    Se gira hacia el ventanal mientras habla.

    - Porque, sabes que pasa cuando mis planes no se cumplen, ¿verdad? -

    - Ssii... ¡Sí, mi señor! - Dice el muchacho agachando la cabeza, intentando demostrar su fidelidad.

    Con un chasquido de dedos el soldado cayó al suelo desplomado. Estas medidas siempre me han parecido bastante estúpidas, para qué mentirnos.
    Lo levanta del suelo mientras le agarra por los hombros y le echa su aliento en la cara. Lo que decía, no me cae bien.

    - Ahora ve y cumple el plan- Hace una pausa dramática, que parece de risa, más que inspirar miedo... Y le revive como si nada.
    - Hijo mio. - Y con esas ultimas palabras el soldado salió corriendo de la habitación. Para no hacerlo… Un dios de la vida ¿quizás?

    Ay… si algo he aprendido de mis tiempos gloriosos... aunque ahora también son gloriosos bien pensado, bueno, nunca han sido malos... El caso. Que nunca se saca nada bueno a la fuerza, que se lo digan a mis hermanos... supongo.

    Todo se vuelve oscuro otra vez, parece que ya terminó. Pero antes de no ver más, ese dios se giró y me miró fijamente a los ojos. ¿Sabe quién soy, sabe que he presenciado todo o simplemente fue casualidad? No es que le tenga miedo, para nada, es solo curiosidad. Si sabía que le estaba viendo, lo que hizo no era para demostrarle al chico su poder, si no para demostrármelo a mí, y eso no me hace mucha gracia, que yo vengo en son de paz. Lo que hagan o dejen de hacer me da igual, total, no me va a influir demasiado, o eso espero.


    No sé, me tragaré mis palabras, porque la vela no se ha consumido ni por la mitad, supongo que no deja de ser importante rellenar la historia con pequeños relatos.

    Será mejor irse a descansar la mente un rato, el consejo de mañana será largo. Seré sincero, el trato con los dioses me da igual, he tratado con muchos, y la mayoría son iguales; recipientes de poder sin carácter educativo propio, pero los humanos con los que debo de tratar son otro tema. Algunos ya no solo se creen superiores a sus congéneres que, bueno, dada la situación es explicable, sino que, además, se creen superiores a sus propios dioses. Ellos mismos los eligieron para ser sus traductores, porqué se centran únicamente en ese pretexto ególatra, deberían estar agradecidos, ¿no?...

    En fin. Mientras divagaba como siempre ya estoy a las afueras de la Panacea, me sentaré en una silla a observar la luna hasta mañana...

    Aaah! - Bostezo abriendo la boca enérgicamente. Y mientras termino de cerrar la boca cierro los ojos. Mañana seguro que será un gran día...

    Este sitio es hermoso. El Campo Santo bañado por la luz de la luna es como debería de ser el cielo. Natural, tranquilo, puro e intacto. Porque si no fuese por los cadáveres que se mantienen en el sitio intactos por las guerras pasadas, este sitio sería hermoso.

    La oscuridad se ha convertido en luz. El Sol brilla en lo alto, no debe de quedar mucho hasta que lleguen los arúspices.

    Por cierto, estaba pensando que, ya que estoy escribiendo todo esto, debería explicaros algunas cosas, para aquellos que vivan en otra época y las cosas hayan cambiado demasiado para entender de lo que hablo. Que los dioses quieran que no cambien para mal...

    Soy el escriba sagrado de la Panacea, el único edificio que hay en el Campo Santo, un lugar donde el tiempo no pasa, libre de dioses, excepto los destinados a él. Cada cierto tiempo nos reunimos con los arúspices en este sitio. Creo que sobra decir que en un mundo con dioses de todo tipo hay que poner reglas para poder manejar la situación.

    Ya están aquí. Saludo uno a uno con la mano, no es que me apetezca mucho escuchar sus mierdas...

    - ¡Espero que esta vez lleguemos a un acuerdo! - Dice el arúspice de Camey, un hombre un tanto estúpido, para que mentirnos.

    - Si sus jefes no se interponen como siempre... seguramente - Digo muy seriamente con una mirada desafiante. En realidad, me estaba descojonando por dentro.

    Entramos dentro, no os haré sufrir.

    Como siempre todo ha salido a pedir de los grandes reinos.

    La situación es delicada. Después de la 2ª Guerra Celestial, no hará muchos años, la tensión se nota en todo el mundo. Uno de los reinos más poderosos, Vejah, situado al oeste de Campo Santo, aniquiló como si nada a un reino aliado suyo, Tocri, sin apenas motivos, además de ser uno de esos reinos más poderosos.

    La guerra resultó ser una estrategia para conquistar otros reinos más pequeños, a la vez que quitarse competencia del medio. Y ésto, fue utilizado por los reinos opuestos para hacer lo propio, lo que derivó en muertes innecesarias allá por donde pasaban.

    Las guerras se deben hacer en el Campo Santo, para así intentar mantener el equilibrio en el mundo, y no causar con ellas catástrofes innecesarias. Pero esta vez se lo pasaron por el forro y, todo recuerdo de antiguas civilizaciones y dioses de esos lugares fue destruido.

    Se dice que la avaricia rompe el saco, pero esta vez les hizo el reino más temible de todos y el más poderoso.

    En estos instantes apenas existen una docena de reinos en todo el mundo, sin contar el Campo Santo, que, a pesar de ser un territorio amplio, no dispone de un gobierno propio. Cada una de estas regiones tienen una religión dominante, y con razón de dicha guerra se establecieron unas normas, elegidas democráticamente, que, a pesar de ser simples y breves, equilibran algo la balanza, se llama la "ley del muro", porque está en un muro de la Panacea, creatividad, lo sé...

    Estás son:

    -Todas las guerras se llevarán a cabo en el Campo Santo.

    -Las guerras no podrán ser provocadas por los dioses de manera directa.

    -Los dioses no pueden ayudar a avanzar a sus ciudadanos, tanto en conocimiento como tecnológicamente.

    -La lengua oficial del mundo será el Sinos. (lengua antigua de los primeros humanos) " Esto es un homenaje, ya que los dioses en aquella época fueron muy crueles con ellos"

    -Los territorios sagrados no se podrán modificar, o alterar de ninguna manera si el dios de dicho territorio no lo autoriza.

    -Se conservará la flora y la fauna a través de 3 reservas respectivamente, a las cuales no tendrá acceso nadie periódicamente.

    Obviamente cada ley tiene su trampa. Y aunque se cumpliesen obviando sus vacíos, somos dioses. Además, que, en su momento, ya fueron incumplidas por el reino de Vejah, y parece que únicamente les ha beneficiado.

    Nadie sabe realmente que es lo que pasa cuando incumples una o varias de estas leyes, digamos que nadie tiene el poder absoluto sobre el mundo y esto complica que las leyes se cumplan y aún menos cuando se desconoce el castigo y los jueces intermedios que las regulan.

    Supongo que es algo difícil para todos, pero esta vez, a los humanos les ha tocado la peor parte.

    De todas las visiones que he tenido estos días, me atrevería a decir, que ninguna tuvo un simple destello de bondad, lo que me aterra, aunque, seré sincero … me da igual.

    Sé que puede sonar mal y que dependiendo de la época en la que vivas o las experiencias que tengas, ésto puede tener algo de sentido o convertirse en algo propiamente dicho de un esquizofrénico, pero es lo que siento…

    Me siento bien protegido aquí. Mi religión, la religión tigeria, se difundió por todo el mundo, lo que hace que mis hermanos y yo podamos vivir perfectamente, pero, también conlleva el no tener un sitio al que poder llamar hogar. Y con la Panacea, he conseguido algo parecido…

    Ya se ha marchado todo el mundo. Salgo fuera de la Panacea para ver el cielo. Ya es de noche. Aún me sorprende como el tiempo no transcurre en este sitio, pero si miras al cielo todo sigue en marcha. La locura de este mundo es insignificante comparado con la majestuosidad del universo.

    De las estrellas empieza a formarse una criatura mucho más brillante que ilumina todo el cielo, es la diosa Aida-Hwedo. Se dice que es una serpiente cósmica que sostiene la tierra. Vive en el Gran Océano, pero de vez en cuando se mueve y se la puede observar en el cielo, como un espejismo.

    - ¡Siempre te quedas embobado! Jajaja – Una voz muy grave rompe mi tranquilidad.

    - No siempre se puede disfrutar de estas cosas – Juro que estoy intentando ser amable.

    - No es nada diferente a nosotros… Anda toma – Me apuñala el pecho con la esquina de un libro. No describiré esta humillante situación…

    - ¿Qué es esto? – Digo intentando no demostrar fragilidad.

    - Sé que no debemos compartir información, pero… es mejor que lo leas – Éste es Amergin, un dios de la religión talez. Es un bruto, aunque no quiera serlo, pero tiene un gran corazón. Es una de las personas que más aprecio tener cerca en este sitio. Un gran amigo.

    Echo un ojo a lo que hay escrito… parecen ser sus profecías. Todo está escrito en verso ¿por qué?

    - Eehh… ¿Por qué no me lo cuentas tú mejor? – No quiero decir que no lo entienda, sólo que, terminaríamos antes.

    - No lo entiendes, ¿verdad? – Ahora mismo le odio mucho.

    - Tanto escribir y no sabe descifrar versos… - Pero mucho.

    Le tiro el libro a la cara. Lo siento, de verdad, pero mi mente puede conmigo.

    - Ains… Básicamente dice que va a haber una catástrofe natural, pero que no va a ser natural, ¿me sigues? – No. Pero continúa.

    - Ajá, ¿y? – Por qué escribo esto…

    - Pues que va a ser provocada, y eso puede traer muchas desgracias, y puede provocar conflictos, y puede ser parte del plan de algún gilipollas, ¿Qué mierdas te pasa? – Dice muy rápido y nervioso.

    - Lo siento, estoy muy cansado – Ahora mismo mi vergüenza tiene toda mi atención.

    - Es gracioso, porque ella – mientras señala al cielo – puede ser la causante, pero entonces porqué tanto revuelo…

    - Supongo que pueden utilizarlo de alguna manera para salir ganando - Digo algo convencido, pero en realidad, no tiene mucho sentido. Este fenómeno se ve en gran parte del mundo. – No sé, quizá hacer creer que tiene un poder mucho mayor para crear un miedo infundado…-

    - Y, ¿quién necesita eso? Alguien con poder no necesita estas cosas y, alguien con poco poder o ninguno, por mucho que se vista de seda… -

    - Solo se queda – Inspirador, lo sé.

    Seguimos debatiendo un rato sobre teorías paranoicas que no llevaban a ningún lado, pero pasamos la noche.

    Si es verdad que alguien puede provocar una catástrofe natural sin salir perjudicado, y no sólo eso, sino que además salir beneficiado, este mundo necesita muchos cambios.
     
    #1
  2. Dan Splash

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    Capítulo 2

    “Su grandeza prospera más allá de la noche, su locura me invade si no encuentra reproches. No quiero ser, pero me atrevo a perderme. No quise perder, pero en tus brazos me acoges.”


    Guardo aún el cuaderno de Amergin. Sus palabras se me clavan en la mente cada vez que las leo… No me he atrevido a pensar nunca que el destino está escrito, al fin y al cabo, sólo basta pensar en las decisiones posibles para que cambie. Como si una brisa se convirtiese en un huracán.

    Algo en este mundo va a cambiar, eso está claro, no me hace falta saber el futuro, puedo ver el presente. Y no será nada bueno lo que nos espera…

    He leído una y otra vez sus profecías durante la noche pasada. Quiero creer que estoy curado de espanto, pues el mundo a mis ojos está destruyéndose.

    La catástrofe natural no es un simple terremoto, o un tsunami. La catástrofe natural está partiendo el mundo en dos.

    No paro de ver ante mis ojos los llantos desolados de miles de personas, el dolor de sus entrañas, y el resquebrajar de la tierra. Las aguas abordando las ciudades, dioses de las aguas reteniendo el océano para salvar a su gente, dioses y humanos dando sus vidas…

    Temo que sea el fin del mundo.

    Llevo horas mirando el campo de batalla del Campo Santo, no puedo apartar la mirada, no controlo mis visiones. Oigo muchísimas voces, veo demasiado dolor, pero estoy quieto, sin moverme.

    ¿Debería sentir algo? O ¿apenas soy dueño de mis actos?

    Me derrumbé en el suelo, con los ojos en blanco, sin poder apenas parar la hostia. Quisiera ayudar robándoles algo del dolor que sienten y, apenas puedo sostenerme.

    Me desperté en una cama en una de las habitaciones de la Panacea. Veo mal, me duele todo, pero debo estar bien. Amergin está sentado leyendo, creo que no se ha percatado de que estoy despierto.

    - ¿Qué lees? – Siento que voy a vomitar.

    - Tus visiones – No ha levantado ni la vista del cuaderno.

    - Supongo que es justo – Me intento sentar en la cama.

    - No sabes leer profecías, te desmayas con tus propias visiones… a este paso te queda poco compañero – Ahora sí que me mira a la cara.

    - Te podían dar por culo un rato “compañero” – Agradezco que no se ponga a preocuparse por mi.

    - Uy, no me tires de la lengua, que somos dioses – Se levanta de la silla y me da el libro. – Si habías escrito esto ¿por qué no me dijiste nada? -

    - ¿El qué? – Echo un ojo. Es algo de un dios muerto suplantado por otro, pero no hay datos precisos, nada de nombres, ni detalles del lugar, nada de nada... - No tiene demasiada importancia, ¿no?

    - ¿Tú crees? Se suplanta la identidad a un dios y ahora pasa esto. Sigue leyendo. – Parece estar muy seguro de sí mismo.

    A ver… Es una historia de amor ¿entre dioses?

    - No pone nada de ningún dios porqué tendría que ser interesante. – No le pillo, y tampoco es que esté en mi mejor momento.

    - ¿Y si el dios suplantado tiene que ver con esa historia de amor? – No es posible.

    - Nah, si está después, significa que ocurrió más tarde. Pero conozco a la mujer. No es un dios, pero algo parecido, como un semidiós, una clase de titán… Se llama Lilith. – En realidad, creo que sé con quién es esa historia de amor.

    - ¿Sabes algo más? Somos los encargados entre muchas comillas de preservar el orden en este mundo, debimos haber avisado de que estoy podía ocurrir, sino hacemos algo, lo más seguro es que no lo volvamos a contar. – Nos jugamos la vida por nuestro puto oficio, genial.

    Lilith era una de las primeras hijas del dios de Tocri (La región aniquilada por Vejah). Quiso utilizarla a su antojo para controlar a los seres humanos, ya que en aspecto era muy similar. Pero ésta no era nada tonta, se liberó y fue una de las primeras “diosas”, si se le puede considerar, en venir a la Tierra.

    - Lo único que sé, es que dicen que es una mujer que consigue todo lo que quiere, y que nunca se mancha las manos. Y bueno, que uno de los pocos “amores” que han sobrevivido a ella, ha sido Lumael. – No esta mal la biografía, joder.

    - Pero en la historia, Lumael la rechaza. – Amergin tiene algo en la mente aparte de esto…

    - Sí, posiblemente es porque, Lumael es hijo también del dios de Tocri. Al tener sangre tan parecida, su poder no le afectará tanto. – Aunque posiblemente me lo esté inventando.

    - Vale, ahora lee esto. – Coge una libreta del bolsillo de su chaqueta y me la entrega. Creo que esto me está empezando a gustar.

    “El púrpura no me engaña, las hojas caen al río, y tus lagrimas no caen por mis montañas. Mi brisa en ti está intacta, quise aguantar al hastío, pero me vino a decirme quien sin ti no era nada. ¿Del Sol quién se fía? Pero la Luna no engaña, no vine a suplicarte y mucho menos a unirme a tu causa, já, tantas como yo en el cielo enterradas.”

    - ¿Estás seguro que esto es de Lilith? – No es que no le crea, es que podemos cagarla muy fuerte.

    - Eso creo. Si es suyo diría que se va a enfrentar a Lumael. Pero hay algo más interesante; Si su “padre” ha muerto, porque su región fue aniquilada, ¿cómo contactará con ella? – De ahí lo del dios usurpador. Entiendo.

    - No tenemos motivos para saber que él, ha sido quien ha provocado la catástrofe, o quién la vaya a utilizar. – Esto se nos va a ir de las manos.

    - No, pero tenemos una pista muy grande que nadie conoce. – Me siento muy seguro gracias a que esté conmigo, pero no quiero ni pensar en lo que está por venir.

    Seguimos revisando las visiones y profecías, más de los mismo y nada interesante. No se preocuparon apenas en ocultar la usurpación de la región, y apenas aniquilaron los monumentos religiosos. Así el dios de Tocri podría seguir alimentándose de las oraciones y suplicas de su región, sin preocuparse por ellos.

    Pero, un dios no es tan fácil de matar, ¿será esto el castigo de la Panacea?, ¿cómo es posible?

    Las consecuencias de la catástrofe natural se fueron expandiendo por todo el mundo, y, lo que debía ser una causa solidaria, se convirtió en una carrera armamentística.

    Las regiones no afectadas, mandaban misioneros como “medida de rescate”, y las regiones más afectadas se pudrían en la miseria absoluta, viendo como sus dioses no movían más que sus brazos para que nadie les robase la comida.

    El mundo ya estaba dividido desde antes, todos miraban la frontera vecina con ansias de poder.





     
    #2
  3. Maramin

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    Vamos siguiendo la estela de lo que nos cuentas en esta redacción.

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    #3
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  4. Dan Splash

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    Capítulo 3


    “Ocúltales que no tienen nada, miénteles cuando te miren de cara, no te sientas culpable, tú fuiste bendecido. Ahora apártate del medio para ver como se matan, mientras tu realidad se muere ellos luchan por lo que tienen.”

    Intento mostrarme seguro en cada ocasión que me cruzo con alguien. Sigo escribiendo todo lo que puedo, sigo manejando la situación desde lejos.

    No mentiré a Amergin si me pregunta, pero supongo que sabe lo que pienso. Llevo escribiendo desde que nací, y os aseguro que nunca he tenido que controlar mis palabras tanto, hasta que empecé a escribir esto.

    Ser un dios no te asegura el puesto en la mente de nadie, y ahora mismo nadie tiene la cabeza para mis letras, pero siento que les debo mucho…

    El tiempo ha pasado desde la última vez que escribí aquí, pero la situación no ha mejorado en absoluto, todo lo contrario. Los dioses están empezando a dudar los unos de los otros y varios dioses han sido asesinados.

    Ya dije que los dioses no son tan “fáciles” de matar. Nos alimentamos a base de las oraciones, creencias o incluso, supersticiones que tienen con nosotros. Mientras alguien crea en ti, tú seguirás vivo. Algunos han conseguido ir más allá de los típicos medios de alimentación y lo tienen más fácil, dejando su representación en armas, utensilios de trabajo o en otros como el fuego.

    Por lo tanto. Si quieres matar a un dios, la forma más fácil es robándole la comida. También existen otros métodos, pero son poco ortodoxos, además de que casi nadie los conoce o son fruto de invenciones.

    La transmigración de los pueblos a otras religiones, es la creencia que tiene todo el mundo para tapar el miedo a ser los siguientes, pero todo apunta maneras para saber que no es lo que está ocurriendo.

    Hemos hablado con los otros dioses que trabajan en la Panacea acerca de lo que está ocurriendo, por si tenían alguna idea o algún escrito que nos ayudase. Todos llegamos al mismo punto: El dios de Vejah murió – seguramente a causa de no cumplir las reglas de la Panacea – y fue sustituido por el dios de Tocri. Lumael tiene algo que ver con los asesinatos de dioses que están ocurriendo y Lilith se enfrentará a éste, de forma que todo termine cuando esto pase.

    Aun con todo esto, no sabemos donde se encuentran ninguno de los dos, y, el dios de Tocri, es un ser que nunca se presenta ante los humanos con una forma predeterminada, por lo que se hace imposible saber quien es en realidad.

    Seguramente la visión que comente al principio de estos textos fuera él, con una representación parecida a la que utilizaba el dios de Vejah, para no ser descubierto. Es gracioso que alguien que tiene tanto poder pueda ser sustituido de la noche a la mañana como si nada.

    No disponemos de información suficiente para hacer nada, pero si hay algo que hemos descubierto después de todo.

    En unas horas partimos hacia las regiones rurales de Recia, al suroeste de aquí, allí nos encontraremos con algunos de los dioses que formarán una guerrilla combatiente a todo lo que vaya a surgir. No tenemos más información, únicamente sabemos que ese grupo puede ser la salvación del mundo.

    No podremos escribir hasta estar allí, la gente nos reconocería fácilmente, y eso pondría nuestras vidas en peligro. Más aún cuando no conoces quién es el que está detrás de ti.

    Partimos de inmediato. Nunca he tenido tanto miedo en mi vida. Si mi familia me viese… ¿dónde estarán? ¿estarán bien?

    En el camino nos encontramos con muchos humanos, pero ningún dios. Parece ser que el miedo nos ha cogido a todos por sorpresa, y nadie se atreve a dar un paso en falso.

    Todos los humanos nos dijeron que las políticas de los reinos están cambiando, hacia una protección de la cultura propia de cada región. Las fronteras han sido restringidas, los puestos militares han aumentado, los ejércitos trabajan día a día como si de una guerra se tratase… Nadie se fía de nadie, pero al menos, está vez los humanos son los que tienen menos miedo de todos.

    No nos fue difícil atravesar las regiones para llegar a Recia, con un simple vistazo a nuestras posesiones, los guardas se calmaban. A todos les dijimos lo mismo, viajábamos a Recia como jornaleros para trabajar en la producción de vino, que es por estas fechas. Se sorprendían al ver los utensilios de escritura, ya que, en estos tiempos, el escribir es un lujo, pero, la mayoría entendían que con un par de plumas o papiros no harás daño a nadie, ilusos. Algunos nos dejaban pasar sin más, otros, con más miedo, nos acompañaban fuera de las fronteras.

    Al llegar a Recia, todo parecía en vano. Estábamos destrozados mentalmente por la cantidad de visiones que habíamos tenido, y que no habíamos podido contar en nuestros cuadernos.

    Unido a todo esto, los campos que vislumbraban ante nosotros no eran más que barbecho. Todas las plantaciones habían sido “destruidas”, o por lo menos, nadie había allí para trabajarlas.
    Los tiempos cambian, de eso no me cabe duda, pero, cuando una región agricultora deja sus campos a la naturaleza, desprovistos, algo no puede ir demasiado bien.
    Lo veíamos todo oscuro y apagado, no veíamos a nadie por allí, todo estaba abandonado… y comenzó a llover.
    No podíamos correr para refugiarnos dejando la carreta atrás, por lo que simplemente nos tapamos bien, protegimos nuestras pertenencias y partimos en busca de un lugar donde descansar.
    Es extraño, no creo que el destino esté escrito, pero de ser así, únicamente podríamos elegir los caminos por los que llegar… pero, y ¿si ya sabes cúal es tu destino?, ¿no podrías hacer lo posible para cambiarlo?
    Según nos adentrábamos en Recia, las casas se iban viendo más grandes. Pequeñas guaridas de madera y piedra, esparcidas y alejadas unas de las otras.
    Poco a poco parecían como si las casas nos estuviesen arrinconando, dejándonos en el medio de todos, a la intemperie. Sentíamos miradas, pero no veíamos quienes las lanzaban.
    Nos paramos en una fuente cuando la lluvia dejó de caer, no podíamos más, llevábamos días caminando, hasta llegar aquí, aguantándonos nuestro poder, y al llegar no había nadie.
    Debió de pasar un buen rato, pues un hombre se acercó y nos dijo que llevaban tiempo contemplándonos.
    - Muchachos, marchaos de aquí. No sé a que habéis venido, pero ya es tarde. – Dijo, con un tono bastante cansado y tedioso.

    - Venimos desde muy lejos, por favor, permitidnos descansar aquí. – Dijo Amergin de forma amable y condescendiente.

    - ¿Venís de paso? – El hombre parecía querer ayudarnos, pero no tenía intención de dar la mano a desconocidos.

    - ¡No! – Dije, sí, “dije”. Me quedé mudo después de hablar, Amergin me echó una mirada delatadora y mi sonrisa de preocupación estaba descontrolada. Pero parece que funcionó.

    - Anda, venid conmigo… - El hombre soltó una risa de satisfacción y comprensión, supongo que vió en mi metedura de pata nuestras buenas intenciones.

    Le seguimos como pudimos, la ropa y la carreta pesaban demasiado para nuestros cansados cuerpos, y él no parecía preocuparse por nosotros. Entendimos dónde nos quería llevar porque por allí no había ningún otro edificio, pero perdimos de vista al hombre a mitad de camino.

    Entramos al lugar, dejando la puerta abierta para no descuidar nuestras posesiones. No parecía haber nadie.

    - Espero que seáis de fiar, me van a matar por esto. – La voz parecía del hombre que nos trajo aquí, pero, no le veíamos por ningún lado…

    Amergin inspeccionó un poco la casa mientras yo esperaba en la puerta. Parecía que todo estaba en calma, no había nadie, por lo que pasamos nuestras cosas dentro y nos dispusimos a descansar.

    Sabed, que, para los dioses, no es necesario dormir, sí, nos cansamos física y mentalmente, pero no necesitamos dormir para recuperarnos. Esto parece estúpido decirlo ahora, pero es que, lo que pasó es que nos quedamos dormidos.

     
    #4
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    Bien, esto se está poniendo interesante...

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    Capítulo 4

    “Sus susurros son fuertes vendavales de hilos, arropados por la suave brisa te sentencian a ver la realidad. No sé cuando las vi, quizás me alejé de mi ser o quizás ellas me hicieron ser.”

    Al despertarnos parecía que nada había cambiado. Amergin y yo nos preocupamos en un primer momento, pero quién sabe, quizás el cansancio pudo con nosotros. Inspeccionamos la casa de nuevo, por si se nos había pasado algo por alto, pero nada nuevo. Era un sitio bastante extraño, en cierta medida nos parecía extravagante, supongo que, por lo que estamos acostumbrados a ver en nuestro hogar, eso, o que, en un lugar al que se le puede considerar menos que un pueblo, con casas de madera y piedra, apartadas entre ellas casi bruscamente; que en el interior de la casa hubiese vitrinas de “trofeos” (porque la mayoría eran armas, o trajes regionales), sin apenas suciedad y unos muebles que deslumbraban, no era del todo normal.

    Eso sí, seguíamos teniendo la sensación de que alguien nos miraba… Salimos fuera de la casa para ver si encontrábamos a alguien por el lugar, pero fue en vano. Todo aquello estaba desierto. Entiendo que el cansancio con el que llegamos nos cegó en nuestra bienvenida, pues, por más que creía haber visto este sitio, no conseguía reconocer por dónde habíamos venido.

    Según fuentes históricas, es la región donde habitan la mayoría de dioses que no tienen gobierno propio, que no tienen un lugar donde se les venere como las únicas deidades protectoras de la región, más o menos, como pasó con mi religión. Además, que, en su día, fueron quienes reunieron una guerrilla para poder paliar las guerras. Por así decirlo, fueron los fundadores de la Panacea, aunque no de la institución o de sus bases, pero fueron quienes intentaron poner orden a un mundo lleno de caos.

    Al comienzo, todas las religiones contaban con un pueblo a sus ordenes, al ser apenas los primeros pasos de la vida humana en la Tierra, el alimento que mantenía a estos dioses no era demasiado alentador, por lo que, muchos de ellos empezaron a crear enfrentamientos únicamente para conseguir más poder, territorio y comida. Cuanto mayor fuese el número de fieles, mayor sería el poder que dichos dioses tendrían, aumentando así, las ambiciones de los mismos, asesinando o desterrando a los de su misma estirpe. Esto desembocó una multitud de ayudas e incentivos que los “gobernantes” daban a los humanos, las religiones o cultos que antiguamente poblaban el mundo, estaban matándose por unos valores que a la larga serían traicioneros. Algunos de los dioses de diferentes religiones, decidieron unirse, como forma de protesta. Hubo pueblos que se juntaron contra los más poderosos en una cruenta batalla, el desenlace nadie lo conoce, pero todos hablan de el. Se dice que el batallón que aquellos pueblos habían unido, sobrepasaba en gran cantidad a los grandes reinos, otros, dicen que, aunque perdieron la batalla hicieron entrar en razón a la gente, y se rebelaron contra las políticas destructivas de sus gobernantes, otros, simplemente dicen, que esa batalla nunca existió…

    No diré que es lo que realmente ocurrió, creo que hay cosas que es mejor no saberlas, pero sin duda, les debo mucho.

    Pensábamos que encontraríamos aquí la ayuda que necesitamos, pero resulta que ya no queda nada de lo que fue esta región, tampoco habíamos tenido visiones acerca de lo que pasaba aquí, así que, supongo que ya no es lo que se decía de ella.

    Pasamos el día como si fuese un día en la Panacea, después de todo, hicimos un camino muy largo para irnos a la primera de cambio, por lo que decidimos esperar un tiempo. Escribimos algunas visiones, descansamos e investigamos un poco el lugar. Aparentemente, todas las casas tienen los “trofeos” que antes había comentado, pero ninguno es igual a otro, no sé, es un sitio que inspira confianza, supongo que al no haber gente y estar en medio de la montaña, pero a la vez, se respira un aire cargante, como espiritual pero muy abrumador, que te tapa los pulmones y te crea la sensación de tener el cuerpo muy pesado.

    - Y, ¿ahora qué? – Dije en voz alta mientras escribía esto (suelo hablar bastante conmigo mismo, no me tachéis de loco), sentado en una loseta de piedra a las afueras de la casa.

    - Encontrad a los demás – Oí la voz, os lo juro, no estoy loco, pero ni idea de dónde venía.


    - Y… ¿dónde están? – Contesté sin ninguna esperanza.

    - Os habéis confundido de pueblo. – Apareció el hombre que nos ayudo al llegar aquí, al lado mío, como si nada… No diré que no me asusté, pero lo dejaré ahí…

    - ¿Qué? ¿Cómo has… - Fue exactamente lo que dije…

    - Es que, nosotros no solemos salir del pueblo, y no creo que podamos ayudaros como esperáis… - Es extraño, porque no habíamos visto a nadie más que a él.

    - ¡Oh! ¡Perdona! Mi nombre es Koira, encantada. – Siguió hablando como si nada… “¿Encantada?” No me meteré en esos temas, pero es raro, un hombre mayor, con una barba pronunciada, y unas vestimentas un tanto tradicionales… Es de la última persona que me lo esperaría.


    - ¿Qué quieres decir con eso? – Perdonen mi curiosidad.

    - Es que los que buscáis, se fueron hace tiempo a vivir en el bosque, dicen que allí es más seguro en estos tiempos. – No sé porqué, pero cada vez me lo creo menos.

    - Pero, ¿cómo sabes a quienes buscamos? – Dije con toda la inocencia del mundo, debería haberme dado cuenta antes, pero bueno.

    - Bueno, he estado echando un vistazo a lo que escribíais, lo siento, pero comprended que, no hay mucha gente que venga aquí con buenas intenciones. – Entonces, nos quiere ayudar, porque podría habernos hecho algo mientras dormíamos, ¿no?

    - Entonces, ¿fuisteis “vosotros” quienes nos durmieron? – Más vale preguntar que dejar la duda al aire.

    - ¡Sí!, bueno, no… - Dijo sonriendo, como si le divirtiese todo esto.

    - Es que, este sitio es especial, y la mayoría de gente que viene aquí, por ciertas cosas, se queda dormida con facilidad… - Claro, lo más normal del mundo oye.

    Mi mente no sabía que decir, así que me quede callado, un buen rato, y él también, callados, mucho rato, mirando a la nada…

    - ¡Adiós! – Salió disparado, cruzó la esquina de la casa y desapareció. Creo que me estoy volviendo loco…


    Volví junto a Amergin, le comenté todo lo que me había dicho aquel señor tan extraño.

    - Seguro que te estaba tomando el pelo. – Dijo sin apenas escucharme, joder, que por lo menos tenemos algo más de información, no pases de mí.

    - Además, que seguro que te lo ha dicho para que nos vayamos. Según la gente de las regiones de al lado, es el único pueblo que hay aquí. Es un sitio pequeño, no me extrañaría. – Mi cara en ese momento debía de ser un poema. No me malinterpretéis, entiendo perfectamente que piense así, pero supongo que, el hecho de que no confíe en mí me duele.

    - ¡Va, hagámosle caso! Mi intuición me dice que tiene razón, y que, solo quería ayudarnos, confía en mí esta vez. – Sueno mucho más dolido de lo que estaba, en realidad.

    - Y, ¿dónde vamos? El bosque es grande, estamos en medio de las montañas, que podemos tirarnos días andando sin encontrar nada. – No tenía pinta de que fuésemos a ir al bosque… y de repente.

    - Bueno, sí queréis, os puedo llevar allí. – Apareció aquel hombre otra vez, de la nada.

    Nos asustamos tanto que tiré mis laminas por toda la habitación, y Amergin, bueno…Amergin le soltó una hostia al pobre hombre.

    Rápidamente fue a disculparse y a preocuparse por él, no le culpo, algunos no hubiesen parado ahí, fue un acto reflejo, espero.

    El hombre sollozaba muchísimo, pero ese sonido que parecían estruendos graves, poco a poco, se fueron convirtiendo en trompetillas, que amenazaban los oídos, y los cristales de la habitación. Su rostro empezó a ponerse oscuro, sus manos, parecían temblar al ritmo de sus voceríos, era un sinfín, de confusión y descontrol.

    Nos tapamos los oídos y cerramos los ojos, Amergin soltó al hombre cayendo de culo al suelo, y al ruido que provocaba el hombre se unieron miles de pisadas. Empezó chispeando, y en cuestión de segundos, esos pasos que parecían gotas, cayendo sobre la madera de la casa, se convirtió en un gran diluvio. Y paró.

    Todo estaba tan silencioso, que tenía muchísimo miedo de abrir los ojos, sentía escalofríos por todo el cuerpo, sentía mi corazón a cada latido, como la sangre no paraba de fluir, diciéndome que me preparase para lo peor.

    - Tranquilos queridos míos, son nuestros invitados. – Una voz sonó, era tan reconfortante, tan suave y a la vez tan rasgada, que me rompió en pedazos. Mentiría sino dijese que, esa voz, me hizo tener mucho más miedo.

    - ¡Abre los ojos! ¡Que soy yo, Koira! – Y mi mente explotó. Aunque bueno, se veía venir…

    Abrí los ojos y me la encontré, delante de mí, un ser bastante más grande que aquel hombre, debía ser aproximadamente el doble, puede que algo más, con ocho patas bastante peludas diría yo, pero eso sí, unos colmillitos bastante graciosos, que parecían incluso de goma espuma…

    Mi reacción os la podéis imaginar, creo que ya me conocéis lo suficiente para saber que no soy el mejor actor del mundo. Pero que pasó después, os preguntaréis, pues que, esas gotitas que estábamos oyendo, eran miles de arañas corriendo para posicionarse por todas las paredes de la habitación.

    Al menos, no nos tocaban, mantenían espacio con nosotros y, supongo, con su líder. Como curiosidad, diré que, todas las arañas no eran iguales, eran bastante distintas unas de otras, no me preguntéis porqué me fijo en estas cosas.

    - Perdonad todo este desmadre, no quería que os asustaseis. – No sabía si quería comernos o que, pero daba un mal rollo increíble.

    - ¡Por eso no había nadie en el pueblo! – Gracias por lo información, Amergin.

    - Sí, es que, la gente que viene por aquí, al vernos, se suele asustar, y… y de verdad, que no somos malas, no comemos humanos, pero, si vienes a nuestro hogar, y encima, nos atacas…- Sé que no debería de empatizar con ellas en está situación, pero se la ve tan buena gente.

    - ¿Nos vais a matar? – No des ideas amigo.

    - No, no, si ha sido culpa mía, por aparecer de golpe. Veréis, nosotras no matamos, convertimos, pero anoche, nos dimos cuenta al quedaros dormidos que erais dioses, y con los dioses nuestro poder no funciona. – De verdad que cada vez veo menos el sentido a esto.

    - Entonces, ¿fuisteis vosotras quienes nos durmieron? – No, está claro que no, Amergin, ¿por qué preguntas eso? De verdad, mi mente quiere burlarse de todo para escapar del miedo que tengo ahora mismo.

    - Es complicado, pero en cierto modo sí. Este lugar está “infectado”. Desprendemos unas toxinas al aire que hacen eso, entre otras cosas, no es aposta. – ¡Ah bueno! En ese caso…

    - Voy a ayudaros a llegar a lo que buscáis, pero… tendrá que ser volando. – Estoy loco, y esto es un sueño. Nunca me desperté después de las visiones de la catástrofe y aún sigo soñando…

    La “gran araña” o señor, no sé como llamarlo, Koira supongo, salió de la casa y nos hizo seguirla. Las arañas que había por allí se apartaban a nuestros pasos, pero nos siguieron hasta que nos fuimos de allí. No es que tenga especial aprecio por las arañas, pero sin duda, esto me hace querer saber más sobre ellas.

    Koira se acercó a nuestro carro, lo levantó y nos dijo que nos subiésemos a el. Para no hacerlo en ese momento. Nadie decía nada, nosotros estábamos tan asustados que, no sabíamos que hacer, sin embargo, Koira, parecía muy contenta y feliz de poder ayudarnos.

    Con nosotros encima del carro, nos elevó hasta la copa del árbol más alto que había allí. Y lo que ocurrió, fue lo más maravilloso que he visto en mucho tiempo.

    Se dejó caer de la copa soltando su seda, pidió ayuda a sus “amigas”, y empezaron a crear, primero un hilo que flotaba sobre el aire, luego otro y hasta un tercero. Estos hilos empezaron a flotar en el aire dejándose llevar por el viento. Luego se volvió a dejar caer con nosotros en sus brazos, haciendo que se rompiese el primer hilo y dejando que los otros nos elevasen, y con la brisa que azotaba esas alturas, y salimos volando como si su seda formase un parapente natural.

     
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  7. Maramin

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    Siguiendo el hilo, aunque sin volar...

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  8. Dan Splash

    Dan Splash Poeta recién llegado

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    Capítulo 5

    “Que mi nombre sea el pecado que todos nombran, que mi eco resuene en los lamentos de quienes no tienen sombra, gradualmente me voy haciendo viejo, granuladamente me veo en el espejo"

    Llegamos a nuestro destino con algunas complicaciones. Al parecer, Koira llevaba mucho tiempo sin realizar esta maniobra, y no tuvo en mente que, a la hora de aterrizar, debe de ser de cara contra un árbol o algo parecido que frene el movimiento…

    En cuanto vimos las cabañas de las que nos había hablado, giró completamente el cuerpo y subió por el hilo que nos mantenía, dejando que nuestro peso superase las fuerzas del viento.

    Inevitablemente, nos dimos de lleno contra el tronco de un árbol, pero, conseguimos descender lo suficiente como para no matarnos con el impacto.

    El carro quedó destrozado, y nuestros papiros y demás pertenencias volaron por todo el bosque, por suerte, los cuadernos más importantes los llevábamos encima.

    Amergin me echó una mirada que podría matar a cualquiera. De culo contra el suelo, viendo de que altura habíamos caído, sin apenas rasguños, no nos podíamos quejar en realidad.

    Supongo que se debió de sentir por todo el lugar el golpe, ya que se acercó una mujer a ver cómo estábamos.

    - ¡Pensaba que ya no cazabas así! Jejejeje – La mujer habló, mirando únicamente a Koira, que aún seguía en forma de araña.

    - ¡Y no lo hago! Ju, odio que me tratéis de esa forma… - De verdad parecía molesta. Supongo que aun siendo una araña tiene su corazoncito.

    - Y, vosotros, ¿quiénes sois? – Nos miró determinando nuestro juicio. Sin saber su nombre, supuse que sería una de las diosas de la religión Yam, su tono de piel quemado y la forma de su rostro mostraban bondad allá dónde mirase. Una mujer con una mirada difusa, pero que hacía que toda la atención se centrase en sus grandes ojos, con el pelo largo y sedoso, que conjuntaba a la perfección con el resto de su cuerpo.

    - Me… me llamo- Amergin me cortó, estaba demasiado embobado para llevarle la contraria.

    - Somos escribas de la Panacea, no necesitas saber más, ¿y tú? – No estaba molesto, por lo que le conozco, no debería, pero, viendo como hemos acabado, no me extraña que dude de cualquiera.

    - Uys… ¿A ti no te enseñaron educación? Escribas y en ningún libro ponía nada sobre respeto o amabilidad… - No sé quién está teniendo menos respeto ahora…

    - En realidad, nuestro deber es escribir, eso… eso no implica leer en cantidad. – Todos me miraron. Debo admitir que mi sinceridad acabará por matarme, aunque sea a miradas.

    - Venid conmigo, os enseñaré un par de cosas, tss. – Me sorprende la vanidad de los dioses, aun siendo iguales, nos despreciamos como regla.


    Recogimos algunas hojas que aún eran servibles y, nos dirigimos con la mujer y Koira, a las cabañas, que debo admitir, eran bastante deprimentes.

    Eran cabañas de madera como las anteriores, pero únicamente de madera, no conté cuantas, pero no deberían ser más de seis o siete. Por fuera se veían muy pequeñas, con enredaderas subiendo por las paredes, árboles entrando por las ventanas, plantas tapando las entradas… Sin duda era un escondite perfecto.

    Entramos a una de ellas, por dentro era un poco mejor, pero no demasiado, las paredes tenían vegetación por todos lados, y apenas dejaban espacio para convivir con ellas.

    - Bueno… Yo soy Txel – Nos miró para decirnos su nombre y se giró en cuanto terminó, poniéndose a tejer apoyada en una mesa.

    Nos quedamos callados. Si decíamos algo puede que no nos escuchase, y, por otra parte, qué decirla, somos dioses que venimos buscando otros dioses, para “matar” a un dios, que, está matando dioses. Fantasía narrativa…

    - Hay que reunir a todos, tienen algo importante que deciros. – Ahora mismo, te adoro Koira.

    - Pues, hasta dentro de un par de horas que vuelva mi marido, nada, así que relajaos un rato. – Respondió sin apenas mirarnos.

    Estuvimos esperando un par de horas, que, se nos hicieron eternas. Txel no paraba de tejer, Koira se puso a jugar con sus hilos, Amergin a escribir un poco, y yo, estuve muriéndome del asco, observando los patrones de las tablas de madera del suelo.

    Llegó un hombre que sería poco mayor que Txel, pero que aparentaba muchos más de los tenía. La sabiduría se desprendía por cada pelo de color blanco que le recorría la cara, unos ojos cansados pero serenos, y una presencia que imponía respeto.

    - Buenas tardes. – Entró por la puerta, saludó, dejó una cesta, bastante grande, con verduras y hortalizas en la mesa y se sentó al lado nuestro.

    Txel empezó a hacer la cena, como si no estuviéramos allí, era demasiado incomodo todo.

    - Soy Amergin, encantado – Amergin se acercó al hombre a presentarse. En un acto reflejo miré a Koira, que puso una cara de terror y compasión apretando los dientes.

    Le soltó una bofetada.

    - ¡No ves que acabo de llegar a casa, déjame relajarme un rato, joder! – Gritó enérgicamente. Nos asustamos un poco, pero, Txel parecía tan acostumbrada que ni se movió.

    Y entró al instante alguien por la puerta. Era un hombre bastante joven, con un porte regio, una mirada muy distraída y unas ropas que parecían de militar.

    - Hola chicos, ¿qué tal? ¿Tenéis un par de zanahorias? – Iba entrando en la casa según hablaba, como si no le importase nada de su alrededor.

    Txel señaló con el dedo la cesta y éste cogió más que un par de zanahorias. Nadie se movía del sitio, nosotros estábamos boquiabiertos con lo peculiar de la situación, y, el marido de Txel estaba sentado, con los ojos cerrados mirando al techo. Todo era muy surrealista.

    Cuando el muchacho fue a salir por la puerta, con los brazos llenos de comida, un cuchillo salió volando hacia él. Se clavó en la entrada y el chico se quedó muy quieto.

    - Tenemos invitados, Fobos, y también tienen que comer. – Dijo Txel con una voz muy pausada, pero, que implicaba que si no le hacía caso algo malo pasaría.

    - Ah, ¿que se van a quedar a cenar? – Soltó el marido de Txel.

    - ¿Algún problema Itzman? ¿No estabas descansando? – Yo no sé dónde nos hemos metido…Aunque bueno, ahora sabemos su nombre.

    Itzman se levantó, se acercó al joven, y le puso la mano en el hombro.

    - Quedaos a cenar, muchacho. Ves a llamar a tú hermano. – Dejó caer las palabras de su boca, como si lo hiciese por resignación.

    Fobos se acercó a Txel, soltó lo que había cogido al lado suya, y se fue corriendo sin decir nada.

    - Yo soy Itzman, como dijo mi señora. Encantado Amergin y demás. – Mientras no paraba de repiquetear sus labios.

    Koira le dijo que teníamos algo que contarles, pero, ambos sugirieron que esperásemos a la cena, y eso hicimos, otra hora de mirar el suelo maravillosa.

    Cuando la cena estaba casi lista, aparecieron Fobos y el que supongo, sería su hermano. Ambos se presentaron, eran Fobos y Deimos, de la religión Gracar, unos gemelos bastante parecidos en aspecto físico, pero no tanto en personalidad.

    Entre todos terminamos de preparar la cena y nos dispusimos a ello. Les contamos lo que sabíamos hasta ahora, que, no era mucho, pero, nos dijeron que estarían encantados de poder ayudar, siempre y cuando, les dejásemos a ellos elegir que hacer, no querían que nadie les diese ordenes porque sí.

    - Habría que reunir a todos otra vez. – Deimos pensaba que la mejor solución sería dejar que viniesen a por nosotros, y tenderles una trampa.

    - No será tan difícil, vivimos todos puerta con puerta. – Fobos, por su parte, insistía en que debíamos ir a por el dios de Tocri, y que entonces, Lumael no tendría más motivos para seguir matando a nadie.

    - No hace falta montar tanto escándalo. – Txel prefería ir a buscar a Lilith, para que terminase por convencer a Lumael de que dejase su empresa.

    - Ellos ya han sido quienes se lo han buscado, ahora nos toca a nosotros. – Itzman estaba convencido de que, lo mejor en este caso, sería denunciarlos públicamente para que todo el mundo supiese qué es lo que están haciendo.

    No cabe duda de que nos queda un largo camino, pero por lo menos ya no estamos solos. El equilibrio de nuestro mundo pende de un hilo muy fino que está en nuestras manos y eso, impone demasiado.
     
    #8
  9. Dan Splash

    Dan Splash Poeta recién llegado

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    Capítulo 6
    “El fuego que marcaba el camino ya no me quema, ya no te llama, suplico en este conflicto vacío, pero sin aire no existen palabras, lamento el momento perfecto en que sentimos que esto se alarga, segundos de mares inciertos, matices de grises cuando algo se acaba.”


    Estuvimos un par de días por el lugar, conociendo a los demás y tratando de plantear una estrategia que fuese valida para todos y tuviese algo de sentido, ya que podría ser la única oportunidad que tendríamos para que terminase este período de terror.

    En general, la gente que vive aquí, son dioses, digamos de religiones menores, o de religiones extendidas o basadas en artefactos, es decir, que no tienen necesidad de implantar un gobierno y hacer que su gente le adore para sobrevivir, ya que se sustentan en base a otros medios. No todos han querido decirnos de qué se alimentan, pero, por ejemplo, Fobos y Deimos, tienen su poder en el miedo y terror, cosa que todo el mundo siente y padece, por lo que apenas les es difícil encontrarlo.

    Por otro lado, tuvimos unas visiones de dónde se podría encontrar la base desde la cual Lumael dirige su campaña. El último lugar por el que pasamos, antes de llegar a Recia, al pueblo de Koira, era una región “menor”, Genso, un lugar que se basa en la tradición militar, dónde sus dioses se centran en la caza, pesca y guerra. Un sitio con apenas más de mil habitantes, pero todos ellos instruidos desde pequeños en estos artes. No quiero pensar que nos estaban siguiendo, pero, este lugar, fue devastado a manos de Lumael y un ejercito que le acompañaba, al día siguiente de estar allí.

    Por lo menos, dimos con el paradero de su nueva base, o eso queremos creer, ya que, al apoderarse de dicha región, lo más sensato, sería que se quedaran allí por un tiempo, recuperando sus energías y planteando su nuevo ataque.

    Todo el mundo estaba de acuerdo en una cosa, si íbamos a atacar, debíamos hacerlo con todo, y no caer en vano en las distracciones que Lumael empleará para desviar la atención de todo el mundo de esa región.

    Aun con todo esto, no teníamos ni idea de que hacer, si seguíamos el plan de emboscada, podríamos fácilmente vernos envueltos, y no teníamos superioridad numérica. Así que, está vez había que tener mucho cuidado.

    Koira se adelantó a nosotros, esa araña es mucho más lista de lo que parece, aún no ha querido desvelarnos su verdadera identidad, según dice, es un castigo por lo que quiso hacer hace tiempo, pero a ella, para nada le parece algo malo. Se marchó hacía su pueblo, dónde hablaría con sus amigas, e irían, todas juntas y sin que nadie las viese, a Genso. Investigarían y se establecerían por todo el lugar, de manera que, si necesitábamos su ayuda, estarían en perfecta colocación. Cuando descubriese donde se encontraba Lumael, o sí acaso estaba allí, volvería volando para avisarnos. Todo esto la llevaría un par de días, por lo que, decidimos adelantarnos a los acontecimientos y volver al pueblo de Koira, de manera que estaríamos mucho más cerca si la situación se volviese complicada.

    Mientras tanto intenté conocer más acerca de los dioses que nos acompañaban, pero la mayoría eran reticentes a hablar con dioses desconocidos, por lo que, apenas pude mantener una conversación que se saliese de las normas básicas de cordialidad.

    Todo esto me supera, aunque en cierto modo, sé que los demás no me ven así. A lo largo de mi vida he visto como los demás dioses me tratan como un ser con demasiado poder, el cual no es capaz de mantener sus impulsos, ni tener unas características de esas, que se les suele asociar a los líderes natos. En fin, no me meteré en lo que opine la gente, no soy de esa clase de dioses, ni lo seré jamás, no me interesa lo más mínimo luchar por tener más poder como ellos, ni demostrar que mi nombre tiene que ser conocido por mi voluntad, ni desterrar a infieles o no creyentes simplemente por no tener miedo, o por tenerlo, me basta con cumplir mi destino, y si mis seguidores me acompañan por quién soy y qué hago, bienvenidos sean, sino seguiré navegando solo, que así por lo menos el bote no se hundirá tan fácilmente.

    Cuando has visto tantas personalidades distintas de dioses, y hablado, o en este caso, escrito sobre ellos, entras en razón y te das cuenta que la mayoría de ellos sigue las mismas aspiraciones, como si nadie les hubiese dicho que pueden abarcar otras, o como si entendiesen que el destino de los dioses es ese, y se sintieran inferiores al mirar al vecino, comprendiendo que lo único que pueden hacer es seguir sus pasos, para mantener su mismo nivel, por lo menos.

    Todos estos dioses con los que hemos ido a parar, se liberaron de esa tiranía de pensamiento hace mucho tiempo, y encontrarme con ellos, debería hacerme increíblemente feliz, pero no es el caso. Quiero pensar que es por la situación, quiero pensar que solo necesito tiempo, que el mundo no puede entender mi situación en estos instantes y que, únicamente debo seguir con mi misión para descansar en paz, como se suele decir, pero… entender a los demás, con un simple vistazo a los ojos, el saber que es lo que piensan, o que planean hacer, creo que me ha hecho despreocuparme demasiado por lo que de verdad siento yo, y eso me das más miedo que cualquier catástrofe.


    Disculpad que os meta en mi mente, mis visiones estallan a cada paso, y se me hace muy difícil pensar, así que, al llegar al pueblo de Koira, me derrumbé, justo al ver de nuevo aquellos campos marchitos, no sé, parece que estoy loco, pero me quedé en blanco mirándolos… Cuando Amergin se dio cuenta que me estaba quedando atrás, vino a ver que me pasaba, y bueno, simplemente me rompí en mil pedazos.

    Intenté ocultar todo esto mientras caminaba con él hacia la cabaña para descansar, pero no pude evitar sentir como los demás dioses me miraban y me daban su comprensión, como si entendiesen la mitad de lo que siento. A veces es más doloroso que te “entiendan”, a que te desprecien por lo que eres o haces.

    Por lo menos tengo a Amergin, ese cabronazo me entendió a la perfección, y no quiso ni preguntarme que me pasaba, ya lo sabía. Entramos dentro y nos sentamos en el sofá, me tumbé mirando el techo, y entonces se levantó, cogió mis hojas y me las dio para que escribiese… parece que me conoce mejor que yo.

    Al rato, aparecieron Fobos y Deimos en la puerta, plantados mirándonos a lo lejos, queriendo entrar, pero sin decir nada.

    Primero apareció Fobos, enseñando lentamente la cara por la rendija de la puerta, observando dentro. Nos dimos cuenta ambos, y nos quedamos mirándole, éste no apartaba la mirada, como si en realidad no quisiese decir nada. Se apartó y apareció de la misma manera Deimos, pero éste, al ver que le estábamos devolviendo la mirada, se asustó y se alejó de la puerta, entonces volvió Fobos, tocó la puerta y habló.


    - ¿Podemos entrar? – Dijo alargando la frase, como si lo dijese un niño pequeño entrometido.

    - Claro, pasad. – Contestó Amergin.

    - Va, venga, que nos dejan pasar –

    - ¿Seguro? No deberíamos molestar-

    - Que sí, no seas tonto, vamos. – Se les oyó susurrar entre ellos.

    - Oh, ¡Hola! ¿Qu-qué tal? No queríamos molestar, eh… - Dijo Deimos nervioso y avergonzado.

    - No molestáis, no te preocupes. ¿Qué pasa? – Contesté sin mucho entusiasmo.

    - Hemos ideado un plan que hacer cuando estemos allí. – Respondió Fobos, de alguna manera entristecido.

    - Eso es bueno, ¿por qué estas así? – Me atreví, pero en mi mente ya estaba suponiendo que es lo que iba a pasar.

    - Creemos que lo mejor es que os quedéis aquí. – Continuó Deimos.

    En otra situación lo más probable es que me hubiese enfadado y enfurruñado como un niño pequeño, no queriendo escuchar el porqué de esta situacion, pero en estos momentos, entiendo que es lo mejor.

    - Pero no os dejaremos solos, no podemos, vais a pelear casi que por nuestra culpa. – Aún así mi mente puede conmigo en estas ocasiones.

    - Os prometemos que no moriremos, no todos por lo menos… - Dijo Fobos, no sonaba nada alentador, pero era sincero.


    Nos dejaron solos al tiempo de estar hablando sobre el tema dejando largos silencios entre cada frase. He de reconocer que no me gusta la idea, pero el simple echo de que nosotros muramos en el campo de batalla, podría significar el fin de la oposición contra la campaña de Lumael. Además, seamos sinceros, no tenemos demasiada formación en lo que a guerras se refiere, y quizás estorbaríamos más que ayudar.

    El plan era “sencillo”, o por lo menos era obvio. Sabíamos que la fortaleza principal de Genso, tenía 4 instalaciones repartidas en cada punta, formando un rectángulo. Un sitio completamente abastecido para resguardar tanto a los principales cargos, como para poder vivir en comunidad. Digamos que, al ser una región militar, el sitio “real” estaba pensado como un fuerte militar, sólo que, en este caso era el “palacio” donde vivían los altos cargos.

    Si Koira conseguía la suficiente información, sabríamos sus horarios, sus idas y venidas, y dónde deberíamos centrarnos. Era algo sencillo, más allá de entrar en la región, lo cual, si que resultaba algo más complicado, pero igualmente solo cabría esperar el resultado obtenido de Koira.


    Pasaron un par de días y Koira volvió sana y salva, aunque según nos contó apenas obtuvo resistencia de la gente de allí. Al parecer, no habían matado a muchos de ellos, y al verla, trataron de ayudarla en todo lo posible.

    Todos los días Lumael iba al baño, en la instalación más cercana al “pueblo”, a la hora de comer. Resulta que el muy egocéntrico, le gusta pasar el mayor tiempo posible, apartado de sus secuaces, y detesta comer junto a ellos. No iba solo, iba siempre acompañado de dos matones que se quedarían en las puertas de los baños, por lo que, si conseguíamos dejarlos fuera de combate, Lumael sería un blanco perfecto.

    Habría que distraer a los que estuviesen comiendo, en las instalaciones contiguas, pero eso no sería un gran problema.

    Aquella noche partieron, no más de 10 dioses, dispuestos a dar su vida, contra un ejercito entero. Supongo que suena alentador, por eso de ser dioses, pero no creo que ese sea el caso. Nos enfocamos directamente a Genso para ver que es lo que pasaba. Amergin me advirtió, sus predicciones no eran de lo más alegre esos días, y me hizo prometer que no me rendiría si salía mal, pero no puedo evitar pensar que, los hemos enviado a morir. Quizás deberíamos haber pensado más la situación, o no sé, conseguir saber quién controla la Panacea, y hablar directamente con ellos… ya nada importa supongo, pronto sabremos que es lo que el futuro quiere de nosotros.

     
    #9
  10. Dan Splash

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    Capítulo 7
    Llego el día en que todo cambiaría, un acto de valentía o un síntoma más de frustración, una batalla contra la tiranía o una consecuencia de la apatía. De un modo u otro, el destino estaba sellado por lo que habíamos decidido días atrás, y no permitiría ningún inconveniente a la hora de seguir el plan.

    Digamos que la despedida fue sincera. No nos conocíamos de más de tres días, no sentíamos un vinculo que nos permitiese sentir como nos despedíamos del héroe que partía en busca del malvado para protegernos. La realidad fue mucho más cruda que eso, un abrazo y un tened cuidado era lo que nuestras bocas hacían sonar, con tal amasijo de sentimientos que teníamos en la mente.

    Amergin y yo nos mirábamos extrañados, como si nos hubiese faltado algo, pero qué decir, si lo que uno sintiese, el otro lo estaba masticando.

    - ¿Deberíamos hacer algo ahora? – Dejé caer. Sinceramente, tenía en mente el intentar utilizar mi poder para saber que es lo que estaba pasando. No sabía si realmente sería capaz, pero, en una situación así, supongo que es lo único que podemos hacer.

    - ¿Qué tienes en mente? – Me contestó Amergin sin hacerme mucho caso.

    - Podría… ya sabes, utilizar mi poder… para saber qué es lo que está pasando, nada más – Dije con miedo.

    - ¿Por qué me preguntas? Ni que no puedes utilizarlo cuando quisieras. – Me miró fijamente.

    Supongo que no me esperaba esa respuesta, pero, tiene mucha razón.

    Cerré los ojos y me concentré en la localización que nos había descrito Koira y se presentó ante mi. Una ciudadela de escasos colores, que se planteaba como en los cuentos, unas torres a lo lejos dejaban caer en base a qué estaba construido el poblado, más no se podía distinguir entre las casas de la gente y lo que sería espacio reservado para los altos cargos de primeras. Bastos muros rodeaban la ciudad y la bruma se esparcía por todos lados, viniendo de un surco en el suelo delante de mí, enfrente de todo el mundo. Aquellos que sobrevivieron pasaban por delante, pero no dejaban más presencia que sus huellas en la tierra seca. Los niños jugaban descalzos con alguna que otra arma de los guerreros caídos, hasta que alguien les regañaba para que lo echasen dentro del foso. Las casas se repartían por hileras, mirándose unas a las otras, hasta llegar a las altas torres, dónde ondeaban banderas blancas. Comencé a caminar, dejando atrás aquel foso, que ahora era la plaza del pueblo. Todos miraban hacía abajo, todos estaban distraídos, pero no era consecuencia de lo que había pasado. La vida cotidiana seguía como siempre, tenían que sobrevivir, y pararse para llorar la muerte de sus queridos, acabaría con la suya propia. No se veía nadie que tuviese miedo, no se sentía como un pueblo después de su muerte, la vida es lo que era, pero con algunos menos. Quizás se prepararon demasiado bien para lo peor, o quizás nunca sintieron lo bueno para poder compararlo. Todo en mi mente estaba confuso, veía colores en los niños, veía sangre en el suelo, pequeñas flores volviendo a nacer en las esquinas de las casas, pero todo lo que rodeaba al pueblo era gris, incluso el edificio más grande de la ciudad parecía desviar la luz. Las casas se iban haciendo cada vez más grandes, no eran casas, pero lo simulaban. Gente reparando esas instalaciones, como podían, y otras trabajando en ellas para volver rápido a tener un sustento.

    Llegué dónde Koira dijo que Lumael se establecía. Cuatro edificios, que simulaban un campamento militar. Las casas anteriores eran más altas que estos, y las torres al fondo parecían no tener sentido. Cuatro grandes pilares, que simulaban con uno más pequeño pegado a cada uno, un enorme castillo. El centro de la región, pero no había castillo, solo torres. Me acerqué sin quererlo, la curiosidad me estaba llevando, y mente estaba tan relajada y en silencio que no ponía impedimentos.

    Con mis ojos en lo alto de ellas, entendí el concepto. Eran torres de vigilancia, repartidas mirando a cada punto cardinal de la región. El centro de la región, sí, dónde se vigila todo. En el centro un santuario, algo desgastado por el tiempo. Un par de pilares compuestos que conformaban un reloj de arena daban paso a la entrada del lugar. De estos, salían diferentes parábolas, primero hacia arriba y a abajo, desviándose al lado contrario tras superar cierto recorrido, girando noventa grados, al llegar al centro superior de la formación se alargaba, dejando una punta en la cima superior, que equivaldría al centro de la puerta, y repitiendo esto en el lado contrario, así hasta juntarse. Por los laterales salían un par de pilares más que apenas se notaban como tal, desde mi posición, que seguían el mismo patrón hasta hacer su forma algo más alta. Por detrás se discernía una última forma, que, al juntarse con las anteriores, formaba una especie de pirámide, dejando distintas formas geométricas ovaladas repartidas por toda la estructura. Un santuario que basaba su composición en el trampantojo. Quizás Lumael no eligió esta ciudad porque nos estuviese siguiendo, creo que tenía algo que ver con este santuario.

    Me desperté.

    - ¿Qué es lo que has visto? -

    - Aún no han llegado. -

    Se me quedó mirando en silencio. -

    - ¿Qué has visto? -

    - Nada, simplemente nada. -

    - Te conozco desde hace décadas, nunca te pones tan serio. -

    - La gente seguía su vida, como si nada hubiese pasado. -

    - Qué esperabas. -

    - Los humanos no deberían sufrir nuestras mierdas. -

    - Pero siempre lo han hecho… -

    Le miré a los ojos.

    - No cambiará nada, ¿verdad? -

    Hacía mucho que no estaba tan serio. Amergin no se atrevía a responderme.

    - Si lo sabías ¿por qué estamos aquí? ¿Por qué hemos mandado a morir a esa gente? -

    - Son dioses, los dioses no morimos tan fácilmente. -

    - Pues que luchen entre ellos en vez de meter a los putos humanos de por medio. -

    - No lo entiendes, ¿verdad? -

    Esas palabras hicieron que mi mente se quedará en blanco. Y entonces…

    - Es un ciclo. -

    - ¿Qué? -

    - Es un ciclo, esto, es exactamente lo mismo que ocurrió hace años, pero con otros nombres. -

    - Puede ser, pero eso no significa que vaya a pasar lo mismo. -

    - No, claro que no, si sabemos lo que ocurrió la última vez, sabremos como cambiar lo que está pasando ahora. -

    - Ya, si fuese un ciclo todo terminaría exactamente igual, por mucho que tú intentases cambiarlo. Además, sabemos como va a acabar, con Lilith, no hay más. -

    Amergin estaba muy tenso, parece que por fin está soltando esa rabia acumulada.

    Pero gracias a eso caí en algo más.

    - Je! -

    - ¿Ahora qué te pasa? -

    El pobre suspiraba, se notaba que no le apasionaba esto tanto como a mí.

    - Terminará con Lilith. ¿Con quién empezó todo? -

    Me miró levantando una ceja, de verdad que no entiendo como no le flipa esto.

    - Joder, que Lilith fue la primera “diosa” en venir a la Tierra. -

    - No es una diosa -

    - Lo que sea. -

    - Tampoco sabes si fue la primera, solo sabes que fue la primera de su religión. -

    - Qué más da. Causalidad o casualidad. -

    - No es lo mismo. Igualmente, solo podemos esperar a que todo vaya bien, o que podamos hacer un nuevo plan si no es el caso. -

    - Voy a ver. -

    Me sumergí de nuevo en mi mente, hay estaban:

    Fobos, Deimos, Txel e Itzman, junto algún que otro dios, escondidos detrás de uno de los muros de la ciudad. Todos están vestidos con harapos y trajes viejos negros u oscuros, llevan un cinturón con diferentes utensilios, un cuchillo a cada lado de la cintura y uno más en la parte trasera, escondido y unos zapatos que parecen llevar un tipo de esponja pegada a la suela.

    - Vale, el plan es sencillo. Si la información que tenemos es exacta – Dijo Fobos.

    - Pues claro que lo es. – Le interrumpió Itzman.

    - Continúa. – Le pidió Txel.

    - Ehm… sí. En este campamento, se distribuyen dos escuadrones en dos edificios. Uno está justo detrás de este muro, y el siguiente, está cruzando el patio. En frente, tenemos el comedor y los vestuarios, y al otro lado, están las oficinas centrales de administración. –

    - ¿Eso existe? – Preguntó Deimos.

    - Ni idea. Digamos que sí, total, nos la pela. –

    Deimos se encoje de hombros, haciendo una pequeña mueca que deja entender un “supongo”.

    - El caso. Lumael es un payaso, y a estas horas, resulta que los payasos como él, ahuecan el ala para sacar a pasear la tortuga, y sus caloyos suelen dormirse en los laureles a la hora de zampar, así que, lo que hay que hacer es sencillo, ¿no? –

    Todos se quedan fijamente mirando a Fobos, sin parecer haber entendido nada.

    - Ains, y yo soy el tonto, en fin… Es tan simple, como que en cinco minutos estemos en el baño esperándole. –

    - No será tan fácil. Siempre va acompañado de dos guardias. – Dijo Itzman.

    - Le acompañan a cagar, ¿en serio? – Preguntó sorprendido Fobos.

    - Ays, cariño, si yo te contase de lo tiquismiquis que son algunos hombres. – Disparó la daga Txel, mirando a Itzman.

    Fobos tose para llamar la atención de los demás.

    - El caso es que hay que separarse. Necesitamos un encargado de que los soldados no salgan del comedor antes de tiempo, ni uno. Y alguien que se encargue de esos dos guardias. –

    - Y alguien que mate a Lumael – Dejó caer Deimos.

    - Cariño, no vayas tan deprisa. – Dijo Txel, tratando de tranquilizar a Deimos.

    - Sí, hermano, no quiero que cometamos errores, sería la muerte. – Continuó Fobos.

    - Y ¿qué?, si es por un bien mayor, adelante. – Refunfuñó Deimos.

    Todos se quedaron en silencio un par de segundos, nadie quería decir nada en contra, pero tampoco a favor, de la propuesta de Deimos.

    - Yo voy contigo, Deimos, dos contra uno será mejor. – Al final Itzman se decidió.

    - Yo me encargo del comedor, esos grandullones verán mi conejo. – Siguió Txel.

    Todos se quedaron mirándola sorprendidos por sus palabras, hasta que sacó un conejo de su traje.

    - Pues yo me encargo de los guardias. – Dijo Fobos.

    - Que alguien venga conmigo. El resto separaos, id con Txel y controlad las salidas. – Continuó dando ordenes a los demás dioses que había allí.


    PERSPECTIVA DE TXEL

    Txel marcha con la ayuda de un par de dioses más a las puertas de los comedores. Se esconden y empiezan a observar desde una ventana.
    Está lloviendo, los dibujos en el suelo que diferencian el camino se han convertido en barro, y el césped mal cuidado que lo rodea, permite dejar huellas en él.

    Algunos soldados han terminado de comer, y están recogiendo para salir del lugar. Rápidamente, Txel coge su conejo y lo cuela dentro por la ventana. Éste empieza a saltar por todas las mesas, a tirar la comida y las bandejas y montar el caos a una velocidad asombrante. Uno de los soldados decide coger un cuchillo para partir la carne de la cocina, y tras un par de tajos cruzados al aire, parte por la mitad al pobre animal. Txel al verlo, comienza a reír, los demás dioses no entienden y la preguntan que hacer ahora.

    - Solo observad. – Deja caer las palabras Txel de su boca, mientras vuelve a girarse a disfrutar del espectáculo.

    La sangre que emanaba de cada mitad del conejo empieza a tomar forma, convirtiéndose en otros pequeños roedores que toman completamente por sorpresa a los soldados.

    Al otro lado de la ventana, el barro que se había formado a sus pies empieza a deshacerse, dejando lentamente que el peso de sus cuerpos haga el resto. Cuando los dioses que acompañaban a Txel se quieren dar cuenta, éste les llega más allá de la cintura. Era una trampa.

    Cuando se despierta, está en el comedor, el cual está completamente vacío ahora. Atada de pies y manos, no se lo piensa dos veces; llama a su conejo para que la libere. Cuando está a punto de salir por la puerta una voz la frena.

    - Cuidado, por ahí no. – Es un hombre alto, que, apoyado sobre una de las esquinas de la habitación, habla directamente a Txel. Apenas se le reconocen rasgos faciales por la iluminación tan mala. Vestido con una gabardina y con aparentes colores oscuros.

    - Tus amigos no tienen salvación. Pero no te recomendaría seguir su camino. –

    Txel mira por la hendidura de la puerta, y descubre a los dioses que la acompañaban atados y de rodillas en el asfalto mojado del patio. Algunos soldados están con ellos.

    - ¿Quién eres? ¿Por qué me ayudas? – Terminó diciendo Txel.

    - Ni te importa, ni te conviene. Y no te ayudo, más bien, tú me ayudas a mi. – El hombre salió del comedor por la puerta trasera, marcando el camino que Txel debía seguir.

    Txel sale corriendo en busca de Fobos y los demás.


    PERSPECTIVA DE FOBOS

    Fobos entra con tres hombres más en el vestuario por el techo. En el momento en el que se da cuenta de que el techo no va a poder seguir aguantando el peso de todos, decide tirarse dentro, dando una entrada triunfal.

    - Pos ya hemos llegao – Cae de pie, apoyando sus brazos en la cintura y sacando pecho.

    Detrás de él caen los demás dioses, y con ellos un trozo de techo, que no pudo aguantar el peso.

    Delante de ellos estaban los guardias, pero eran más de los que esperaban.

    - Ehh… ¿necesito gafas? – Se acerca un poco a los guardias, mirándoles uno a uno, y después le pregunta a un dios.

    - Son… son cinco, ¿verdad? ¡No necesito gafas! ¡Serían cuatro si necesitase gafas! Jajaja, joder, que estúpido soy… espera ¿qué? –

    - Wow, pensaba que la trisomía en el par 21 era cosa sólo de humanos… - Le comenta un guardia a otro.

    - Tío, no faltes el respeto a esa pobre gente. – Le contesta éste.

    - ¡No, no! Si no pretendía… - Disculpándose el primero.

    - Pues no sé quien es peor. – Agregó un tercero.

    Un par de segundos de silencio inundaron el lugar.

    - Ehhm, si no os importa, yo he venido a pelear. – Terminó por decir Fobos.

    - ¡Sí! Oh tío, perdona, es que se me va la cabeza a veces… - Dijo el primer guardia.

    - Nada hombre, si todos tenemos días tontos. – Le contestó Fobos perdonándole.

    “Y tontos hay todos los días”, se oyó entre los dioses. Y comenzó la pelea. Lo que parecía una pelea justa de cuatro para cuatro, se desequilibró en favor a los soldados, cuando un montón de éstos comenzaron a aparecer por todos los rincones posibles.
    Era una derrota asegurada. Por mucho que no pudiesen matarlos, podían retenerlos por la fuerza al ser tantos.

    Txel entró corriendo por la puerta y ayudó a Fobos a librarse de las manazas de los soldados.

    - ¡Era una trampa! Hay que salir de aquí, ¡ya! – Gritó Txel mientras soltaba sus conejos.

    - Espera, Deimos. Hay que ir a por él. – Fobos y Txel corrieron hacia los baños para ayudar a Deimos y Itzman.


    PERSPECTIVA DE DEIMOS E ITZMAN

    Ambos entran por la ventana y oyen a alguien silbando dentro de uno de los cubículos del baño. Se acercan lentamente mientras sacan sus cuchillos. Llegan a la puerta de donde salen los silbidos.

    Itzman hace una seña a Deimos para que abra la puerta a la de tres, y entonces le plantaría el golpe de gracia. Deimos se pone en el lado contrario al pomo de la puerta, apoya la mano en ésta y sujeta firmemente el cuchillo en la otra. Itzman comienza a contar: uno, dos, tres.

    Deimos abre la puerta e Itzman clava el cuchillo a quien estaba dentro. No era Lumael.

    Ambos se miran sorprendidos. Una gota de sangre resbala por la frente de Itzman, dejando un reguero por el camino, su expresión facial no cabía en absoluto. Deimos es empujado al suelo.

    Lumael estaba estaba detrás de ellos. Empuñaba un arma que no había visto antes. Parecía tener dos formas completamente iguales, que se unían en el centro, que sería la empuñadura. Cada parte se alargaba y abombaba, dejando una esfera en cada lado, formada por distintas garras. Estas garras se podían abrir hacia fuera y del centro salía un último filo mucho más parecido a un cuchillo de las demás.

    Itzman cae muerto a los pies de Lumael. En un acto reflejo, Deimos le apuñala en el estómago y éste responde apuñalando a Deimos en el hombro. Deimos empuja hacia atrás a Lumael con las piernas. Ambos se recomponen y se tapan las heridas.

    - Tira el cuchillo. – Decidido, dice Deimos.

    Lumael deja salir una pequeña sonrisa. Abre su mano lentamente y deja caer el arma que empuñaba. Deimos se agacha para dejar su cuchillo en el suelo, levanta la cabeza para mirar a Lumael fijamente, el cual seguía manteniendo una postura de autoridad firme frente a él.

    Cogiendo impulso se tira placando a Lumael, éste le retiene sin apenas resvalar sus zapatos por el suelo del baño.

    Ambos empiezan a forcejear. En un segundo de tregua, Deimos comienza a recitar palabras indescriptibles, sus ojos se empiezan a llenar de sangre, dejando sus pupilas, con un color más oscuro, apenas ser visibles.

    - Tú terror no funciona conmigo, pequeño. – Dice Lumael, mientras se quita la gabardina que llevaba puesta. – Y menos sin tú hermano –

    - Pero conmigo funciona. – Susurra Deimos.

    Lumael despliega sus alas. Plumas negras como el carbón desgastadas caen por toda la habitación, trozos de piel al descubierto las rodean; coágulos de sangre repartidos, acabadas en un hueso en punta. Más allá de ser alas, no reflejan la grandeza que se podría imaginar.

    Deimos se ríe del esperpento que Lumael intenta engrandecer.

    - Muy bien pajarito, cántame tú muerte. – Deimos se tira al cuello de Lumael, golpeándole repetidamente a una velocidad imposible para un humano. De él aparecen dos sombras, que parecen repetir sus golpes unas décimas de segundo más tarde. Termina estrangulándolo.

    Lumael utiliza sus alas para zafarse, mandándolo por los aires. Deimos choca contra la pared, desplomándose contra el suelo, y con él, algunos escombros.

    Se lleva la mano a la cabeza, parece estar descontrolado, o no saber bien que es lo que ocurre. Sus ojos vuelven a la normalidad, y de su boca empieza a emanar un humo muy oscuro.

    - ¡Vaya! Tú punto fuerte, te ha convertido en un blanco fácil. ¡Já! Ironías. – Dice Lumael levantándose del suelo.

    - ¡No necesito a mi hermano! – Grita rabioso Deimos, que intenta ponerse de rodillas.

    - Ya… Tú cuerpo no dice lo mismo. – Le contesta dando vueltas alrededor suyo.

    Lumael se acerca a un espejo, y se empieza a limpiar la sangre de la cara con el agua del lávabo. Se acicala un poco, y empieza a tocar sus alas, posando en el espejo.

    - Hacía tiempo que no las sacaba, sabes, pronto volverán a ser blancas… –

    Deimos intenta aprovechar el momento, coge un cuchillo del suelo y se acerca a la espalda de Lumael.

    - Hijo mío, que no soy tonto. – Lumael llama a su arma, la cual se acerca a él volando y sin pensárselo dos veces apuñala en el estómago a Deimos.

    - Lo siento. Es mi destino, ya sabes… No diré que me gusta, pero supongo que tampoco es la peor opción. –

    Lumael abre su arma, lo arranca con fuerza del cuerpo de Deimos y le coloca lo que parece un rosario en el cuello. Dejándole desangrándose en el suelo sale corriendo por la ventana por la que habían entrado ellos anteriormente.

    Txel y Fobos entran derribando la puerta del baño.

    - Fobos… Lo siento… – La sangre emana de la boca de Deimos.

    Ambos se acercan a él. Fobos le inclina, cogiendo su cabeza por detrás, los ojos de éste comienzan a brillar, iluminando la instancia. La luz empieza a pasar por el cuerpo de Deimos. Txel recoge algo de esta luz con la mano y comienza a pasarlo por encima de las heridas, mira a Fobos fijamente y niega con la cabeza.

    - Lo has hecho bien hermanito. Esta vez terminaré yo el trabajo, no te tendrás que preocupar más. – Fobos vuelve a la normalidad.

    - No mueras ¿vale? No te dejes llevar a partir de ahora… – Deimos pone su mano en el cuello de su hermano.

    - Tú estarás ahí para pararme los pies, como siempre… porque no te vas a ir… ¡joder! Venga… No me dejes. – Lagrimas de color rojizo empiezan a resbalar por los ojos de Fobos.

    - Te quiero hermano. – Deimos sonríe, mientras acaricia la cara de su hermano.

    La esencia de Deimos comienza a brotar de su cuerpo, llenando toda la sala, pequeñas partículas brillantes que van aterrizando una por una en el cuerpo de Fobos.
     
    #10
  11. Dan Splash

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    Capítulo 8

    Los que consiguieron sobrevivir, escaparon gracias al ejército de arañas de Koira, pero el desenlace estuvo mucho más lejos de lo que imaginamos. El encuentro con Lumael era algo inevitable, tarde o temprano nos encontraría, si nosotros no íbamos a por él, hubo bajas, pero supongo que no quedaba tiempo para replantear la estrategia.

    El reencuentro con ellos fue muy duro y helado, ellos no querían hablar del tema, y nosotros no sabíamos dónde meternos, sí descubrían que nosotros sabíamos lo que había pasado, creerían cosas que no son del todo ciertas.

    Pensé mucho esa noche, creía que estábamos yendo por el buen camino, siguiendo unas pautas que el destino, o quién fuese, nos estaba dejando, y que se solucionaría todo mucho más rápido de lo que habíamos visto en nuestras predicciones, pero bueno, por algo son predicciones.

    Le pedí a Amergin irnos de allí, comenzar de nuevo, y hacer exactamente lo que debíamos haber hecho desde el principio, buscar a alguien de la Panacea para que nos ayude o no sé, buscar a Lilith.

    - Si nos vamos pensarán que nosotros somos los malos. –

    - Ya ves tú… Ellos no quieren hablarnos y nosotros no nos atrevemos ni a mirarles a la cara. –

    - No es la solución –

    - Tampoco lo era que les mandásemos a morir, y ¡mira!, lo hicimos –

    - ¡Vale ya! No sabíamos que iba a pasar eso –

    - ¡Pero podríamos haberlo adivinado! Tenemos unos putos poderes que nos permiten saber el presente y el futuro, y hasta ahora no hemos podido ayudar a nadie, ¡A nadie! –

    Se quedó en silencio, y no tuve otra respuesta que coger mis pertenencias e irme de allí.

    Pensé que me seguiría, y que todo acabaría como debería haber acabado; nosotros disculpándonos y ellos saciando su rabia y dolor con nosotros.

    ¿Estoy siendo egoísta? No, no quiero creerlo… pero ¿qué hago? ¿cómo se supone que voy a solucionar esto?

    Pase la noche divagando, como siempre, en mi mente, comiéndome la cabeza con tonterías, porque se quedarán solo en mis pensamientos. Supongo que el porvenir es algo inevitable, como una ley no escrita en el universo.

    No sé que hacer, no sé donde ir, ahora estoy solo, pero quizás lo quise así.

    A la mañana siguiente conseguí llegar a otra ciudad, cerca de Genso, supongo que es la misma región, aunque tampoco estoy muy seguro.

    La gente de aquí parece muy amable, me encontré con varios de ellos a las afueras, y todos me saludaron con energía, a pesar de la hora.

    Es un pueblo no muy grande, pero más grande que el de Koira, un sitio con menos de 200 habitantes, pero parecen vivir felices y tranquilos. Las casas están elaboradas con adobe, piedra, y algún que otro material como madera o paja, no muy vistosas por fuera, pero acogedoras por dentro, o por lo menos lo poco que ví.

    Se distribuyen en línea recta, tirando siempre hacia arriba más que a lo ancho a la hora de construir. Algunas ramificaciones salen de la calle principal, llegando a los distintos gremios, con oficios como el de caza y tala al final del lugar, entrando al bosque, con un puerto pequeño de pesca cerca del río, etc.

    Encontré una posada, y me acerqué a preguntar.

    - ¡Buenos días! Perdone, estoy peregrinando hacía Campo Santo, y no sé cómo he llegado a parar aquí. –

    - ¡Bienvenido entonces! Estás en El Pomo, un pueblecito cerca de la capital de Genso. –

    - ¡Oh! ¿No os habéis enterado de lo que ha pasado allí? –

    - ¿Lo qué? ¿Lo de el nuevo régimen? –

    - Sí, bueno, no lo llamaría así, pero sí. –

    - ¡Ah! No te preocupes. Todo el mundo que ha pasado por aquí estos días, me ha dicho que estaban asustaos por eso, pero no deberían. –

    - ¿No deberían? Sabe que hubo una batalla allí, y que murió mucha gente ¿no? –

    - Bueno… sí, supongo, pero la realidad es que los que murieron fue porque quisieron. No os informáis muy bien, ¿eh? –

    - ¿A qué se refiere? Yo pensaba que habían tomado el control de la ciudad. –

    - Nah, hace tiempo, los dioses que vivían aquí, eran los mismos que los de la capital. Eran unas personas algo, no sabría decirte, como muy rígidas, en su posición. –

    - ¿Estrictas? ¿Les obligaban a hacer lo que ellos querían? –

    - Seeh, llegó al punto de que mucha gente murió por enfermedades por tirarse días trabajando, no tenían comida, porque tenían que ofrecérsela… y yo creo que ha pasao lo mismo allí. –

    - Entonces, echaron a los dioses de aquí. –

    - No diría echarles. Mi madre siempre decía que se terminó su mandato. –

    - Jumm… sí, quizás juzgar lo que ha pasado de esa forma sea precipitado... –

    - ¡Bueno, pero alegra esa cara muchacho! ¡Con lo guapo que eres ya verás como te salgan arrugas de fruncir el ceño! Jajajaja –

    Odio estas cosas, nunca sabes como reaccionar.

    - Mira, si quieres saber como llegar a Campo Santo, habla con el mercader, que estará a punto de levantar la tienda. Así lo mismo te dice que le acompañes. –

    - Oh, gracias, ¿dónde le encuentro? –

    - Puees… Llegó ayer, así que, lo mismo se paso la noche bebiendo en la cantina… -

    Me empujo fuera de la posada, y marcando con un dedo me dijo donde ir.

    - Esa de allí es la casa de la Buctra, seguro que se quedó dormido por ahí cerca, durmiendo la mona. –

    Se me acercó mucho más de lo que mi espacio personal permitía y me empezó a susurrar, como si hubiese alguien que pudiese escucharla, cuando no había en la calle.

    - Que dicen que la regalao hasta las joyas de su madre, ya ves tú, enamorarse de esa, ya me podía regalar a mi algo… Si es que… encima, yo no sé si sabe, que, en realidad esa mosquita muerta antes era un moscardón, pero oye, pa gustos colores, también te digo. –

    Aunque intentase hablar bajo, se la oía por todo el lugar. Me comió tanto la oreja que al final la corté.

    - Bueno que, muchas gracias, voy a ver si le encuentro, que tengo que salir pronto de aquí. –

    - Ah pues nada hijo, que vaya bien, pero que si te quieres quedar en la posada ni me tienes que pagar eh, yo me encargo de que estés a gusto. –

    - Eh… no, gracias, no hace falta, de verdad. Muchas gracias, venga. –

    Me alejé poco a poco mientras me despedía, y ella no paraba de hablar, aunque ya ni la escuchaba. Increíble… de verdad, me caen genial este tipo de personas, pero que nervioso me ponen.

    Me acerqué donde me había dicho que estaría el mercader, pero no encontré gran cosa.

    Busqué por alrededor de la casa, no sé, quizás estaba dormido por allí y no le veía, cuando de pronto, salió de la casa de la que la llamaban la Buctra…

    Me planté rápidamente frente a él, y le pedí que, si sabía que había pasado en la capital, obviamente, mi principal objetivo no es ir a Campo Santo, a saber, qué pasaría si volviese ahora.

    - Pero tú quién eres para venirme así, y preguntarme, muchacho. –

    El hombre parecía tener mucha resaca, y no tenía muchas ganas de saber de nadie.

    - Lo siento, pero me han dicho que le pregunte a usted y es que, no conozco a nadie por aquí. –

    - Bah, si la mayoría de gente de aquí son todos unos payasos, que no saben nada ni de su propio pueblo. –

    Ignoré un poco lo que decía e intenté llevar la conversación, o mejor dicho, su discurso, por donde a mí me interesaba.

    - ¿Lo dice por lo que pasó en la capital? –

    - Que capital ni que hostias. Eso era inevitable. Hablo de lo que hicieron con su propia gente, como yo, que nos echaron. ¡Hijos de puta! –

    Empezó a insultar al aire, aunque su intención era insultar a la gente del pueblo, no había nadie por la calle a esas horas de la mañana, una escena bastante innecesaria.

    - ¿Eres un dios? –

    - Ttss… no hijo, no, pero alguien que sigue de cerca a uno de ellos. A todos los dioses los echaron de aquí, y a la gente que les seguía igual, nos dejaron fuera del pueblo, y claro, los dioses, son dioses… así que me quedé sin nada. –

    - Pues me han dicho que estaba pasando lo mismo en la capital. –

    - No, no es tan así. Sí que es verdad que la mayoría no quiere luchar por sus dioses ya. –

    El hombre empezó a calmarse, incluso parecía bastante dolido con lo que sucedió. Supongo que es difícil recuperarse de algo así, que los demás elijan tu camino, solo porque a ellos no les gusta.

    - Pero hubo gente que se defendió y los dioses también, claro, pero se veía venir. – Continuó hablando con la cabeza agachada.

    - A mi me dijeron que les invadieron. –

    - Sí… supongo. Esa guerrilla esta formada por antiguos soldados de distintos pueblos y regiones, es mucho más grande de lo que dicen, porque tiene afiliados por todo el mundo. Se formó con la “gran catástrofe”, muchos humanos decidieron unirse y levantarse contra los dioses, y se dedican a “liberar” a las ciudades. Me imagino por lo que me contó la gente de allí que ha pasado eso, fueron a “liberarla”, como dicen ellos, y la gente apenas se opuso, porque estarían cansados de sus dioses. –

    - Vaya, yo tenía en mente que había pasado otra cosa. –

    - Ya ves, las cosas no son lo que parecen nunca. Mira, si quieres, en unas horas tendré que pasar por allí, si te quieres venir. –

    - ¡Claro, muchas gracias! –

    - Nada hombre, parece que no eres como estos… Nos vemos en la entrada en unas horas. ¡Hasta luego! – Se marchó andando rápido.

    No sé si debería fiarme de lo que dicen, pero tiene bastante sentido, excepto, por Lumael, no pintaría nada en todo esto. Si la gente se cansó de los incesantes mandatos de los dioses, sería normal que les echasen de su pueblo. Además, los dioses no podrían matarlos, o hacer algo en contra, si tenían más pueblos o ciudades en su poder, porque podría dar la voz de alarma a éstos. Y echaron a sus seguidores, con el fin de liberarse por completo, un tanto injusto, pero supongo que entendible. No sé, todo cuadra demasiado bien para que sea esto lo que está pasando, no quiero creer que nos equivocamos tanto.
     
    #11

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