Matías, vuelven los celajes púrpura
con el mimbre enredado en sus ojeras
y la nostalgia en sus bolsillos
en vísperas de mayo.
Acuña el tiempo en sus clepsidras
su ronca repicada
y el óxido rechina en solitario
su octavo campaneo.
El cierzo tañe el arpa de los pinos
al trote de la noche umbría.
¿Te das cuenta, cariño, que —de luz—
mis alforjas están vacías?
¿Te das cuenta mi encanto...?
¡Matías! Nada tengo para dar:
Ni el llanto ni la risa ni el suspiro
ni el ladrido del mar,
nada, nada mi cálamo dispensa
e impotente mi alma reclina sus miserias
en el obtuso ángulo de abril.
2/04/2018
Herdia, Costa Rica