Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Es el guerrero hijo de otro guerrero,
en sus ojos anidan las tormentas,
el parpadear impide que estas
mojen su camisa verde oliva.
Los vientos huracanados
barren las montañas y lo arrullan,
los sentimientos lo incendian,
la risa de los otros
suaviza su piel curada.
Las lágrimas le descomponen,
quiebra su alma en mil pedazos,
sabe que el águila que
vuela sobre su cabeza es real,
la prueba le mancha el camuflado.
El sol se oculta tras las montañas,
los muros de piedra caen
sobre sus pies de barro.
Se da cuenta de
que está despierto
cuando una pluma le rasca la nariz
haciéndolo estornudar.
Del monte parte una
bala que se aloja en su frente.
Piensa en lo viejo que está y se consuela:
¡Años atrás hubiera agachado la cabeza!
en sus ojos anidan las tormentas,
el parpadear impide que estas
mojen su camisa verde oliva.
Los vientos huracanados
barren las montañas y lo arrullan,
los sentimientos lo incendian,
la risa de los otros
suaviza su piel curada.
Las lágrimas le descomponen,
quiebra su alma en mil pedazos,
sabe que el águila que
vuela sobre su cabeza es real,
la prueba le mancha el camuflado.
El sol se oculta tras las montañas,
los muros de piedra caen
sobre sus pies de barro.
Se da cuenta de
que está despierto
cuando una pluma le rasca la nariz
haciéndolo estornudar.
Del monte parte una
bala que se aloja en su frente.
Piensa en lo viejo que está y se consuela:
¡Años atrás hubiera agachado la cabeza!
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