BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dicen que sembraron el odio,
que se llevaron los últimos trozos
de tu casa, que avejentaron los minúsculos
rayos de una luna invasora, y fomentaron
la cosecha de una mano desilusionada.
No sé, lloraste, y te apoyaste, con cadencia
disimulada, sobre mi hombro y su herida.
Sobre las ramas de los árboles colgaban
aceites y especias viperinas, vísceras,
niños tan hostiles como un gorila espabilado.
Mas yo te encontré herido, como de costumbre.
No fue un fusil el que te hirió-.
©
que se llevaron los últimos trozos
de tu casa, que avejentaron los minúsculos
rayos de una luna invasora, y fomentaron
la cosecha de una mano desilusionada.
No sé, lloraste, y te apoyaste, con cadencia
disimulada, sobre mi hombro y su herida.
Sobre las ramas de los árboles colgaban
aceites y especias viperinas, vísceras,
niños tan hostiles como un gorila espabilado.
Mas yo te encontré herido, como de costumbre.
No fue un fusil el que te hirió-.
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