El oficio-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Se me pudren los anaqueles

de estatuas vencidas, de calvos

iridiscentes, de prominentes

sabios que embaucan

mis noches sin cargo o coste.

Se me duermen los brazos

soportando los libros, sutiles

y suaves, que demuestran

que la sabiduría no debiera

estar reñida con la brevedad.

Me crujen los párpados con

sonoridades grandilocuentes,

con vástagos de Neruda, con

auxiliares y portafolios de la luna.

Y es que, después de todo,

contar historias, es como contar

almas: su mundo es inacabable.



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