El ojo dorado.

Lebowsky

Poeta que considera el portal su segunda casa
William observó el cadáver de aquél hombre, estaba tendido de una manera extraña, la noche era oscura y el aire desprendía un hedor que lo aterraba en lo más hondo de su ser, tuvo que contener una náusea. Fue a examinar el cuerpo, intrigado.
Su profesión le había enseñado a soportar situaciones similares, pues era un forense con una extensa experiencia profesional. El suelo estaba limpio y nada indicaba señales de una muerte violenta, pero su intuición le decía que tampoco se trataba de una muerte natural. Se acercó con su maleta llena de su instrumental, perfectamente ordenado, se puso los guantes y dio la vuelta al cadáver para verlo de frente.
Le llamó la atención un detalle a primera vista, su cara mostraba un aspecto horroroso, con la boca abierta del todo. La piel estaba verde, indicio de que la putrefacción había comenzado hacía algún tiempo, pero lo más sorprendente fue lo que vio en su ojo izquierdo, era un ojo hecho de oro, una bola dorada cuya retina era de alabastro y con una esmeralda que simulaba ser el iris. William retrocedió al instante, asustado por el descubrimiento, miró a sus espaldas para comprobar que no había nadie en las cercanías. Cuando consiguió tranquilizarse, volvió a mirar al hombre tendido frente a él. Su vestimenta era ordinaria, nada hacía pensar que aquélla joya pudiera pertenecerle, pero ahí estaba aquél ojo que parecía mirarle.
De repente el ojo se movió, William lentamente pero con determinación fue a coger el ojo, para examinarlo de cerca, en aquél momento una multitud de insectos repugnantes salió volando del cuerpo sin vida y se fueron a posar en el forense, rodeándolo por completo.
Días más tarde encontrarían a William, muerto, el ojo dorado estaba situado en su ojo izquierdo.​
 
Gracias por tu amable lectura y comentario querido Évano, en efecto los avariciosos son una plaga peor que la de cualquier insecto, amigo. Te envío un fuerte abrazo con mucho afecto.
 
William observó el cadáver de aquél hombre, estaba tendido de una manera extraña, la noche era oscura y el aire desprendía un hedor que lo aterraba en lo más hondo de su ser, tuvo que contener una náusea. Fue a examinar el cuerpo, intrigado.
Su profesión le había enseñado a soportar situaciones similares, pues era un forense con una extensa experiencia profesional. El suelo estaba limpio y nada indicaba señales de una muerte violenta, pero su intuición le decía que tampoco se trataba de una muerte natural. Se acercó con su maleta llena de su instrumental, perfectamente ordenado, se puso los guantes y dio la vuelta al cadáver para verlo de frente.
Le llamó la atención un detalle a primera vista, su cara mostraba un aspecto horroroso, con la boca abierta del todo. La piel estaba verde, indicio de que la putrefacción había comenzado hacía algún tiempo, pero lo más sorprendente fue lo que vio en su ojo izquierdo, era un ojo hecho de oro, una bola dorada cuya retina era de alabastro y con una esmeralda que simulaba ser el iris. William retrocedió al instante, asustado por el descubrimiento, miró a sus espaldas para comprobar que no había nadie en las cercanías. Cuando consiguió tranquilizarse, volvió a mirar al hombre tendido frente a él. Su vestimenta era ordinaria, nada hacía pensar que aquélla joya pudiera pertenecerle, pero ahí estaba aquél ojo que parecía mirarle.
De repente el ojo se movió, William lentamente pero con determinación fue a coger el ojo, para examinarlo de cerca, en aquél momento una multitud de insectos repugnantes salió volando del cuerpo sin vida y se fueron a posar en el forense, rodeándolo por completo.
Días más tarde encontrarían a William, muerto, el ojo dorado estaba situado en su ojo izquierdo.​
Engancha el relato. Una vez empiezas a leer ya no se puede parar. Me ha gustado, sí, la intriga, el suspense, el misterio, están muy bien servidos. Y el final es genial, con su dosis de moraleja, jajajajaja.
Un fuerte abrazo, querido amigo.
 
Gracias por tu amable lectura y comentario querido José, me alegra que te hayas tomado la molestia de leerte este relato, me dice Palas que se halla aquí conmigo, que te envíe un afectuoso saludo de su parte yo le agrego un fuerte abrazo de los míos compañero.
 
Gracias por tu amable lectura y comentario querido José, me alegra que te hayas tomado la molestia de leerte este relato, me dice Palas que se halla aquí conmigo, que te envíe un afectuoso saludo de su parte yo le agrego un fuerte abrazo de los míos compañero.
¿Palas? ¿Palas Atenea?. ¿Está contigo?. Creía que tú estabas en España, y ella en Sudamérica, creo. Preciosa muchacha, joven, dinámica, jovial, simpática. Recuerdo que en mi anterior etapa en MP ella me comentaba todos los poemas, y eso me alegraba, y le estaba muy agradecido por esa gentileza. Pues dile que recibo ese saludo suyo con mucha alegría, y que yo, le envío mil besos en alas de los vientos.
Y a ti, querido amigo, te envío un muy fuerte abrazo, con mi enhorabuena, mi enhorabuena a los dos, que ambos sois buena gente.
 
William observó el cadáver de aquél hombre, estaba tendido de una manera extraña, la noche era oscura y el aire desprendía un hedor que lo aterraba en lo más hondo de su ser, tuvo que contener una náusea. Fue a examinar el cuerpo, intrigado.
Su profesión le había enseñado a soportar situaciones similares, pues era un forense con una extensa experiencia profesional. El suelo estaba limpio y nada indicaba señales de una muerte violenta, pero su intuición le decía que tampoco se trataba de una muerte natural. Se acercó con su maleta llena de su instrumental, perfectamente ordenado, se puso los guantes y dio la vuelta al cadáver para verlo de frente.
Le llamó la atención un detalle a primera vista, su cara mostraba un aspecto horroroso, con la boca abierta del todo. La piel estaba verde, indicio de que la putrefacción había comenzado hacía algún tiempo, pero lo más sorprendente fue lo que vio en su ojo izquierdo, era un ojo hecho de oro, una bola dorada cuya retina era de alabastro y con una esmeralda que simulaba ser el iris. William retrocedió al instante, asustado por el descubrimiento, miró a sus espaldas para comprobar que no había nadie en las cercanías. Cuando consiguió tranquilizarse, volvió a mirar al hombre tendido frente a él. Su vestimenta era ordinaria, nada hacía pensar que aquélla joya pudiera pertenecerle, pero ahí estaba aquél ojo que parecía mirarle.
De repente el ojo se movió, William lentamente pero con determinación fue a coger el ojo, para examinarlo de cerca, en aquél momento una multitud de insectos repugnantes salió volando del cuerpo sin vida y se fueron a posar en el forense, rodeándolo por completo.
Días más tarde encontrarían a William, muerto, el ojo dorado estaba situado en su ojo izquierdo.​
Saludos Lebo!
Excelente trama,
una obra que atrapa de principio a fin
y ese espeluznante final
con moraleja incluida
un fuerte abrazo y mi huellita
ligiA
 
¿Palas? ¿Palas Atenea?. ¿Está contigo?. Creía que tú estabas en España, y ella en Sudamérica, creo. Preciosa muchacha, joven, dinámica, jovial, simpática. Recuerdo que en mi anterior etapa en MP ella me comentaba todos los poemas, y eso me alegraba, y le estaba muy agradecido por esa gentileza. Pues dile que recibo ese saludo suyo con mucha alegría, y que yo, le envío mil besos en alas de los vientos.
Y a ti, querido amigo, te envío un muy fuerte abrazo, con mi enhorabuena, mi enhorabuena a los dos, que ambos sois buena gente.
Efectivamente amigo, pasé un tiempo con ella en Colombia y ahora estamos aquí en España, te agradecemos ambos tus muestras de cariño, atentamente Lebowsky y Palas.
 
Saludos Lebo!
Excelente trama,
una obra que atrapa de principio a fin
y ese espeluznante final
con moraleja incluida
un fuerte abrazo y mi huellita
ligiA

Gracias por tu amable lectura y comentario estimada Ligia, créeme que alegra tu paso por estas letras. Un saludo con afecto.
 
Efectivamente amigo, pasé un tiempo con ella en Colombia y ahora estamos aquí en España, te agradecemos ambos tus muestras de cariño, atentamente Lebowsky y Palas.
Mi sonrisa para los dos, mis buenos amigos, con mi deseo de que la dicha alfombre vuestro común sendero.
Besos y abrazos a repartir, jajajaja (los besos para ella, jajajajajajaja)
 

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