Busco para iniciarme un noble palo
el salto del pastor es mi descenso
yo me alzo sobre el palo en limpios vuelos.
La pértiga forjada con mis sueños
la clavo con firmeza entre el peñasco,
como un prodigio fiel a mis quimeras.
Y fue que protegiendo mis quimeras
mi fuerza se fraguó puliendo el palo
que en mi alma endurecida cual peñasco
clavara con vigor en su descenso
en él van columpiándose mis sueños,
blancos como gaviotas de altos vuelos
Y conociendo el riesgo de estos vuelos
cautiva soy de anhelos y quimeras
no hay nada con más garra que mis sueños.
Con temple y decisión yo hinco el palo
no importa del barranco su descenso,
sabré sobrevolar cualquier peñasco.
Semillas que germinan el peñasco
viajaron con el viento en rasos vuelos,
fértiles van flotando en su descenso
preñando de esperanzas las quimeras.
Colores de arco iris que en el palo
ondean cual bandera de mis sueños.
El despertar sombrío de mis sueños
me advierte del peligro del peñasco
que no resistirá ni el recio palo,
y podré fracasar en estos vuelos.
Las vanas ilusiones son quimeras,
negras nubes enfrentan mi descenso.
El valor se demuestra en el descenso
llevo a cuestas el lastre de mis sueños,
la ingravidez pueril de mis quimeras,
conozco la dureza del peñasco
y habré de calcular muy bien los vuelos
confiando en la firmeza de mi palo.
¡Bravo palo el que apoya mi descenso!
¡Ya hay sueños floreciendo en el peñasco!
¡Ya se elevan en vuelos mis quimeras!
El salto del palo era una costumbre de los antiguos pastores canarios, que aún se conserva en algunos pueblos de las islas. Con él descendían desde las altas cumbres a los profundos barrancos como auténticos equilibristas, aún a riesgo despeñarse en el intento. Mucho que aprender del temple con el que nuestros pastores se alzaban sin temor sobre el palo en el descenso;Saber descender con dignidad en estos tiempos, sin perder el equipaje de los sueños y procurando que toda quimera eleve el vuelo, es un gran reto.
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