Varelas
Poeta recién llegado
No sé por qué merezco tanta suerte:
Yo pude discernir entre mil mares
a tu travieso y tierno porte de ave.
No sé qué hice de bueno en esta vida,
que puedo yo sentir tu brisa dulce
caer sobre mi cara y es mi vicio.
Tus labios, tus palabras: todo vicio.
Hay quien muere y no vive -mala suerte-
yo vivo por y para el licor dulce
que mana de tu vientre y parte mares,
que envicia, que enaltece, que es mi vida,
tú eres mi jaula de oro, yo tu ave.
Al cielo no surcara ningún ave
por que ser prisionero sería el vicio
del cisne y el faisán toda su vida.
Por esto es que suplico algo de suerte
y Dios quiera no vuele sobre mares
el rumor que es tu pecho jaula dulce.
No sea que una de ellas con un dulce
trinar o con sutiles mañas de ave
destruya lo que no destruyen mares.
Muere la abeja si desprende el vicio,
y encontraría yo mi mala suerte
sin la miel de tu pecho aquí en mi vida.
La flecha es lo que le da al arco vida
y al desierto la lluvia sabe dulce:
es para mí tu jaula buena suerte
y el ser a tus caprichos dócil ave.
Y aunque a veces reñimos, es un vicio
seguido de aterciopelados mares.
Las tardes sólo son cálidos mares
de miel si las endulzas con tu vida,
si me das de tu luz. Tu eco es el vicio
que germina en mi sien un sueño dulce.
Tenerte entre mi brazos como a un ave
amor, no hay en la vida mayor suerte
Tenemos tanta suerte aunque haya mares;
la nuestra es alma de ave y esta vida,
si vamos juntos, dulce y febril vicio.