Hora de dormir y mis ojos ya cansados no desean descansar, el grito del silencio de la noche se mete en mi pecho formando un volcán de angustia que se desborda de mi rostro.
Mi conciencia ha desaparecido de su lugar ya que ahora la cargo sobre mi espalda; pero atravesando todos los días mi músculo cardiaco que hace que la jornada de los ensueños se intensifiquen.
Entonces es ahí que empieza a reproducirse todo como si fuese un sueño realizado. Y es cuando entro y miro todo minuciosamente como si quisiera captarlo para siempre.
Converso sobre los procesos de aniquilación y a la vez me desconcentro de hasta donde pude llegar, el hombre pequeño con cuerpo de quión me invita a pasar muy amablemente aconsejándome que deje el pudor.Me inyecta todas las incontables anestesias pero ni aún así logra dormirme, así que me cuenta su precaria situación sentimental acompañada de desamores.
De pronto siento un desgarro casi terminal en mi cuerpo y lanzo un gemido de dolor del alma.Tarda unos pesados minutos más y yo sigo despierta mientras en el techo me observa una luz la cual no sé si será de mi cargo de conciencia o el infierno que me está invitando a ingresar.
Termino todo; pero viene lo peor la tristeza, el agobio, el arrepentimiento y todo lo que carcome en la mente y las imágenes macabras apareciendo en la memoria.
Después camino largos días bajo la lluvia con vientos huracanados que deseo que me lance a otra dimensión y ser completamente desconocida hasta conmigo misma y es así que llego a un lugar santo donde desbordo mis lágrimas llenas de rabia y eterna tristeza.
Entonces es cuando reacciono y me doy cuenta que alguien me mira fijamente urgida de auxilio de consejo y sigo pasmada como si me hubiera tragado la lengua.
Mi conciencia ha desaparecido de su lugar ya que ahora la cargo sobre mi espalda; pero atravesando todos los días mi músculo cardiaco que hace que la jornada de los ensueños se intensifiquen.
Entonces es ahí que empieza a reproducirse todo como si fuese un sueño realizado. Y es cuando entro y miro todo minuciosamente como si quisiera captarlo para siempre.
Converso sobre los procesos de aniquilación y a la vez me desconcentro de hasta donde pude llegar, el hombre pequeño con cuerpo de quión me invita a pasar muy amablemente aconsejándome que deje el pudor.Me inyecta todas las incontables anestesias pero ni aún así logra dormirme, así que me cuenta su precaria situación sentimental acompañada de desamores.
De pronto siento un desgarro casi terminal en mi cuerpo y lanzo un gemido de dolor del alma.Tarda unos pesados minutos más y yo sigo despierta mientras en el techo me observa una luz la cual no sé si será de mi cargo de conciencia o el infierno que me está invitando a ingresar.
Termino todo; pero viene lo peor la tristeza, el agobio, el arrepentimiento y todo lo que carcome en la mente y las imágenes macabras apareciendo en la memoria.
Después camino largos días bajo la lluvia con vientos huracanados que deseo que me lance a otra dimensión y ser completamente desconocida hasta conmigo misma y es así que llego a un lugar santo donde desbordo mis lágrimas llenas de rabia y eterna tristeza.
Entonces es cuando reacciono y me doy cuenta que alguien me mira fijamente urgida de auxilio de consejo y sigo pasmada como si me hubiera tragado la lengua.