El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Me acompaña esta tarde con su escaso canto,
y su extraño plumaje.
No sé por donde entró,
y temo preguntarle.
Se posó, mientras escribía en mi hombro,
y parece escrutar la pieza de esta pieza suelta,
que tiene la barba tres días,
y las canillas muy flaquitas asomando entre el pantalón y las sandalias.
Me correjía las ges y las jotas.
Me picoteaba tras la oreja,
pero le dí un puñadito de sal del pecho,
y pareció conformarse con eso.
De reojo le miro el afilado pico cada tanto,
mientras intento escribir algo coherente en este mundo lisérgico.
Tengo ganas de ir al baño,
Pero tengo miedo de dejar de escribir,
de moverme.
De preguntarle si es que va a irse por donde vino algún día.
Venga alguien a rescatarme.
y su extraño plumaje.
No sé por donde entró,
y temo preguntarle.
Se posó, mientras escribía en mi hombro,
y parece escrutar la pieza de esta pieza suelta,
que tiene la barba tres días,
y las canillas muy flaquitas asomando entre el pantalón y las sandalias.
Me correjía las ges y las jotas.
Me picoteaba tras la oreja,
pero le dí un puñadito de sal del pecho,
y pareció conformarse con eso.
De reojo le miro el afilado pico cada tanto,
mientras intento escribir algo coherente en este mundo lisérgico.
Tengo ganas de ir al baño,
Pero tengo miedo de dejar de escribir,
de moverme.
De preguntarle si es que va a irse por donde vino algún día.
Venga alguien a rescatarme.