Andreas
Poeta adicto al portal
El pan, el hambre y la mesa
Cuatro hermanitos hambrientos
alrededor de la mesa,
desnuda de tul barato,
roída por la miseria.
De forma habitual las moscas
se posaban sobre ella,
donde tendidos estaban
los granos de azúcar negra.
Endeble se sostenía
sobre sus patas maltrechas,
con el sudor de los años,
ilusión fue de la hoguera.
En un rincón casi al borde
sobre aquella gris meseta,
mendrugo de pan yacía
mordido por laucha hambrienta.
Desértica y desgastada
sin nadie que la acogiera,
solo tiernas manecitas
disputándose la presa,
le rozan sus cuatro lados
en tertulia pendenciera,
y el alboroto se expande,
y cuatro bocas desean,
la migaja que parece
ser riqueza en la pobreza.
El combate ya está armado
entre gritos y peleas,
arañazos, golpes bajos,
pellizcos, en gris galerna.
Los deditos, casi garfios
se entrelazan y se atiesan,
pugnando por el trofeo
que la roedora deja.
Tras minutos de pavura
y de valentía ciega,
al suelo va el disputado
rodando por tierra seca,
y cual soldado en combate
escapando en la frontera,
¡cuerpo a tierra los chiquillos!
se lanzan sin más cautela.
Todos baten contra todos,
coste de supervivencia,
el más fuerte, rey de tronos
con bravura es quien destierra,
mientras el trío exiliado
gemidos mastica y reza.
Los ánimos ya rendidos,
uno vence, otros lamentan
sucumbir ante el tesoro
que dos manitas sujetan.
La guerra que terminada
después de varias contiendas,
reparte en vil desventaja
aquello que tres desean.
Tras segundos consumidos,
y el hambre que no escarmienta,
la puerta del rancho cede,
-la reina materna llega-,
una bolsa que en sus manos
harapientas, desconcierta,
(comida que sabe a gloria),
pan y un trozo de ternera,
cual la loba a sus cachorros
con amor y gozo entrega.
05/18
Andrea
Reservados los todos los derechos de autor.
Cuatro hermanitos hambrientos
alrededor de la mesa,
desnuda de tul barato,
roída por la miseria.
De forma habitual las moscas
se posaban sobre ella,
donde tendidos estaban
los granos de azúcar negra.
Endeble se sostenía
sobre sus patas maltrechas,
con el sudor de los años,
ilusión fue de la hoguera.
En un rincón casi al borde
sobre aquella gris meseta,
mendrugo de pan yacía
mordido por laucha hambrienta.
Desértica y desgastada
sin nadie que la acogiera,
solo tiernas manecitas
disputándose la presa,
le rozan sus cuatro lados
en tertulia pendenciera,
y el alboroto se expande,
y cuatro bocas desean,
la migaja que parece
ser riqueza en la pobreza.
El combate ya está armado
entre gritos y peleas,
arañazos, golpes bajos,
pellizcos, en gris galerna.
Los deditos, casi garfios
se entrelazan y se atiesan,
pugnando por el trofeo
que la roedora deja.
Tras minutos de pavura
y de valentía ciega,
al suelo va el disputado
rodando por tierra seca,
y cual soldado en combate
escapando en la frontera,
¡cuerpo a tierra los chiquillos!
se lanzan sin más cautela.
Todos baten contra todos,
coste de supervivencia,
el más fuerte, rey de tronos
con bravura es quien destierra,
mientras el trío exiliado
gemidos mastica y reza.
Los ánimos ya rendidos,
uno vence, otros lamentan
sucumbir ante el tesoro
que dos manitas sujetan.
La guerra que terminada
después de varias contiendas,
reparte en vil desventaja
aquello que tres desean.
Tras segundos consumidos,
y el hambre que no escarmienta,
la puerta del rancho cede,
-la reina materna llega-,
una bolsa que en sus manos
harapientas, desconcierta,
(comida que sabe a gloria),
pan y un trozo de ternera,
cual la loba a sus cachorros
con amor y gozo entrega.
05/18
Andrea
Reservados los todos los derechos de autor.
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