José A. Guerrero
Poeta que considera el portal su segunda casa

Recuerdo que cuando yo contaba con apenas ocho o nueve años, construí mi primer papalote con carrizo y papel en forma de rombo, pues así lo había visto dibujado en mi libro de texto de cuarto grado; le puse una cola que hice de tiras de trapo y le amarré un hilo de seda que utilizaba mi papá para remendarnos los zapatos.
Ya estaba terminado mi papalote, solo restaba echarlo a volar, e inicié mi tarea de elevarlo. El viento era apropiado pero tras varios intentos, vi que mi papalote daba unos giros descontrolados y luego se venía en picada hacia el suelo, azotando contra este.
Mi papá, que había estado observando mis intentos de elevar mi papalote, se acercó y me dijo que debía atar dos hilos a la varita que había puesto cruzada y unirlos al que estaba atado a la punta para que se sostuviera de tres puntos y así volaría y no se vendría en picada; lo hice, y para mi sorpresa se elevó y se mantuvo sereno; mi papá me dijo que le soltara cuerda poco a poco y tomó una altura considerable. Me sentía realizado al ver volar mi papalote alto y sereno.
Hoy, cuando pienso en eso reflexiono y me doy cuenta que con nosotros pasa lo mismo, pues cuando nos guiamos solo con la mente, (que en este caso sería el hilo que está atado a el vértice superior) y no nos preocupamos por guiarnos con el corazón, (que en este caso serían los dos hilos que están atados a la vara transversal y que en nosotros representa la altura de los hombros y en esa línea queda nuestro corazón) lo más seguro es que andemos dando tumbos por la vida.
En ocasiones presumimos de ser muy francos, muy directos, y no pensamos que si decimos las cosas directamente y no nos tocamos el corazón antes de decirlas, podemos ofender a alguien sin querer.
Esta es la enseñanza que me dejó el volar aquel papalote y el consejo de mi padre, que ahora rememoro, y con la madurez que me dan los años lo relaciono con nuestro diario vivir.
José A. Guerrero. (12 de julio del 2012)
Posdata: Considero que todos los que de alguna forma u otra escribimos y compartimos poesía, reflexiones y/o pensamientos, nos conducimos con y desde el corazón, por lo tanto el mensaje que se cita en esta prosa va encaminado para los que necesiten de esa reflexión.
Para mi, es una forma de manifestar el amor, admiración y agradecimiento que tengo hacia mi padre... Saludos Amigos...
Archivos adjuntos
Última edición: