Sira
Poeta fiel al portal
El paseo de las Delicias
Aquella vez, ya hace mucho,
paseando juntos, cuando escuché
esos lamentos que tal vez tú
menos que nadie tenías el derecho
de decir... De forma inopinada topé
con aquello que más detestaba en mí.
Sin embargo, del mismo modo encontré
que, aquellas fallas heredadas
- esas pisadas emborronadas,
tanto en mi cabeza como en tu alma -
inspiraban cierta ternura que
ni yo misma osaba transgredir.
Qué anciano y frágil te hallé,
padre mío... Mi mentor y mi castigo.
Tan pronto detractor feroz como leal amigo.
Cuántas palabras acerbas, encarnizadas silencié.
Porque aun ahora, a pesar de todo lo ocurrido,
- y otras veces, también muy a pesar mío -
no puedo menos que comprender
que aquel infantil, incondicional cariño
que hacia ti experimenté nunca se fue:
no acabó su andadura en el pasado,
ni tampoco entre los recuerdos del ayer.
Aquella vez, ya hace mucho,
paseando juntos, cuando escuché
esos lamentos que tal vez tú
menos que nadie tenías el derecho
de decir... De forma inopinada topé
con aquello que más detestaba en mí.
Sin embargo, del mismo modo encontré
que, aquellas fallas heredadas
- esas pisadas emborronadas,
tanto en mi cabeza como en tu alma -
inspiraban cierta ternura que
ni yo misma osaba transgredir.
Qué anciano y frágil te hallé,
padre mío... Mi mentor y mi castigo.
Tan pronto detractor feroz como leal amigo.
Cuántas palabras acerbas, encarnizadas silencié.
Porque aun ahora, a pesar de todo lo ocurrido,
- y otras veces, también muy a pesar mío -
no puedo menos que comprender
que aquel infantil, incondicional cariño
que hacia ti experimenté nunca se fue:
no acabó su andadura en el pasado,
ni tampoco entre los recuerdos del ayer.
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