El niño desprecia
lo que el hombre reclama.
Inconsciente del tiempo
y lo que éste le guarda.
Rotan que te rotan
las agujas del alma,
sin poder detenerse
en estación ni parada.
La vieja sombra
sobre la misma estampa,
le hace ovillos
de tiempo y lana.
Se pierde a lo lejos
como la voz que llama,
aquello pasado
que el corazón ansiaba.