jorgeluis
Poeta fiel al portal
EL PATITO FEO (para ti)
No sabias si subir o bajar,
mirar o no mirar,
por no saber no sabías
si estabas en la luna
o en la ciudad,
en cada despertar
mil reproches
frente al espejo,
antes de ser mayor de edad.
Cuando el patito feo
sangraba invisible
a la realidad,
entre miradas y pasos
que te perseguían
sin piedad,
como una lapa
de la que no
te podías librar,
entre collejas y patadas
de crudo invierno
del noventa y seis.
Rogando a Dios
para que llegaran
rápido las dos
y, huir no se sabe
bien donde,
para respirar,
y esperar la ingratitud
del día siguiente,
y de cientos, que impertinente
vendrían cosidos
uno a otro,
sin dar tregua
a tantos meses de infierno,
que pálido aceptabas
sin querer darte cuenta,
pero triturado por dentro.
Que tormento
bajo las órdenes
de esos monstruos inmensos
que en tu timidez
regocijaban su estupidez
ocultando sus complejos,
héroes de barro, adorables
a los ojos pintados
de adolescentes sin cerebro,
los mismos que recordarán
con una sonrisa idiota
aquellos años de
bravatas dementes,
que no tenían razón de ser,
ni como ni porqué
solo se veía que se lo pasaban
muy bien,
haciéndotelo pasar
muy mal,
alevosa crueldad.
No sabias si subir o bajar,
mirar o no mirar,
por no saber no sabías
si estabas en la luna
o en la ciudad,
allá ellos, ahora,
por fortuna esto pasó,
hace más de quince años
la necedad no perdura
cuando arrancas
a dos manos, la amargura
y, el dolor.
Hace justo dos días
te vi y recordé todo esto,
parecías contento,
ibas con tu chica
en el metro,
me alegré de verte,
la alegría te pertenece,
se feliz de veras, lo mereces,
a la hoguera la impiedad.
No sabias si subir o bajar,
mirar o no mirar,
por no saber no sabías
si estabas en la luna
o en la ciudad.
No sabias si subir o bajar,
mirar o no mirar,
por no saber no sabías
si estabas en la luna
o en la ciudad,
en cada despertar
mil reproches
frente al espejo,
antes de ser mayor de edad.
Cuando el patito feo
sangraba invisible
a la realidad,
entre miradas y pasos
que te perseguían
sin piedad,
como una lapa
de la que no
te podías librar,
entre collejas y patadas
de crudo invierno
del noventa y seis.
Rogando a Dios
para que llegaran
rápido las dos
y, huir no se sabe
bien donde,
para respirar,
y esperar la ingratitud
del día siguiente,
y de cientos, que impertinente
vendrían cosidos
uno a otro,
sin dar tregua
a tantos meses de infierno,
que pálido aceptabas
sin querer darte cuenta,
pero triturado por dentro.
Que tormento
bajo las órdenes
de esos monstruos inmensos
que en tu timidez
regocijaban su estupidez
ocultando sus complejos,
héroes de barro, adorables
a los ojos pintados
de adolescentes sin cerebro,
los mismos que recordarán
con una sonrisa idiota
aquellos años de
bravatas dementes,
que no tenían razón de ser,
ni como ni porqué
solo se veía que se lo pasaban
muy bien,
haciéndotelo pasar
muy mal,
alevosa crueldad.
No sabias si subir o bajar,
mirar o no mirar,
por no saber no sabías
si estabas en la luna
o en la ciudad,
allá ellos, ahora,
por fortuna esto pasó,
hace más de quince años
la necedad no perdura
cuando arrancas
a dos manos, la amargura
y, el dolor.
Hace justo dos días
te vi y recordé todo esto,
parecías contento,
ibas con tu chica
en el metro,
me alegré de verte,
la alegría te pertenece,
se feliz de veras, lo mereces,
a la hoguera la impiedad.
No sabias si subir o bajar,
mirar o no mirar,
por no saber no sabías
si estabas en la luna
o en la ciudad.