Sirena que contemplas mi barca
Bajo el mar bravío;
Que te balanceas en las aguas
Y que miras,
Entre la espuma y las rocas,
El brillo del relámpago
Sobre el cielo oscurecido.
Dame tu fuerza,
Dame tu aliento,
Para llegar a mi hogar,
Para llegar a puerto.
Diosa de la profundidad,
Cabellos de oro y de seda,
Ojos en los que cabe
El verde profundo
Del traicionero mar,
Arrástrame a la orilla,
Pues sé que sabes escuchar,
Y un peine de ámbar
Te habré de regalar.
“¡No prometas nada, marinero!
¡Nada me has de pagar!
Yo empujaré tu navío
Con la ayuda del delfín
Para que a tu esposa,
Que espera en la playa,
Puedas abrazar por fin.”
“No quiero llantos
Que yo no pueda enjugar.
No quiero silencios
De voces que ya no puedan cantar”.
“Vuelve por el sendero
Que yo misma he establecido
Y cuando la tormenta se haya extinguido,
Regresa y desafía a tu enemigo
Que aquí he de estar
Para mi bienvenida dar.”
Bajo el mar bravío;
Que te balanceas en las aguas
Y que miras,
Entre la espuma y las rocas,
El brillo del relámpago
Sobre el cielo oscurecido.
Dame tu fuerza,
Dame tu aliento,
Para llegar a mi hogar,
Para llegar a puerto.
Diosa de la profundidad,
Cabellos de oro y de seda,
Ojos en los que cabe
El verde profundo
Del traicionero mar,
Arrástrame a la orilla,
Pues sé que sabes escuchar,
Y un peine de ámbar
Te habré de regalar.
“¡No prometas nada, marinero!
¡Nada me has de pagar!
Yo empujaré tu navío
Con la ayuda del delfín
Para que a tu esposa,
Que espera en la playa,
Puedas abrazar por fin.”
“No quiero llantos
Que yo no pueda enjugar.
No quiero silencios
De voces que ya no puedan cantar”.
“Vuelve por el sendero
Que yo misma he establecido
Y cuando la tormenta se haya extinguido,
Regresa y desafía a tu enemigo
Que aquí he de estar
Para mi bienvenida dar.”