Andysdarling
Poeta asiduo al portal
La ofensa es la creencia o sensación de que alguien te ha herido y por tanto algo te debe, te debe restitución, es decir, el ofensor debe sufrir por lo menos lo mismo que tú, si no más. Así pues debe hincar la rodilla ante tí declarándose culpable para aplacar tu ira.
Nos encontramos en manos del ego poniendo en movimiento el juego del bueno y el malo, iniciando así el juego que mejor juega, el juego de la guerra. Nótese que si creemos tener la potestad de perdonar, por fuerza creeremos entonces tener la potestad de castigar, o al menos de retirar nuestro amor a nuestro hermano lo cual es imposible, pura ilusíón de separatividad.
Este molesto pasajero cree que su punto de vista es el único válido y exige a los demás que se ajusten a él, esto equivale para el ego a la total perfección, perfección que por otra parte cree imposible, en realidad solo utiliza esta exigencia como arma arrojadiza para conseguir que nos hundamos los unos en la culpabilidad y la vergüenza y los otros en la ira, el odio y la venganza, o lo que es lo mismo en la guerra, la desunión y el caos que es su terreno; ahí él gobierna.
Pero el amor, siempre al rescate de las almas torturadas, siempre abriéndose paso a través de los errores que la ignorancia crea y el ego alienta, inventó el perdón para restaurar la verdad que es la inocencia, dándole al perdón la misión de hacer crecer el amor y la compasión, pues el perdón es un acto de amor que restaura la inocencia en tu corazón y en el corazón de tu hermano.
Perdonando entras con tu hermano en el Reino; es la palabra de Jesús. Si esto deseas, a quien te pida perdón, perdona, pues lo que haces a tu hermano a tí mismo te lo haces; y cuando creas haber ofendido a alguien y te sientas culpable, pídele perdón, pide ayuda a tu hermano para que restaure tu inocencia.
El perdón alimenta el amor y el amor crece y te ilumina llenándote de luz que te hace alcanzar la comprensión de que no hay nada que perdonar; relaciónate pues con amor y te verás libre de la cadena del castigo y el perdón, es decir del juego de la guerra.
Más a falta de comprensión perdona, perdona cada día que el perdón es para el alma como una buena ducha, la libera del odio que la ensucia impidiéndola elevarse. Perdona y espera, la comprensión te llegará y cuando comprendas verás desaparecer ante tus ojos como por encanto la tortura de la necesidad de elegir entre castigo y perdón pues dejará de haber ofensa.
No dejes que tus conceptos ni tu memoria sean quienes miren a tu hermano, mira con los ojos de tu ser interno, que tu corazón y tu alma sean quienes hablen, no tus recuerdos. medita en quien te hirió y verás que es amor y belleza, que son los hermosos hijos del Padre, tan queridos para El como tú. Es su palabra. Hazlo regularmente y sobre todo cuando el recuerdo de tus heridas avive el dolor en tu corazón.
Quizás no quieras perdonar por miedo a sufrir de nuevo, más cuando aprendas la lección que la ofensa te trae, ésta dejará de llegar a tí. Perdona pues, perdona y aprende, que toda ofensa es una lección que hay que aprender y no otra cosa.
En mi experiencia la comprensión me ha llegado siempre que me han pedido perdón, ya que no he podido negarlo al ver claro, a la luz de los argumentos que me exponían que el ofensor actuó lo mejor que sabía aunque esto supusiera un daño para mi persona, y que por tanto yo no estaba por encima de quien supuestamente me ofendía.
Mira con amor y te llenarás de comprensión pues el amor es luz que todo lo ilumina.
Solo cuando hayas perdonado todo a todos comprenderás que no había nada que perdonar. Son las paradojas de Dios, lila, hermano, juego divino.
Sonríe y juega, ganarás toneladas de amor, humor y felicidad.
Nos encontramos en manos del ego poniendo en movimiento el juego del bueno y el malo, iniciando así el juego que mejor juega, el juego de la guerra. Nótese que si creemos tener la potestad de perdonar, por fuerza creeremos entonces tener la potestad de castigar, o al menos de retirar nuestro amor a nuestro hermano lo cual es imposible, pura ilusíón de separatividad.
Este molesto pasajero cree que su punto de vista es el único válido y exige a los demás que se ajusten a él, esto equivale para el ego a la total perfección, perfección que por otra parte cree imposible, en realidad solo utiliza esta exigencia como arma arrojadiza para conseguir que nos hundamos los unos en la culpabilidad y la vergüenza y los otros en la ira, el odio y la venganza, o lo que es lo mismo en la guerra, la desunión y el caos que es su terreno; ahí él gobierna.
Pero el amor, siempre al rescate de las almas torturadas, siempre abriéndose paso a través de los errores que la ignorancia crea y el ego alienta, inventó el perdón para restaurar la verdad que es la inocencia, dándole al perdón la misión de hacer crecer el amor y la compasión, pues el perdón es un acto de amor que restaura la inocencia en tu corazón y en el corazón de tu hermano.
Perdonando entras con tu hermano en el Reino; es la palabra de Jesús. Si esto deseas, a quien te pida perdón, perdona, pues lo que haces a tu hermano a tí mismo te lo haces; y cuando creas haber ofendido a alguien y te sientas culpable, pídele perdón, pide ayuda a tu hermano para que restaure tu inocencia.
El perdón alimenta el amor y el amor crece y te ilumina llenándote de luz que te hace alcanzar la comprensión de que no hay nada que perdonar; relaciónate pues con amor y te verás libre de la cadena del castigo y el perdón, es decir del juego de la guerra.
Más a falta de comprensión perdona, perdona cada día que el perdón es para el alma como una buena ducha, la libera del odio que la ensucia impidiéndola elevarse. Perdona y espera, la comprensión te llegará y cuando comprendas verás desaparecer ante tus ojos como por encanto la tortura de la necesidad de elegir entre castigo y perdón pues dejará de haber ofensa.
No dejes que tus conceptos ni tu memoria sean quienes miren a tu hermano, mira con los ojos de tu ser interno, que tu corazón y tu alma sean quienes hablen, no tus recuerdos. medita en quien te hirió y verás que es amor y belleza, que son los hermosos hijos del Padre, tan queridos para El como tú. Es su palabra. Hazlo regularmente y sobre todo cuando el recuerdo de tus heridas avive el dolor en tu corazón.
Quizás no quieras perdonar por miedo a sufrir de nuevo, más cuando aprendas la lección que la ofensa te trae, ésta dejará de llegar a tí. Perdona pues, perdona y aprende, que toda ofensa es una lección que hay que aprender y no otra cosa.
En mi experiencia la comprensión me ha llegado siempre que me han pedido perdón, ya que no he podido negarlo al ver claro, a la luz de los argumentos que me exponían que el ofensor actuó lo mejor que sabía aunque esto supusiera un daño para mi persona, y que por tanto yo no estaba por encima de quien supuestamente me ofendía.
Mira con amor y te llenarás de comprensión pues el amor es luz que todo lo ilumina.
Solo cuando hayas perdonado todo a todos comprenderás que no había nada que perdonar. Son las paradojas de Dios, lila, hermano, juego divino.
Sonríe y juega, ganarás toneladas de amor, humor y felicidad.