Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Tendido en el blanco de tus sabanas blancas,
Pálido, sin respiro y frio, estas inerte,
afuera tus hijas que no arrancan,
el dolor que les causa tanta herida,
abandonadas en espasmos se quedaron,
con la amarga sensación del fin del día.
Una a una entraran al cuarto, a llorar tu muerte.
La primera de las cuatro, se detiene ante tu cama,
y simple en silencio y desbastada,
sus lagrimas sobre tu frente vierte.
La segunda desborda la emoción de la tristeza,
toma tu mano y se reclina sobre ti, llorando
pero se contiene, te consuela y besa,
y te ruega que las cuides suspirando.
La tercera te llama desde el alma,
como cuando niña, papito mío… papito,
y retiene desde el alma un grito,
y se aparta si hallar la calma.
La mas pequeña de tus hijas, en su dolor,
muda te cierra los ojos y te niega a Dios,
quiere retenerte y se cubre con sus brazos,
como buscando un abrazo mas,
Tu estas entre tus sabanas blancas,
y las miras desde lejos en el cuarto…
Pálido, sin respiro y frio, estas inerte,
afuera tus hijas que no arrancan,
el dolor que les causa tanta herida,
abandonadas en espasmos se quedaron,
con la amarga sensación del fin del día.
Una a una entraran al cuarto, a llorar tu muerte.
La primera de las cuatro, se detiene ante tu cama,
y simple en silencio y desbastada,
sus lagrimas sobre tu frente vierte.
La segunda desborda la emoción de la tristeza,
toma tu mano y se reclina sobre ti, llorando
pero se contiene, te consuela y besa,
y te ruega que las cuides suspirando.
La tercera te llama desde el alma,
como cuando niña, papito mío… papito,
y retiene desde el alma un grito,
y se aparta si hallar la calma.
La mas pequeña de tus hijas, en su dolor,
muda te cierra los ojos y te niega a Dios,
quiere retenerte y se cubre con sus brazos,
como buscando un abrazo mas,
Tu estas entre tus sabanas blancas,
y las miras desde lejos en el cuarto…