Anne_
I killed Bukowski.
La tarde que ya no pude sostenerme más del concreto, cerré mis narices y desajuste mis antebrazos y acudí al trueque, con gente que jamás me ha sido gente.
Nunca tuve guías de nada, hasta que conocí los vectores- pero esa es otra historia- a lo que iba, es que debía frenarme, detenerme, pararme, así que regresé, sabía que si me iba a otro lugar sin remordimientos, pues... En fin, regresé un martes, sólo tenía una chompa tejida sucia y con agujeros, zapatillas baratas remendadas por mí misma, un pantalón más sucio y más roto aún, pesaba alrededor de 40 o 42 kilos, tenía temblores, ligeros “tics” por la desintoxicación forzada, las uñas amarillas, el cabello rapado a un lado y los ojos saltones- creo que aún tengo los ojos saltones- como sea, si no tienes equipaje, no puedes viajar, recuerden eso, lo explicaré más adelante- si recuerdo- llevaba una bolsa con más bolsas adentro y pedazos de papel, donde había escrito las cosas que escribí, ah y una tarjeta de crédito, con todo lo que había logrado truequear [o como sea que se diga], lo primero que hice fue ir a una pollería y comer un buen pollo a las brasas con papas fritas, y té, yo tomo té, luego busqué un hotel y dormí.
Al día siguiente fui a la casa de mi niñez, me paré en el bosque, frente a la casa, y sentí un hormigueo recorrer todo mi cuerpo, (es curioso como decimos hormigueo, sin jamás haber tenido hormigas encima), me quité las zapatillas y las dejé en la entrada principal, frente a la puerta, unas zapatillas rotas y cosidas por mí, luego me fui de compras.
Esa misma tarde, alquilé un pequeño departamento en una conocida zona, compré todo, amoblé la casa, busqué un grupo de apoyo para personas en mi condición, y empecé a transcribir todos esos papeles en cuadernos, y cuadernos, conseguí un tratamiento médico especial para mí, y empecé a desintoxicarme.
Si bien es cierto que siempre digo que soy tonta y no leo, no es cierto, una de las consejeras me aconsejó (porque es lo que hacen) que estudiara, dijo “tienes algo que la mayoría no tiene, dinero, haz algo con ello”, así que fui a universidades y averigüé que estudiar. Nunca he tenido, a pesar de todo lo que he vivido, nada contra nadie, o contra todo, y eso es algo que los demás no entienden, porque la idea es emocionarse, como sea, encontré una carrera muy singular, bastante muy específica, y totalmente diabólica.
En mi primer año conocí al que sería y es mi guía académica más grande, ese mismo año, conocí al único ser humano que he amado y que siempre amaré, una figura enclenque, devorada por si misma, que se pasaba las agujas tejiendo palabras frente a los árboles, frente a los barrancos, frente a las ventanas, lo amé, lo amé tanto que morí por él, lo amo, lo amo tanto que ahora vivo sin él…
Ahora le doy independencia a la gente, obteniendo resultados emocionales, a través de estructuras netamente físicas, olvídenlo, no es importante, estoy en el 5 año de mi segunda carrera, peso 50 kilos, y aún tengo “tics”.
El profesor que mencioné vive ahora en España, hace unos meses hablamos y me envió un poema de un escritor peruano, con el que solía abrir sus clases, o mencionar frecuentemente; él siempre decía “uds tienen dos cosas que entender para hacer que todo sea lo que se permita ser: la primera, es que todo se manifiesta en el futuro, y nadie conoce el futuro, y la segunda, es que nadie está en contacto con su naturaleza, eso lo hace más fácil para uds”
Hoy quiero dejar un poema de uno de mis escritores preferidos, no favoritos, preferidos, quisiera dedicarlo a todos mis colegas, y no hablo de escritores, yo no tengo colegas escritores.
Porque terminamos siendo, el diablo,
jamás iremos al infierno.
El poeta conoce la poesía
(Sebastian Salazar Bondy)
PERMITANME decir que la poesía
es una habitación a oscuras, y permítanme también
que confiese que dentro de ella nos sentimos muy
solos,
nos palpamos el cuerpo y lo herimos,
nos quitamos el sombrero y somos estatuas,
nos arrojamos contra las paredes y no las hallamos,
pisamos un agua infinita y aspiramos el olor de la sangre
como si la flor de la vida exhalara en esa soledad
toda su plenitud sin fracasos.
Permítanme, al mismo tiempo, que pregunte,
si un peruano, si un fugitivo de la memoria del hombre
puede sentirse allí como un señor en su jardín,
tomar el té y dar los buenos días a la alegría
Qué equivocados estamos, entonces, qué pálida
es la idea que tenemos de algo tan ardiente y doloroso.
Porque, para ser justos, es necesario que envolvamos
nuestra ropa,
demos fuego a nuestras bibliotecas,
arrojemos al mar las máquinas felices que resuenan
todo el día,
y vayamos al corazón de esa tumba
para sacar de ahí un polvo de siglos que está olvidado
todavía.
No sé si esto será bueno, pero permítanme que diga
que de otro modo la poesía está resultando un poco
tonta.
Nunca tuve guías de nada, hasta que conocí los vectores- pero esa es otra historia- a lo que iba, es que debía frenarme, detenerme, pararme, así que regresé, sabía que si me iba a otro lugar sin remordimientos, pues... En fin, regresé un martes, sólo tenía una chompa tejida sucia y con agujeros, zapatillas baratas remendadas por mí misma, un pantalón más sucio y más roto aún, pesaba alrededor de 40 o 42 kilos, tenía temblores, ligeros “tics” por la desintoxicación forzada, las uñas amarillas, el cabello rapado a un lado y los ojos saltones- creo que aún tengo los ojos saltones- como sea, si no tienes equipaje, no puedes viajar, recuerden eso, lo explicaré más adelante- si recuerdo- llevaba una bolsa con más bolsas adentro y pedazos de papel, donde había escrito las cosas que escribí, ah y una tarjeta de crédito, con todo lo que había logrado truequear [o como sea que se diga], lo primero que hice fue ir a una pollería y comer un buen pollo a las brasas con papas fritas, y té, yo tomo té, luego busqué un hotel y dormí.
Al día siguiente fui a la casa de mi niñez, me paré en el bosque, frente a la casa, y sentí un hormigueo recorrer todo mi cuerpo, (es curioso como decimos hormigueo, sin jamás haber tenido hormigas encima), me quité las zapatillas y las dejé en la entrada principal, frente a la puerta, unas zapatillas rotas y cosidas por mí, luego me fui de compras.
Esa misma tarde, alquilé un pequeño departamento en una conocida zona, compré todo, amoblé la casa, busqué un grupo de apoyo para personas en mi condición, y empecé a transcribir todos esos papeles en cuadernos, y cuadernos, conseguí un tratamiento médico especial para mí, y empecé a desintoxicarme.
Si bien es cierto que siempre digo que soy tonta y no leo, no es cierto, una de las consejeras me aconsejó (porque es lo que hacen) que estudiara, dijo “tienes algo que la mayoría no tiene, dinero, haz algo con ello”, así que fui a universidades y averigüé que estudiar. Nunca he tenido, a pesar de todo lo que he vivido, nada contra nadie, o contra todo, y eso es algo que los demás no entienden, porque la idea es emocionarse, como sea, encontré una carrera muy singular, bastante muy específica, y totalmente diabólica.
En mi primer año conocí al que sería y es mi guía académica más grande, ese mismo año, conocí al único ser humano que he amado y que siempre amaré, una figura enclenque, devorada por si misma, que se pasaba las agujas tejiendo palabras frente a los árboles, frente a los barrancos, frente a las ventanas, lo amé, lo amé tanto que morí por él, lo amo, lo amo tanto que ahora vivo sin él…
Ahora le doy independencia a la gente, obteniendo resultados emocionales, a través de estructuras netamente físicas, olvídenlo, no es importante, estoy en el 5 año de mi segunda carrera, peso 50 kilos, y aún tengo “tics”.
El profesor que mencioné vive ahora en España, hace unos meses hablamos y me envió un poema de un escritor peruano, con el que solía abrir sus clases, o mencionar frecuentemente; él siempre decía “uds tienen dos cosas que entender para hacer que todo sea lo que se permita ser: la primera, es que todo se manifiesta en el futuro, y nadie conoce el futuro, y la segunda, es que nadie está en contacto con su naturaleza, eso lo hace más fácil para uds”
Hoy quiero dejar un poema de uno de mis escritores preferidos, no favoritos, preferidos, quisiera dedicarlo a todos mis colegas, y no hablo de escritores, yo no tengo colegas escritores.
Porque terminamos siendo, el diablo,
jamás iremos al infierno.
El poeta conoce la poesía
(Sebastian Salazar Bondy)
PERMITANME decir que la poesía
es una habitación a oscuras, y permítanme también
que confiese que dentro de ella nos sentimos muy
solos,
nos palpamos el cuerpo y lo herimos,
nos quitamos el sombrero y somos estatuas,
nos arrojamos contra las paredes y no las hallamos,
pisamos un agua infinita y aspiramos el olor de la sangre
como si la flor de la vida exhalara en esa soledad
toda su plenitud sin fracasos.
Permítanme, al mismo tiempo, que pregunte,
si un peruano, si un fugitivo de la memoria del hombre
puede sentirse allí como un señor en su jardín,
tomar el té y dar los buenos días a la alegría
Qué equivocados estamos, entonces, qué pálida
es la idea que tenemos de algo tan ardiente y doloroso.
Porque, para ser justos, es necesario que envolvamos
nuestra ropa,
demos fuego a nuestras bibliotecas,
arrojemos al mar las máquinas felices que resuenan
todo el día,
y vayamos al corazón de esa tumba
para sacar de ahí un polvo de siglos que está olvidado
todavía.
No sé si esto será bueno, pero permítanme que diga
que de otro modo la poesía está resultando un poco
tonta.
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