Muy agradecido por tu pase Héctor alegrándome que haya sido de tu agrado.Buenas letras que describen a un grande...
Cordial saludo
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: Es posible que esta función no esté disponible en algunos navegadores.
Muy agradecido por tu pase Héctor alegrándome que haya sido de tu agrado.Buenas letras que describen a un grande...
Amigo Luis, magnifico despliegue del contexto histórico-literario del poeta Miguel Hernández hecho poesía con tu musa admiradora.![]()
Preciosa la creación magnífica de la inspiración divina.
Preciosa, sin más.
Por la dignidad del hombre y la magnitud inmensa del poeta.
Enhorabuena Luis por tan hermosa elegía.
Un abrazo.
Jon
Intenso homenaje en ese charco de la memoria que se hace contorno
para un formulario de necesidad. hablar del poeta del hombre hacia
esa necesidad para un contorno de valores. felicidades. luzyabsenta
Soberbio homenaje a nuestro grandísimo poeta que quiso, como dices, llamarse barro en ese excelso poema "Me llamo barro aunque Miguel me llame". Ha sido un placer poder disfrutar de este poema que además de disfrutar de una gran altura lírica también es didáctico.![]()
El poeta del Levante
(elegía a Miguel Hernández)
Te llamabas Miguel,
aunque "barro" dijiste llamarte
y ser barro te empeñaste,
eras un pequeño
pastor de cabras
con olor a azahares levantinos,
a estiércol de cuadras,
de tez curtida en montes y valles,
de mirada apagada
llenando de luz caminos sombríos.
¡Miguel!
viste y escribiste,
hablaste y cantaste
con el ruiseñor que habitaba
en tu garganta,
un ruiseñor de incorruptible canto
quien a través del viento
y con el viento
querías llegar a tu pueblo,
un pueblo llamado España
dividido entre fascismo
y comunismo.
¡Amaste!
amaste porque amabas cuanto veías,
porque todo era armonía,
todo era belleza
en la naturaleza.
Amaste la carne,
la dulce sonrisa,
la mejilla de tu mujer amada, Josefina.
Caminaste desplegando bondad,
humildad,
llegaste al cielo
abrazando a la luna
y al lucero
y a las estrellas
mas nunca
sin dejar la tierra.
Tu poesía,
es tierra de ganado,
avena, paja y arena,
viento, agua y barro,
es campo de arrozales,
es huerta de aceitunas
verdes y negras,
es un vaso de fino cristal
lleno de agua,
lleno de vino,
por la noche y por el día,
donde se sacian todos
y tu bebes el vacío.
Tiene el perfume
de campos mojados,
de limoneros,
a sabrosas moras,
el olor de humos de chimeneas,
de hermosas rosas
en tardes de ocasos.
No te fue fácil caminar
por el mundo del verso
en tus comienzos,
fuiste ignorado,
rechazado en tu tierra
por grandes letras,
toda ilusión te fue dada la espalda,
¿Por qué?
¡Cómo podía ser poeta...
un pastor de cabras!
¡Miguel!
fuiste soldado,
sufriste y falleciste
luchando por tu pueblo
con tu arma preferida,
la poesía.
El ruiseñor de tu garganta,
a sabiendas de tu honda pena,
siguió y siguió
cantando, recitando,
alentando a su pueblo,
te fuiste haciendo grande
e importante
hasta que de una tormenta,
brotó un rayo
y ese rayo fue tu cruel batalla,
por tu ideología,
por gritar al viento lo que pensabas
poniéndote en la piel del toro bravo
quien en su bravura
resiste las banderillas y puyazos,
embistiendo al castigador
antes de que la muerte
le haga pedazos.
Ese grito,
puso tu vida al abismo
de la muerte (conmutada,)
fueron treinta años de condena,
siete años de honda pena
ahondándose en tu alma
por herrumbrosas cárceles,
donde los aliados de la muerte
fueron callando,
desangrando tu garganta
languidamente,
hasta que la tuberculosis
calló tu voz por siempre.
Muerto tú, el pastor rebelde,
renacieron con fuerza las letras,
letras escritas con tu pena,
con tu sangre,
pasaras por donde pasases...
Ciudades o calles,
montes o plazas,
se escuchaban
los murmullos de la gente,
entretanto allá arriba
en las estrellas,
con fuerza tu nombre brillaba.
¡Miguel!
Falleciste y falleciste
con la cabeza muy alta,
como tu querías,
cantando y recitando
mientras a la muerte esperabas.
Tú, el pastor de cabras,
el pastor de Orihuela,
el poeta del Levante
por el que nadie apostaba,
¡ya eres grande!
y pese a quien pese
y cuanto le pese,
Miguel Hernández
es tu nombre.
Luis
Derechos reservados
El próximo lunes se cumplen 74 años desde su muerte, buen homenaje le has hecho.
Un abrazo.
Soberbio homenaje a nuestro grandísimo poeta que quiso, como dices, llamarse barro en ese excelso poema "Me llamo barro aunque Miguel me llame". Ha sido un placer poder disfrutar de este poema que además de disfrutar de una gran altura lírica también es didáctico.
Enhorabuena y felicidades por saber engalanar este portal con tu poesía.
Con mi abrazo fuerte.
Me has emocionado, Luis, sí, me has emocionado con tan sublime elegía, emotiva, conmovedora, rica en poesía, alta en sentimiento, fuerte en la denuncia, suave en el amor por lo que Miguel representa, mesurada y álgida a la par. Realmente, yo, a mi entender, la considero una obra maestra, por lo que te felicito. Miguel se sentirá feliz si lee tu poema desde allá por donde transite su esencia.![]()
El poeta del Levante
(elegía a Miguel Hernández)
Te llamabas Miguel,
aunque "barro" dijiste llamarte
y ser barro te empeñaste,
eras un pequeño
pastor de cabras
con olor a azahares levantinos,
a estiércol de cuadras,
de tez curtida en montes y valles,
de mirada apagada
llenando de luz caminos sombríos.
¡Miguel!
viste y escribiste,
hablaste y cantaste
con el ruiseñor que habitaba
en tu garganta,
un ruiseñor de incorruptible canto
quien a través del viento
y con el viento
querías llegar a tu pueblo,
un pueblo llamado España
dividido entre fascismo
y comunismo.
¡Amaste!
amaste porque amabas cuanto veías,
porque todo era armonía,
todo era belleza
en la naturaleza.
Amaste la carne,
la dulce sonrisa,
la mejilla de tu mujer amada, Josefina.
Caminaste desplegando bondad,
humildad,
llegaste al cielo
abrazando a la luna
y al lucero
y a las estrellas
mas nunca
sin dejar la tierra.
Tu poesía,
es tierra de ganado,
avena, paja y arena,
viento, agua y barro,
es campo de arrozales,
es huerta de aceitunas
verdes y negras,
es un vaso de fino cristal
lleno de agua,
lleno de vino,
por la noche y por el día,
donde se sacian todos
y tu bebes el vacío.
Tiene el perfume
de campos mojados,
de limoneros,
a sabrosas moras,
el olor de humos de chimeneas,
de hermosas rosas
en tardes de ocasos.
No te fue fácil caminar
por el mundo del verso
en tus comienzos,
fuiste ignorado,
rechazado en tu tierra
por grandes letras,
toda ilusión te fue dada la espalda,
¿Por qué?
¡Cómo podía ser poeta...
un pastor de cabras!
¡Miguel!
fuiste soldado,
sufriste y falleciste
luchando por tu pueblo
con tu arma preferida,
la poesía.
El ruiseñor de tu garganta,
a sabiendas de tu honda pena,
siguió y siguió
cantando, recitando,
alentando a su pueblo,
te fuiste haciendo grande
e importante
hasta que de una tormenta,
brotó un rayo
y ese rayo fue tu cruel batalla,
por tu ideología,
por gritar al viento lo que pensabas
poniéndote en la piel del toro bravo
quien en su bravura
resiste las banderillas y puyazos,
embistiendo al castigador
antes de que la muerte
le haga pedazos.
Ese grito,
puso tu vida al abismo
de la muerte (conmutada,)
fueron treinta años de condena,
siete años de honda pena
ahondándose en tu alma
por herrumbrosas cárceles,
donde los aliados de la muerte
fueron callando,
desangrando tu garganta
languidamente,
hasta que la tuberculosis
calló tu voz por siempre.
Muerto tú, el pastor rebelde,
renacieron con fuerza las letras,
letras escritas con tu pena,
con tu sangre,
pasaras por donde pasases...
Ciudades o calles,
montes o plazas,
se escuchaban
los murmullos de la gente,
entretanto allá arriba
en las estrellas,
con fuerza tu nombre brillaba.
¡Miguel!
Falleciste y falleciste
con la cabeza muy alta,
como tu querías,
cantando y recitando
mientras a la muerte esperabas.
Tú, el pastor de cabras,
el pastor de Orihuela,
el poeta del Levante
por el que nadie apostaba,
¡ya eres grande!
y pese a quien pese
y cuanto le pese,
Miguel Hernández
es tu nombre.
Luis
Derechos reservados
Me has emocionado, Luis, sí, me has emocionado con tan sublime elegía, emotiva, conmovedora, rica en poesía, alta en sentimiento, fuerte en la denuncia, suave en el amor por lo que Miguel representa, mesurada y álgida a la par. Realmente, yo, a mi entender, la considero una obra maestra, por lo que te felicito. Miguel se sentirá feliz si lee tu poema desde allá por donde transite su esencia.
Quería resaltar unos versos que me llenaron especialmente, pero es que, al seguir leyendo, todos y cada uno de los versos me han llenado especialmente, por lo que tendría que resaltar todo el poema, y tendría que transcribirlo al completo.
Me quito el sombrero, y te rindo pleitesía, por tan hermosa elegía dedicada a uno de los más grandes poetas de todos los tiempos.
Debería haber una estatua a su memoria en cada plaza de cada pueblo de España.
Te dejo un enorme abrazo, con mi cariño y admiración.
Esa belleza y gesto son muy merecidas, querido Luis. Has llevado el sentimiento al ara donde la poesía se adorna de laureles. Tu poema, tu elegía, es para estar enmarcada entre hojas de roble y laurel, y coronarla con guirnaldas de geranios y jazmines. No exagero si reafirmo que tu elegía es una obra maestra, digna de estar en los anales poéticos.Estimado amigo mío, para mi es Un enorme halago el que tú, precisamente quien escribió una maravilla de homenaje a su eterna memoria, me digas estas hermosas palabras que a mi sencillez se le antojan grandes.
Bien dices José que en cada ciudad o pueblo de España debería haber una estatua en su honor. No tengo nada en contra y he leído bastante de Neruda pero leche...siempre barremos para fuera y venga...a hacer una estatua a su poesía...y que hay de Lorca y de Machado por decir algo.
Un fuerte abrazo estimado amigo y muchísimas gracias por la belleza y el gran gesto que has tenido para mis letras.
El próximo lunes se cumplen 74 años desde su muerte, buen homenaje le has hecho.
Un abrazo.
Pues muy bien, pero no entiendo las caritas de pena...Me he perdido participar en un certamen a Miguel Hernández y enviar éste.![]()
Apreciado Luis Prieto: estoy maravillado por disfrutar por completo este poema de tu pluma![]()
El poeta del Levante
(elegía a Miguel Hernández)
Te llamabas Miguel,
aunque "barro" dijiste llamarte
y ser barro te empeñaste,
eras un pequeño
pastor de cabras
con olor a azahares levantinos,
a estiércol de cuadras,
de tez curtida en montes y valles,
de mirada apagada
llenando de luz caminos sombríos.
¡Miguel!
viste y escribiste,
hablaste y cantaste
con el ruiseñor que habitaba
en tu garganta,
un ruiseñor de incorruptible canto
quien a través del viento
y con el viento
querías llegar a tu pueblo,
un pueblo llamado España
dividido entre fascismo
y comunismo.
¡Amaste!
amaste porque amabas cuanto veías,
porque todo era armonía,
todo era belleza
en la naturaleza.
Amaste la carne,
la dulce sonrisa,
la mejilla de tu mujer amada, Josefina.
Caminaste desplegando bondad,
humildad,
llegaste al cielo
abrazando a la luna
y al lucero
y a las estrellas
mas nunca
sin dejar la tierra.
Tu poesía,
es tierra de ganado,
avena, paja y arena,
viento, agua y barro,
es campo de arrozales,
es huerta de aceitunas
verdes y negras,
es un vaso de fino cristal
lleno de agua,
lleno de vino,
por la noche y por el día,
donde se sacian todos
y tu bebes el vacío.
Tiene el perfume
de campos mojados,
de limoneros,
a sabrosas moras,
el olor de humos de chimeneas,
de hermosas rosas
en tardes de ocasos.
No te fue fácil caminar
por el mundo del verso
en tus comienzos,
fuiste ignorado,
rechazado en tu tierra
por grandes letras,
toda ilusión te fue dada la espalda,
¿Por qué?
¡Cómo podía ser poeta...
un pastor de cabras!
¡Miguel!
fuiste soldado,
sufriste y falleciste
luchando por tu pueblo
con tu arma preferida,
la poesía.
El ruiseñor de tu garganta,
a sabiendas de tu honda pena,
siguió y siguió
cantando, recitando,
alentando a su pueblo,
te fuiste haciendo grande
e importante
hasta que de una tormenta,
brotó un rayo
y ese rayo fue tu cruel batalla,
por tu ideología,
por gritar al viento lo que pensabas
poniéndote en la piel del toro bravo
quien en su bravura
resiste las banderillas y puyazos,
embistiendo al castigador
antes de que la muerte
le haga pedazos.
Ese grito,
puso tu vida al abismo
de la muerte (conmutada,)
fueron treinta años de condena,
siete años de honda pena
ahondándose en tu alma
por herrumbrosas cárceles,
donde los aliados de la muerte
fueron callando,
desangrando tu garganta
languidamente,
hasta que la tuberculosis
calló tu voz por siempre.
Muerto tú, el pastor rebelde,
renacieron con fuerza las letras,
letras escritas con tu pena,
con tu sangre,
pasaras por donde pasases...
Ciudades o calles,
montes o plazas,
se escuchaban
los murmullos de la gente,
entretanto allá arriba
en las estrellas,
con fuerza tu nombre brillaba.
¡Miguel!
Falleciste y falleciste
con la cabeza muy alta,
como tu querías,
cantando y recitando
mientras a la muerte esperabas.
Tú, el pastor de cabras,
el pastor de Orihuela,
el poeta del Levante
por el que nadie apostaba,
¡ya eres grande!
y pese a quien pese
y cuanto le pese,
Miguel Hernández
es tu nombre.
Luis
Derechos reservados
Sin duda alguna, Luis, un colosal homenaje poético el que nos muestras a traves de estos extraordinarios versos. A buen seguro que Miguel se sentiria muy honrado con tamaña dedicatoria.
Enhorabuena, mi amigo.
Hermoso homenaje al gran poeta. Lo iba leyendo y lo imaginé por esos campos. Sigue vivo en su poesía y en los corazones de aquellos quienes lo admiran. Me gusta mucho tu poema. Saludos y Bendiciones.
Felicidades por tan bello y sentido homenaje.![]()
El poeta del Levante
(elegía a Miguel Hernández)
Me llamo barro aunque Miguel me llame...
Miguel Hernández
Te llamabas Miguel,
aunque "barro" dijiste llamarte
y ser barro te empeñaste.
Eras un pequeño
pastor de cabras
con olor a azahares levantinos,
a estiércol de cuadras,
de tez curtida en montes y valles,
de mirada apagada
llenando de luz
caminos sombríos.
¡Miguel!
viste y escribiste,
hablaste y cantaste
con el ruiseñor que habitaba
en tu garganta,
un ruiseñor de incorruptible canto
quien a través del viento
y con el viento
querías llegar a tu pueblo,
un pueblo llamado España
dividido entre fascismo
y comunismo.
¡Amaste!
amaste porque amabas cuanto veías,
porque todo era armonía,
todo era belleza
en la naturaleza.
Amaste la carne,
la dulce sonrisa,
la mejilla de tu mujer amada Josefina.
Caminaste desplegando bondad,
humildad,
llegaste al cielo
abrazando a la luna
y al lucero
y a las estrellas
mas nunca
sin dejar la tierra.
Tu poesía,
es tierra de ganado,
avena, paja y arena,
viento, agua y barro,
es campo de arrozales,
huerta de aceitunas
verdes y negras,
es un vaso de fino cristal
lleno de agua,
lleno de vino,
por la noche y por el día,
donde se sacian todos
y tu bebes el vacío.
Tiene el perfume
de campos mojados,
de limoneros,
a sabrosas moras,
el olor de humos de chimeneas,
de hermosas rosas
en tardes de ocasos.
No te fue fácil caminar
por el mundo del verso
en tus comienzos,
fuiste ignorado,
rechazado en tu tierra
por grandes letras,
toda ilusión te fue dada la espalda,
¿Por qué?
¡Cómo podía ser poeta...
un pastor de cabras!
¡Miguel!
fuiste soldado,
sufriste y falleciste
luchando por tu pueblo
con tu arma preferida,
la poesía.
El ruiseñor de tu garganta,
a sabiendas de tu honda pena,
siguió y siguió
cantando, recitando,
alentando a su pueblo.
Te fuiste haciendo grande
e importante
hasta que de una tormenta,
brotó un rayo
y ese rayo fue tu cruel batalla,
por tu ideología,
por gritar al viento lo que pensabas
poniéndote en la piel del toro bravo
quien en su bravura
resiste banderillas y puyazos,
embistiendo al castigador
antes de que la muerte
le haga pedazos.
Ese grito,
puso tu vida al abismo
de la muerte (conmutada,)
fueron treinta años de condena,
siete años de honda pena
ahondándose en tu alma
por herrumbrosas cárceles,
donde los aliados de la muerte
fueron callando,
desangrando tu garganta
languidamente,
hasta que la tuberculosis
calló tu voz por siempre.
Muerto tú, el pastor rebelde,
renacieron con fuerza las letras,
letras escritas con tu pena,
con tu sangre,
pasaras por donde pasases...
Ciudades o calles,
montes o plazas,
se podía escuchar
el murmurar de la gente...
entretanto allá arriba
en las estrellas,
con fuerza tu nombre brillaba.
¡Miguel!
Falleciste y falleciste
con la cabeza muy alta,
como tu querías,
cantando y recitando
mientras a la muerte esperabas.
Tú, el pastor de cabras,
el pastor de Orihuela,
el poeta del Levante
por el que nadie apostaba,
¡ya eres grande!
y pese a quien pese
y cuanto le pese,
Miguel Hernández
es tu nombre.
Luis
Derechos reservados
Felicidades por tan bello y sentido homenaje.
Un gusto.
Saludos cordiales
que original homenaje nos dejas, no conocía a este personaje, saludos amigo, besos![]()
El poeta del Levante
(elegía a Miguel Hernández)
Me llamo barro aunque Miguel me llame...
Miguel Hernández
Te llamabas Miguel,
aunque "barro" dijiste llamarte
y ser barro te empeñaste.
Eras un pequeño
pastor de cabras
con olor a azahares levantinos,
a estiércol de cuadras,
de tez curtida en montes y valles,
de mirada apagada
llenando de luz
caminos sombríos.
¡Miguel!
viste y escribiste,
hablaste y cantaste
con el ruiseñor que habitaba
en tu garganta,
un ruiseñor de incorruptible canto
quien a través del viento
y con el viento
querías llegar a tu pueblo,
un pueblo llamado España
dividido entre fascismo
y comunismo.
¡Amaste!
amaste porque amabas cuanto veías,
porque todo era armonía,
todo era belleza
en la naturaleza.
Amaste la carne,
la dulce sonrisa,
la mejilla de tu mujer amada Josefina.
Caminaste desplegando bondad,
humildad,
llegaste al cielo
abrazando a la luna
y al lucero
y a las estrellas
mas nunca
sin dejar la tierra.
Tu poesía,
es tierra de ganado,
avena, paja y arena,
viento, agua y barro,
es campo de arrozales,
huerta de aceitunas
verdes y negras,
es un vaso de fino cristal
lleno de agua,
lleno de vino,
por la noche y por el día,
donde se sacian todos
y tu bebes el vacío.
Tiene el perfume
de campos mojados,
de limoneros,
a sabrosas moras,
el olor de humos de chimeneas,
de hermosas rosas
en tardes de ocasos.
No te fue fácil caminar
por el mundo del verso
en tus comienzos,
fuiste ignorado,
rechazado en tu tierra
por grandes letras,
toda ilusión te fue dada la espalda,
¿Por qué?
¡Cómo podía ser poeta...
un pastor de cabras!
¡Miguel!
fuiste soldado,
sufriste y falleciste
luchando por tu pueblo
con tu arma preferida,
la poesía.
El ruiseñor de tu garganta,
a sabiendas de tu honda pena,
siguió y siguió
cantando, recitando,
alentando a su pueblo.
Te fuiste haciendo grande
e importante
hasta que de una tormenta,
brotó un rayo
y ese rayo fue tu cruel batalla,
por tu ideología,
por gritar al viento lo que pensabas
poniéndote en la piel del toro bravo
quien en su bravura
resiste banderillas y puyazos,
embistiendo al castigador
antes de que la muerte
le haga pedazos.
Ese grito,
puso tu vida al abismo
de la muerte (conmutada,)
fueron treinta años de condena,
siete años de honda pena
ahondándose en tu alma
por herrumbrosas cárceles,
donde los aliados de la muerte
fueron callando,
desangrando tu garganta
languidamente,
hasta que la tuberculosis
calló tu voz por siempre.
Muerto tú, el pastor rebelde,
renacieron con fuerza las letras,
letras escritas con tu pena,
con tu sangre,
pasaras por donde pasases...
Ciudades o calles,
montes o plazas,
se podía escuchar
el murmurar de la gente...
entretanto allá arriba
en las estrellas,
con fuerza tu nombre brillaba.
¡Miguel!
Falleciste y falleciste
con la cabeza muy alta,
como tu querías,
cantando y recitando
mientras a la muerte esperabas.
Tú, el pastor de cabras,
el pastor de Orihuela,
el poeta del Levante
por el que nadie apostaba,
¡ya eres grande!
y pese a quien pese
y cuanto le pese,
Miguel Hernández
es tu nombre.
Luis
Derechos reservados
que original homenaje nos dejas, no conocía a este personaje, saludos amigo, besos
MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.
♥ Hacer una donación