EL POETA DURMIENTE
¿Acaso no oíste cuando el Tiempo te llamaba,
acaso la ausencia de tus dedos del drama
que recorría las teclas del piano
no te permitió el estremecimiento y el gozo?
¡Ay de tí, poeta como virgen descuidada
que no esperas despierto la llegada de tu amada!
Duermes en la urdimbre que tejen las raíces
en el subsuelo del odio.
Duermes, con un sueño braquicéfalo
ignorando las nuevas luces que iluminan
las marítimas avenidas.
Duermes, poeta, cenitalmente apagado.
Te conocí -eran tiempos más difíciles para la poesía-
reclamabas la lucha y la armadura,
combatiendo por la idea y el vocablo.
Eras la sangre de la roca que vigilaba los pulsos del Tiempo.
Y el Tiempo te llamó desde la altura invertida
de ese mar que bien conoces, pero tú dormías.
Ahora buscarías en esos que fueron prados nutricios
y hoy desiertos apagados en tristes atardeceres,
en las praderas magníficas, hoy defecadas por histriones,
holladas por hembras de tristes perfumes y mejillas de albayalde.
Duerme, poeta, entre las raigambres pútridas.
No despiertes hasta oír el clarín desmemoriado.
¿Acaso no oíste cuando el Tiempo te llamaba,
acaso la ausencia de tus dedos del drama
que recorría las teclas del piano
no te permitió el estremecimiento y el gozo?
¡Ay de tí, poeta como virgen descuidada
que no esperas despierto la llegada de tu amada!
Duermes en la urdimbre que tejen las raíces
en el subsuelo del odio.
Duermes, con un sueño braquicéfalo
ignorando las nuevas luces que iluminan
las marítimas avenidas.
Duermes, poeta, cenitalmente apagado.
Te conocí -eran tiempos más difíciles para la poesía-
reclamabas la lucha y la armadura,
combatiendo por la idea y el vocablo.
Eras la sangre de la roca que vigilaba los pulsos del Tiempo.
Y el Tiempo te llamó desde la altura invertida
de ese mar que bien conoces, pero tú dormías.
Ahora buscarías en esos que fueron prados nutricios
y hoy desiertos apagados en tristes atardeceres,
en las praderas magníficas, hoy defecadas por histriones,
holladas por hembras de tristes perfumes y mejillas de albayalde.
Duerme, poeta, entre las raigambres pútridas.
No despiertes hasta oír el clarín desmemoriado.
Ilust.: "Las reflexiones de un paseante solitario". Rene Magritte, 1.926
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