Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
El silencio se rompe como
pétalos secos caídos al suelo
del jardín que en mis palabras desnuda la flora.
El ruido de la vida
que no calla el goteo de un grifo herido de suero combustible anestesiando
el dolor de los partos.
Allí en ese paritorio de sustancias que doran el reflejo de la belleza pulida
como áureas de compás
poético naciendo del paréntesis que cada estación muda,
la erosión de su rostro umbilicado de síntesis herencia de calor y brillo
amor que riega vocabularios de expresa realidad.
La mujer nos habita.
La madre nos habita
medidora del porcentaje que une medias horas
del sentir de nuestra femineidad que no capitula ante la brizna
de la semilla masculina.
Cincuenta por ciento delicadeza de una poesía rodeada de persona como monda de una naranja partida en dos
y llena de toda la aventura de encontrar su otra mitad.
Plena del ruido de la realización firmada en su infinidad por el poeta y su musa.
pétalos secos caídos al suelo
del jardín que en mis palabras desnuda la flora.
El ruido de la vida
que no calla el goteo de un grifo herido de suero combustible anestesiando
el dolor de los partos.
Allí en ese paritorio de sustancias que doran el reflejo de la belleza pulida
como áureas de compás
poético naciendo del paréntesis que cada estación muda,
la erosión de su rostro umbilicado de síntesis herencia de calor y brillo
amor que riega vocabularios de expresa realidad.
La mujer nos habita.
La madre nos habita
medidora del porcentaje que une medias horas
del sentir de nuestra femineidad que no capitula ante la brizna
de la semilla masculina.
Cincuenta por ciento delicadeza de una poesía rodeada de persona como monda de una naranja partida en dos
y llena de toda la aventura de encontrar su otra mitad.
Plena del ruido de la realización firmada en su infinidad por el poeta y su musa.
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