Nommo
Poeta veterano en el portal
Minusvalorado,
pero siempre, humano y divino,
para atinar en el centro de la diana, con mis dardos,
acudiendo a almorzar, a un restaurante chino.
Me coloco y me acomodo. Pago escasamente, por la mucha comida.
Es mediocre mi vestimenta, así como mis andares.
No tengo porte ni distinción aristocrática.
Soy un pelele, un mindundi, un hazme-reír...
Y lo entiendo. Dios es un corazón blanco-azulado, que se manifiesta y está latiendo.
Y quisiéramos refugiarnos en un cuadro al óleo.
Querríamos evitar el encuentro con la Gran Gloria, que es Verbo, año y obra.
Es esqueleto, en el cuerpo humano, y el ojo que todo lo ve, en la pirámide egipcia.
Pero el disfrute es a través de la obra. Por ello, sufro.
Obras son amores, y no buenas razones. Y no soy autor, aún. Sólo un testigo.
He visto grandes obras arquitectónicas y de dibujo técnico.
He presenciado auténticas joyas robustas como el diamante impenetrable y digno.
Me he sentido compañero de los templos religiosos europeos.
Camino de las iglesias y parroquias que prometen redenciones.
Soy una oveja negra que lee los Evangelios, que versan sobre el Mesías.
Y no me gusta el Infierno. Soy hijo pródigo. No soy, pues, un niño prodigio...
pero siempre, humano y divino,
para atinar en el centro de la diana, con mis dardos,
acudiendo a almorzar, a un restaurante chino.
Me coloco y me acomodo. Pago escasamente, por la mucha comida.
Es mediocre mi vestimenta, así como mis andares.
No tengo porte ni distinción aristocrática.
Soy un pelele, un mindundi, un hazme-reír...
Y lo entiendo. Dios es un corazón blanco-azulado, que se manifiesta y está latiendo.
Y quisiéramos refugiarnos en un cuadro al óleo.
Querríamos evitar el encuentro con la Gran Gloria, que es Verbo, año y obra.
Es esqueleto, en el cuerpo humano, y el ojo que todo lo ve, en la pirámide egipcia.
Pero el disfrute es a través de la obra. Por ello, sufro.
Obras son amores, y no buenas razones. Y no soy autor, aún. Sólo un testigo.
He visto grandes obras arquitectónicas y de dibujo técnico.
He presenciado auténticas joyas robustas como el diamante impenetrable y digno.
Me he sentido compañero de los templos religiosos europeos.
Camino de las iglesias y parroquias que prometen redenciones.
Soy una oveja negra que lee los Evangelios, que versan sobre el Mesías.
Y no me gusta el Infierno. Soy hijo pródigo. No soy, pues, un niño prodigio...
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