Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuatro caballos se asoman
al brocal de los pesares,
de tiempo, son las espuelas
los bocados y ataharres.
Las sillas, de cuero viejo
que no quiere montar nadie.
Desde el pozo de la pena
miro, sin mirar la calle.
Porque tus ojos sombríos
me envuelve con tanto lastre
que quedo hundida en tu pozo
y no hay soga que me saque.
Anoche, asomó la luna
al borde de los pesares
y se me desbocó el alma
entre blancos alazanes.
Fusta de rayos de luna
azotan sobre mis carnes
y como una gata herida
asalto el tiempo y el aire.
Y a voces pido una sogas
que de ese pozo me saque
porque el pozo donde te hundes,
ni es mi pozo, ni es mi lastre
al brocal de los pesares,
de tiempo, son las espuelas
los bocados y ataharres.
Las sillas, de cuero viejo
que no quiere montar nadie.
Desde el pozo de la pena
miro, sin mirar la calle.
Porque tus ojos sombríos
me envuelve con tanto lastre
que quedo hundida en tu pozo
y no hay soga que me saque.
Anoche, asomó la luna
al borde de los pesares
y se me desbocó el alma
entre blancos alazanes.
Fusta de rayos de luna
azotan sobre mis carnes
y como una gata herida
asalto el tiempo y el aire.
Y a voces pido una sogas
que de ese pozo me saque
porque el pozo donde te hundes,
ni es mi pozo, ni es mi lastre
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