Gamora
Exp..
Se puso a recitar versos de Bécquer
a las doce en punto de la noche
cuando el toque de queda
aún era sinónimo de políticas fachas,
y princesas y brujas
llegábamos a casa sin ninguna presión
más que la intempestiva y habitual
llamada de teléfono de nuestros padres
desde la vieja España
controlando a la niña, libre gracias a Erasmus.
Había un gilipollas,
solo uno en todo Amsterdan
entre tanto español, que no insistía
en llevarme a la cama de primeras
y me tocó aguantarlo.
Llovía, cero grados,
un viento insoportable.
Yo, bajo su paraguas, con los pies ateridos
a punto de soltar un improperio
mirando de reojo por si se nos cruzara
como un milagro, un taxi.
Con tanta mala hostia
sobre el precioso Blauwbrug
solo se me ocurría meterle por el culo
las Rimas y Leyendas
y las obras completas de Shakespeare.
Es verdad. Lo confieso.
Lo besé. Hacía frío.
a las doce en punto de la noche
cuando el toque de queda
aún era sinónimo de políticas fachas,
y princesas y brujas
llegábamos a casa sin ninguna presión
más que la intempestiva y habitual
llamada de teléfono de nuestros padres
desde la vieja España
controlando a la niña, libre gracias a Erasmus.
Había un gilipollas,
solo uno en todo Amsterdan
entre tanto español, que no insistía
en llevarme a la cama de primeras
y me tocó aguantarlo.
Llovía, cero grados,
un viento insoportable.
Yo, bajo su paraguas, con los pies ateridos
a punto de soltar un improperio
mirando de reojo por si se nos cruzara
como un milagro, un taxi.
Con tanta mala hostia
sobre el precioso Blauwbrug
solo se me ocurría meterle por el culo
las Rimas y Leyendas
y las obras completas de Shakespeare.
Es verdad. Lo confieso.
Lo besé. Hacía frío.
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