Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amigo, no sé si por desgracia o privilegio,
mi espíritu siempre fue un relámpago.
Y no puedo con él, por más que lo intento.
¡Soy un títere de mi espíritu!:
Si caigo, me levanta de los pelos,
me acomoda una sonrisa de ironía
y me obliga a transitar erguido y altanero
(aunque al cruzarme con la que ya no me ama,
haga implosión mi fe, desdicha adentro).
Mi espíritu, ¡siempre fue un relámpago!
Palideces, amigo. ¿Es lo que cuento?
¡Ah!, que casi te mata lo mal que escribo…
Dije relámpago y me descubro rayo, compañero.
Agradece a mi celeridad y síntesis de limpio impacto
a tu buen gusto, el breve daño de mis versos;
un poema extenso te hubiera matado.
¿Qué me imploras tocándote el pecho?
¿Ambulancia? ¡Enseguida te la llamo!
Mientras, procuro mantenerme en trueno.
mi espíritu siempre fue un relámpago.
Y no puedo con él, por más que lo intento.
¡Soy un títere de mi espíritu!:
Si caigo, me levanta de los pelos,
me acomoda una sonrisa de ironía
y me obliga a transitar erguido y altanero
(aunque al cruzarme con la que ya no me ama,
haga implosión mi fe, desdicha adentro).
Mi espíritu, ¡siempre fue un relámpago!
Palideces, amigo. ¿Es lo que cuento?
¡Ah!, que casi te mata lo mal que escribo…
Dije relámpago y me descubro rayo, compañero.
Agradece a mi celeridad y síntesis de limpio impacto
a tu buen gusto, el breve daño de mis versos;
un poema extenso te hubiera matado.
¿Qué me imploras tocándote el pecho?
¿Ambulancia? ¡Enseguida te la llamo!
Mientras, procuro mantenerme en trueno.
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