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El reencuentro - relato terminado

Tema en 'Relatos extensos (novelas...)' comenzado por Manolo Martínez, 7 de Enero de 2019. Respuestas: 0 | Visitas: 29

  1. Manolo Martínez

    Manolo Martínez Poeta fiel al portal

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    Hombre
    El reencuentro

    Introducción

    Compartimos la misma suerte y destino de aquellas flores que crecen silvestres en el campo: la vida es nuestra “única primavera”.
    Por eso, antes de que se marchite nuestra efímera existencia, disfrutemos del color de la amistad, el perfume de la esperanza y el sol del amor…


    Aquí les va mi relato…

    I
    Qué suerte que ya están llegando, porque para decir verdad, tenía un poquito de miedo. Aunque este tema de las invitaciones parecía más difícil, gracias a la tecnología de hoy todo ha sido más fácil. Me han dicho que no las haga con tarjetas y sobres porque eso ya no se usaba; y yo, bien obediente, les hice caso.
    A los que tenía más cerca los llamé por teléfono; a otros en cambio, les mandé mensajes de texto. También aproveché a aquellos que manejan “correo electrónico” y les pedí que hicieran extensiva la noticia de este evento.
    De lo demás no tuve que preocuparme, ya que a medida que confirmaban su asistencia, cada uno ofreció algo y entre todos colaboramos para que hoy salga todo fenomenal.
    Hasta recibí una caja llena de globos, trompetitas, mascaritas hechas de papel brilloso y serpentinas. Seguro que algún “abreboca” se confundió y pensó que sería un cumpleaños. No interesa mucho quien la mandó, lo que sí sería lindo es que la podamos utilizar.
    El salón ya está preparado, limpio y adornado. Las sillas y las mesas nos las prestaron los “loberos y truqueros”. Por lo que sé, algunos de ellos estarán también presentes.
    Se me hace que aquí se va armar una fiesta bárbara… no sé… digo nomás… a lo mejor…


    II

    Estaba tranquilito preparando las mesas y de repente: se salió de mí el “tunturucho”. Así somos nosotros los salteños, así soy yo: cuando nos enamoramos nos ponemos bien “opas”. Ven ustedes, acá estoy con mi cara embobada, sin reaccionar, y todo a causa de la emoción.
    Cómo no emocionarme si la primera en llegar es
    Angélica… sí… ella… la “Negra” como la conocen todos, como la llamo yo desde siempre.
    Y llegó para el “infarto”: dentro de camisita blanca con bordados celestes, con una falda recontra cortita color azul y unos zapatos negros con taco que le dejan la cola bien paradita; el cabello todo suelto, ondulado, de un color parecido al caramelo cuando se derrite; su rostro bronceado, su piel suave y brillosa… y con sus ojos bellos… y su boca roja… y su perfume excitante… y su belleza sin fin… sin fin… sin fin…
    Ella… mi “Negrita”, mi “miel de abejas”, mi “nuez confitada”, mi enamorada de niño, quien siempre me gustó por su belleza y ternura, por su inteligencia y su buena persona.
    Cuando niña, era tímida, callada y siempre estaba pensativa. Es que sus padres se habían divorciado porque el papá le pegaba a la mamá. Parece que ése era el motivo que la hacía ser así.
    Pero pasó el tiempo y los años la cambiaron: la hicieron fuerte. Se transformó en una mujer segura de sí misma, alegre, llena de amigos, generosa, entregada a los problemas de los demás.
    Hoy es una trabajadora incansable que siempre está buscando superarse, siempre intentando alcanzar nuevas metas.
    Puedo asegurarles sin ninguna duda, que sin su ayuda y colaboración, esta reunión no hubiese sido posible.
    Con decirles, que ahora a la Negra le gusta hablar con todos… pero el detalle es que “habla hasta por los codos”… y no hay quien pueda callarla…


    III
    Como les iba contando, de a poquitos empiezan a llegar. Entre tantos nervios, mientras ultimábamos detalles, la
    Negra me pidió el favor de que me encargase, entre otras cosas, de la recepción de los amigos. Por un momento, al verla ir y venir moviendo sus “caderas”, me olvidé de todo lo que estaba haciendo y me acordé como si fuera ayer, tan sólo ayer, de aquello que tanto me hizo sufrir: cuando ella se fue a vivir a Tartagal con su mamá. Fue allí en donde ella creció y estudió… allí…lejos de mí.
    Yo me quedé en el barrio sin comprender siquiera lo que sucedía. Con mi familia, mis amigos, la escuela, el club, pero sin ella. Dolorosamente… sin ella.
    Hoy lo comprendo todo: era un niño alegre pero triste; había quedado sin “mi primer amor” entrando a la adolescencia.
    Nos volvimos a ver mucho tiempo después; fue en el Comercial “Adolfo Güemes” y, para decir verdad de la ocasión, por un momento y de tanto “arder”, se me derritió enterito el corazón… el corazón que aún llevaba de ese niño enamorado…
    De esa forma, y después de tanto esperarla, llegaron los años dichosos… convulsionados pero dichosos: cuando la Negra fue totalmente mía, y yo totalmente suyo… y fuimos por fin felices…
    Y resulta que ahora la tengo junto a mí, que casi me infarto por su culpa, organizando un montón de tareas, mirándola como va y viene moviendo “sus caderas”…

    IV
    De un taxi, sacando la manito y saludando como una “diva famosa”, desciende
    Azucena, “la del nombre de flor”; así le decíamos inocentemente cuando niños. También éramos crueles y le decíamos “la saltarina”. Lo que sucede, es que nunca pude olvidarme de ella por aquel triste episodio que tuvo que soportar, cuando jugando entre niñas al elástico, se enganchó y lastimó seriamente su rodilla y, al llegar apurados a la salita de primeros auxilios, no se encontraba el médico de guardia -solamente una enfermera- ni había insumos mínimos como alcohol y venda para curar su pierna.
    Pero éramos chicos y no tomábamos en cuenta esas falencias y negligencias. Aunque estuvo sólo un par de días sin salir a jugar, pasó mucho tiempo en animarse a saltar nuevamente; ni que pensar en andar en bici o jugar a las pilladas; Fue entonces, que desde esa vez que le quedó: “la saltarina”.
    Se está abrazando con la Negra. Se separan, se ríen, se miran de arriba abajo… y se vuelven a abrazar… Qué se estarán diciendo… uy… uy… uy… uy… de qué se estarán acordando…


    V
    No sé por donde llegó pero allí está
    Gustavo, como siempre lo conocimos, muy bien vestido. Vino con su esposa y sus dos hijas. Recuerdo que “el gomina” o “el glostora” -esos eran sus apodos-, repitió el primer grado y no quería ir a la escuela por ningún motivo. Tiempo después sus padres se enteraron que, en el colegio privado donde concurría, sus compañeritos “lo hacían de menos” y le decían que era “negrito y pobre”.
    Nosotros salíamos de la escuela y nos sacábamos los delantales, los hacíamos un “bollo” y en el piso hacían de “arco” cuando jugábamos a la pelota. En cambio “Gustavito”, volvía todo engominado y con su corbatita derechito a su casa. Pobre de él si se quedaba un rato a ensuciarse con nosotros. Por suerte las cosas después cambiaron para él…
    Se está saludando con
    Marcelo, alias “el cura”, que en aquel entonces era muy conocido por todos, ya que fue durante muchos años fue el monaguillo en la Parroquia de Fátima. Y ahora que recuerdo, yo también en un tiempo lo fui. Sí… así como suena. Él era “fanático de la misa”: no faltaba ni un domingo.
    Cuando se olvidaba del tema de la iglesia, lo jodíamos y lo cargábamos con la hija del panadero de la esquina llamada Florencia, alias “la panadera”, a quien él le presumía y le gustaba mucho.
    Esto que les cuento es nuevo para mí… y para la Negra también… se los cuento en voz baja, shhh… bajito: llegó con una “amiguita”… el pillín pillín… Y a mí, me parece perfecto… Sí, pues… ¡ya era hora!...


    VI
    ¡Qué alegría que ya están llegando! Los veo a todos y cada uno de ellos riendo felices, sentados en la larguísima mesa de tablones que cubrí con manteles blancos y verdes.
    Les cuento que sobre mismos, sin mucho pensarlo, puse centros adornados con estrellas federales -hermosas, de un rojo bien chillón- y jazmines blancos -recién cortados- para aromatizar esta especial ocasión.
    Esto de los adornos en las mesas es invento mío. Ustedes no saben cómo me gustan los jazmines. He dejado la ciudad de Salta sin jazmines: todos están en estas mesas y en los alrededores del salón. Que no se entere el placero… porque sino me acogota… Yo a veces pienso, que si de verdad existe el Cielo, seguro que el mismo debe ser blanco y oler a jazmines… no sé… digo nomás… que lindo sería…
    Algunos lloran de la emoción mientras presentan a su pareja o esposos. Otros, algo “despistados”, tardan un poco en reconocerse…
    Gracias a Dios, ya están llegando casi todos: están los solteros, los casados, los divorciados, los “juntados”, los viudos, y todo aquel que intenta reiniciar sentimentalmente su vida, también está… qué tanto che… Estamos todos “en una misma bolsa”… en esta mesa que es de todos.
    Sí, de todos…


    VII
    Habíamos hablado de los despistados. Bueno, uno de esos soy yo, que casi no reconozco a
    Silvina, quien está entrando con su esposo y un montón de chicos. Ella era “la gordita” que no veía casi nunca a su padre. Tenía una joven mamá que comentaba que al pobre papá lo “explotaban” porque le pagaban muy poco salario por sembrar y luego cosechar tabaco de exportación, y que todo esto era en el campo de uno de los tantos “terratenientes” del Valle de Lerma.
    Sólo de vez en cuando podía estar junta toda su familia, ya que su papá se la pasaba trabajando de la mañana a la noche. Ella añoraba salir con sus padres y hermanos a jugar y tomar helados en nuestra querida Plaza Alvarado, la plaza que también era de todos.
    Dejándola a la “Gordi” por un momento, ahora que la nombré sin querer, y que me perdonen los maestros de la escuela, esa plaza era “nuestro segundo hogar”. Allí nos encontrábamos y jugábamos a todo lo que se nos ocurriese. Allí descubrimos -sin saberlo- el sentido que tenía la palabra amistad, ya que “si vos eras amigo de mi amigo, también eras mi amigo”. Allí fue donde nacieron los “apodos” para todos, las cargadas y también los precoces “noviazgos”.
    Aún siento en mi boca, como si de verdad fuera hoy, el sabor a frutilla que puso aquella tarde en sus labios… Allí nos dimos “el primer beso” con la Negra…
    Ay… si esa plaza hablara…


    VIII
    De a poco van llegando y lentamente empieza a nacer el ambiente familiar, el de la amistad sincera y cordial; donde todos, que una vez nos conocimos niños, nos volvemos a conocer y a “reconocer” sin disfraces ni caretas, con nuestras virtudes y defectos, alegrías y penas, triunfos y fracasos, golpes y caricias, reviviendo y rescatando del recuerdo aquella lejana y feliz infancia. Y nuestra juventud… compleja y alborotada juventud.
    Hacia el fondo están los hijos, todos los hijos de ellos repitiendo la historia de sus padres, como si se conociesen de toda la vida. Sonrojados, ya ensuciados y transpirados, jugando juntos por primera vez en el extenso patio.
    No faltan los “tatas” jodidos que se acercan a retarlos y a reclamarles por el estado de sus ropas. No saben que no hay cosa mejor que dejarlos que jueguen a sus anchas… mientras que ellos no se golpeen, todo estará bien.
    Después de un ratito de mirar a “estos petisos”, voy entendiendo que ya no son como nosotros “los viejos” cuando éramos chicos. Ahora son “más vivos”. Ya no los asustas ni distraes con “cuentos”, ni los conformas con juguetitos, ni ropita, ni calzados…
    Ellos te tienen “bien relojeado” y si le das un poquito de confianza te dan vuelta y te sacan lo que quieren. Ahora te manejan “celulares ultramodernos y computadoras” y te hablan del “gugle”, del “feibuc”, del “tuiter”, del “chat”, de “subir fotos”, de “bajarlas”, de la “Nintendo”, del “güifi” y qué sé yo de cuántas otras cosas raras. Y uno se queda “abrieeendo bien grande la boca”. Y si le preguntas algo, te miran como diciendo: “sos tonto o qué”…
    Pero de una cosa sí estoy seguro, y confirma que ellos son como nosotros cuando éramos chicos: necesitan buenos ejemplos, respeto, cariño, la contención y el amor de sus padres…


    IX
    En esa furgoneta que entró y estacionó en el fondo, bajando el vino y los refrescos llegó
    Fernando, “el Beto Alonso” para los muchachos, “Fernandito” para las chicas.
    Siempre quería jugar al fútbol con todos, sea el día que fuere; jugaba en el pasaje Yapeyú, en este mismo club donde estamos ahora, en la canchita de la esquina de la Avda. San Martín y la Coronel Moldes, o en la plaza, con cualquier tipo de pelotas, aunque fuese de trapos.
    Para nosotros que éramos de “madera”, él era “un crack”… y lo más importante: era de nuestro barrio…
    Junto con él se bajó
    Virginia, quien siempre sorprendió a todos por su sencillez habitual, su forma delicada de hablar y compostura.
    “La Vicky” era estudiosa e inteligente; siempre fue una de las primeras de la clase. Con su delantal blanco impecable no faltaba nunca, aunque hiciese frío o lloviese.
    Se hacía llevar siempre a la escuela del barrio, a la “pública” o de “la chanchería”, ya sea con su madre o con su hermano mayor. Primero fue “escolta”, después “abanderada”. Y hasta creo, que llegó a recibir una beca para seguir estudiando la escuela secundaria…

    X
    Ya llegaron casi todos. De los más grandes llegó
    Horacio, quien debe ser unos cinco o seis años mayor que yo. A él no le pusimos “apodo”; era por una cuestión de tamaño, ya que si se enteraba, qué se yo que pasaba. No… digo nomás, siempre fue buenito y se reía de los apodos…
    Cuando terminó sus estudios secundarios, no pudo seguir estudiando en la facultad por la falta de dinero de sus padres y, al buscar trabajo, en todos lados le solicitaban “experiencia”. No les bastaba a los empleadores sus buenas calificaciones ni su buena conducta.
    Tuvo que empezar a repartir pizzas y sándwiches en bicicleta hasta que sus padres, quienes empezaron a trabajar en ese rubro comercial para ayudarlo, le pudieron comprar una pequeña motocicleta. Me acuerdo que era una “Pumita” color verde a la que subíamos todos, los varones y las chicas; hasta la Negra se trepó en ese motito…
    Fue de esta manera, como se largó a trabajar solo. No necesitó ni esperó “limosnas” de algunos señores con trajes, que creen que por estar sentados en una oficina, ya son dueños del mundo y de las necesidades de la gente.
    Él estaba contento porque tenía trabajo y, sobre todo, porque lo que hacía era honesto. Siempre nos repetía a los más chicos: “trabajar es algo muy digno y edificante”.
    Llegó con unos paquetes y unas bolsas, y los muchachos felices gritaron a coro: ¡qué etiquetas!... Otros dijeron: ¡qué aroma!… preparen los vasos…. busquen el bica… y lo aplaudieron al Horacio…el “héroe”….


    XI
    Mirando hacia todos lados entra
    Patricia, quien debe ser de la edad de Horacio. Si hablamos del aspecto físico, ella es una de la que mejor “se conserva”, aparte de la Negra, por supuesto…
    Si vimos a alguien pasar penurias en la vida, fue a la “Patito”. Éramos chicos pero ya algo nos dábamos cuenta. A pesar de todo lo que sufría, era una de las más alegres entre todos.
    Tuvo que lidiar pacientemente con su madre enferma, la que trabajó muchos años en quehaceres domésticos para varias familias adineradas. Ahora todos decimos “la empleada doméstica”, pero antes era medio despectivo y se sabía decir “trabaja de muchacha”, y más humillante aún cuando se decía: “de sirvienta”.
    El día que enfermó su mamá, simplemente la despidieron y sin una obra social, tuvo que ser internada en el hospital público, hasta que un día desmejoró y se le fue al Cielo.
    Y así se quedó la “Patito”: sola y desamparada en todo y de todos…
    Por suerte, consiguió trabajo, y estudió en la “nocturna”, haciendo un doble y gran sacrificio. Se recibió de “Perito Mercantil”, además de obtener un Certificado en “Mecanografía y Estenografía”, que en esos años era “indispensable”, como lo es ahora la “computación”…
    Cuando la íbamos a visitar, encontrábamos a la “Pato” practicando, sacándole humo y algunas chispas a la “Rémington”… que era “tecnología de punta” en ese entonces…


    XII
    Llegó
    Ricardo trayendo los equipos para poner música. Bajó todo en un ratito y en un santiamén conectó todo el cablerío. La verdad que es un “capo”. Y ahí nomás largó de fondo bajito: “La vida es un carnaval” cantada por Celia Cruz.
    Recuerdo que en aquellos años empezó a juntarse con chicos de otro barrio y, al poco tiempo, se fue de su casa porque “no soportaba a sus viejos”.
    Meses después, esos mismos viejos tuvieron que cargar amorosamente con su recuperación. Pudo vencer su adicción a las drogas y al alcohol, gracias y sólo gracias a su familia, que lo apoyó incondicionalmente cuando todos sus otros amigos, “los grandotes”, lo abandonaron.
    Yo, a pesar de que fui muy feliz con mis padres y hermanos, recién allí comprendí claramente el valor de tener padres y de tener familia y, que ello, “era lo más importante en la vida”. Si no le pasaba esto al “Ricky”, no lo hubiera comprendido en ése entonces.
    Ahora está sonando el tema “Mira a tu alrededor” de Alejandro Lerner. Como está todo computarizado, él se despreocupó de la música y la dejó que suene sola… y se dedicó a disfrutar de los amigos…


    XIII
    Vino la pareja que esperaba:
    Mariela y Alejandro. Ellos llegaron en un auto. Detrás, en otros autos, toda la familia. Son un montón, como más de quince. Es una verdadera alegría que vinieran todos, ya que con la Negra queríamos conocerlos desde hace mucho tiempo… ¿Saben porqué son muchos?
    Resulta que siendo muy jóvenes se pusieron de novios y, luego de más de dos años de estar juntos, de “afilar” y “tomar cafecito por las noches”, tuvieron un bebé.
    Fue todo un escándalo en sus respectivas familias: los dos “tortolitos” enamorados todavía estudiaban y ninguno trabajaba. Hasta parecía que algunos de sus familiares -medio estúpidos- , sentían “vergüenza” por tal situación.
    Sé, por lo que siempre vi en ellos dos, que se querían mucho, y se lo demostraron a todos actuando “adultamente” y aceptando ese “regalo del Cielo”.
    Recién allí, con el niño en brazos, los mayores quisieron enseñarles sobre la responsabilidad de tener sexo antes del matrimonio o antes de constituir una pareja emocionalmente estable.
    Hoy, ya tienen cuatro hijos y son abuelos de varios nietos, que son los que llegaron “en caravana” recién.
    Mirarlos a los dos “abuelos”, es verlos y darse cuenta de que se quieren como el primer día. Yo diría, que mucho más…


    XIV
    Creo están todos o casi todos. Dolorosamente sé que faltan algunos. En unos minutos intentaré tomar la palabra para darles la bienvenida y agradecerles por estar, por regalarme esta hermosa ocasión y por haberse ellos mismos regalado este momento. Luego vendrá el almuerzo, el brindis, la sobremesa y después veremos qué sucede…
    Es que fueron veintitantos años de estar separados, de sólo saber de ellos por comentarios, de alegrarnos y entristecernos por las noticias que nos llegaban de cada uno de nosotros: de la muerte del padre o la madre, o el nacimiento del hijo o la hija de tal o de cual.
    Me hubiese gustado que estén todos los que ya no están…
    Don Félix, por ejemplo, que fue un hombre intachable y ejemplar, “un pan de Dios” en otras palabras… Leticia, para que viera con orgullo a su hijo… Doña Lucía, para que conociera lo grande que está su nieto… y cuántos otros que no están… pero yo sé que sí están…
    Sí están, con están todos los “veteranos del barrio”, a quienes los juntamos en una misma mesa, para que “chusmeen a lo grande”, “remojen sus dentaduras” y después sigan… y puedan sacarle el cuero a todos, y contar los pormenores e intimidades de los hijos con lujos de detalles, siempre y cuando, no se enteren esos hijos porque sino “los matan”.
    Aclaro, que la mesa de ellos está en el centro del salón, muy cerca de los baños, y con “mesas adicionales” para que apoyen en ellas sus “bolsitas”, carteras, pañuelos, monederos, pastillas, lentes “para cerca”, lentes “para lejos”, bastones, sombreros, etc., etc., etc.…
    Yo miro a los “quinceañeros” y me divierto. Será porque no vivo con uno de ellos. La verdad es que hay que “tener mucha paciencia y aguantarlos”… y no olvidarnos que fueron ellos los que nos limpiaron el “traste”.
    Y sigo aquí disfrutando de esto, esto que es muy lindo: con la vida encima, dolorosa y bella, estamos todos nuevamente juntos y recontra recontentos…


    XV
    Ya están todos. ¡Qué lindo es verlos! Y verla a la Negra aquí también… ni qué les cuento… Se dan abrazos y besos, palmadas en los hombros y torpes caricias en las mejillas.
    Los hombres “miden” sus barrigas. Las mujeres se tocan el pelo, algunas de ellas lo cambiaron de color –seguro que para esconder algunas canas- y se lo dejan caer en señal de haber perdido, sus peinados y ellas, el estricto sentido ceremonial.
    Las risas, las cargadas, el vaso que se vuelca sin querer, las preguntas y más preguntas, los números de teléfonos y las fotos que van y vienen en los celulares, la picada previa y la música bajita, me hacen pensar en lo difícil que será llamarles la atención.
    Los zapatos que apretaban ya están sueltos debajo de la mesa, y sobre los manteles, las corbatas, los lentes y las trabas para el pelo.
    Se formaron los grupitos: los que más hablan, los que menos, los tímidos, los “dicharacheros”, los efusivos, los nostálgicos y, aunque la vida no trató a todos por igual, todos se sienten iguales y hermanados por el pasado.
    Muchos de los presentes volvieron al barrio porque quisieron o porque dejaron algo o alguien allí. Otros en cambio, no pudieron. Pero me atrevo a decir: no hubo nadie que no quiso regresar.
    Todo ya cambió: la calle principal, el pasaje, la plaza, la iglesia, y tristemente -porque ya partieron varios- hasta la gente que hoy habita en él también cambió.
    Lo que no cambia es este club que hoy nos alberga, nuestro querido y glorioso “Club San Martín”, que gracias a la “sangre nueva dirigencial”, “el Oeste” como le decimos, se está haciendo conocido. En fútbol, salimos campeones en el dos mil cuatro y dos mil diez, y desde hace muchos años participamos en los torneos regionales con muy buenas performances…
    Y aquí, entre sus tribunas, en la cancha de básquet, todos decimos presente en este día… y algunos… algunos antes de que todo empiece, ya se macharon… pero si serán che…


    XVI
    Han pedido la palabra varios de los presentes, quienes mientras hablan, me hacen recorrer brevemente el camino de la nostalgia.
    Están recordando acontecimientos significativos para el barrio y para el club, anécdotas y sucesos que ya había olvidado por el paso del tiempo: cuando pavimentaron las calles y por ellas pasaba la competencia ciclística “1° de Mayo”; cuando llegó el gas natural domiciliario; cuando el club salió campeón por primera vez en básquet femenino (Patricia, Silvina y la Negra integraban ese equipo); cuando inauguraron la biblioteca popular y otros momentos importantes… Le siguieron los aplausos y el brindis que se anticipó a la comida.
    Entre varios de nosotros nos miramos y no hizo falta hablar siquiera, ya que sabemos que en el fondo de nuestro ser se encuentran guardadas “inolvidables historias y emociones compartidas”, sobre todo en nuestra querida plaza.
    Y llegó el momento del almuerzo, y lo servimos entre todos, ya que todos ayudan a distribuir los platos, las bebidas y todo lo demás. Hemos decidido, que cada uno se sirviera lo que quisiere, como se hace ahora en los restaurantes de “tenedor libre”, solamente que con los más pequeños tenemos que tener cuidado en servirles y picarles el menú para evitar inconvenientes para ellos y sus padres.
    Y llegó el momento en que me tocó hablar. Les expresé mi agradecimiento y les he pedido que no dejáramos pasar tanto tiempo sin reunirnos nuevamente. Que si bien “
    la vida se lleva nuestros años y a nuestro seres queridos”, no permitiésemos que también se lleve nuestra amistad y la deje en el olvido.
    La Negra, que estaba allí cerca, medio que se quiso emocionar. Me acerqué rápidamente y desde ese momento me quedé con ella toda la tarde...


    XVII
    Mientras estábamos sentados haciendo la sobremesa y asentando el almuerzo con vinito, varios empezamos a armar “el “acuyico” con hojas de coca –claro pues… con qué más…, pero con esas hojas chiquititas que traen de Yacuiba, Bolivia, que tienen más aroma y gusto que las otras.
    Empecé a mirar hacia cada uno de los rincones del salón, y a reflexionar sobre “
    lo que la vida hizo de cada uno de mis amigos”….
    Sentada a mi derecha, mientras come unas masitas, se encuentra
    Virginia, quien hace unos años se recibió de maestra de grado y trabaja luchando en pos de la “educación pública y gratuita”.
    Ella es conciente de las muchas falencias y el abandono que sufre el sistema educativo por parte del Estado, y a pesar de su magro y escaso salario, desempeña su tarea con verdadera vocación y amor por los niños, intentando evitar que los mismos sufran la discriminación que sufrió cuando era chico Gustavo.
    La “seño” Vicky, parece que no cuida para nada su silueta… y es mejor que saque la mano, no vaya a ser que confunda mi dedo con un “cañoncito” y se lo coma también… digo…por si acaso…


    XVIII
    Al frente mío está
    Mariela cargando uno de sus nietos. Se dedicó con el apoyo de Alejandro, a la “tan desprestigiada” tarea política. Siempre dijo que lo hizo pensando en sus hijos y los hijos de los demás…
    Hoy, siendo Diputada, presenta proyectos de Ley de todo tipo, como por ejemplo uno tendiente a “controlar” que todos los trabajadores tengan un empleo con horarios fijos preestablecidos, con aportes previsionales y una obra social, y que los mismos no sufran el desamparo laboral del que fue víctima la mamá de Patricia, ni sean explotados ni separados de sus familias como le sucedió al papá de Silvina.
    También sé de otros proyectos de Ley presentados por ella, como aquel que le solicita al Estado, a través de sus organismos competentes, implemente “reales” políticas que contengan a jóvenes con problemas de adicción a las drogas y al alcohol (y a sus respectivas familias), problemas que vivió y sufrió los Ricardo en su juventud.
    En honor a la verdad, ella es todo un ejemplo de que “sí” se puede trabajar en la función pública en forma decente, honesta y comprometida con la comunidad.
    Ayudándole a cargar otro de sus nietos y tomándole la mano se encuentra
    Alejandro, quien es hoy un pujante empresario. Desde sus inicios trabajó honestamente pagando todos sus impuestos en tiempo y forma, aunque los otros no lo hicieran.
    Una de las claves del éxito fue darles la oportunidad de inserción laboral a jóvenes adolescentes que terminaron recientemente de estudiar; oportunidad que no se la brindaron en su juventud a Horacio.
    Lo ayudan en su empresa sus hijos, yernos y nueras, quienes les dejan cuando pueden -como ahora- a él y a Mariela, de “regalito” todos sus hijos… y ellos, los nonos “chochos”…


    XIX
    Uno de los que castiga bravamente al “vino fino” es Marcelo. Dejó a su “hermanita en el Señor” con la Negra y las demás chicas, para que la misma se integre y sea “adoctrinada” sobre la vida en pareja; él se quedó con nosotros a darle al armado del acuyico.
    Resulta que estudió para sacerdote, pero no llegó a ordenarse porque, según él, si bien aún seguía fielmente el dogma de su fe y no lo cuestionaba para nada, se había desilusionado de algunas actitudes dentro de la Iglesia.
    Una vez me dijo, muy en confianza, que muchos curas por estar tanto tiempo con la “quijada mirando al cielo” elevando su oración, se olvidaron de que aquí abajo se quedó la gente común, de carne y hueso, sin alas, sufriendo injusticias y desamparo espiritual y material; y encima, a las cargas que ya llevan los “pobres pecadores” en sus vidas, ellos les “cargan culpas”.
    Yo, aunque mi pensamiento coincidía totalmente, por temor a decir algo incorrecto, no quise hablar mucho y sólo le expresé mi humilde opinión: le dije que todas las iglesias están compuestas por seres humanos imperfectos. Que yo no me guiaba mucho por lo que veía de bueno o de malo en las distintas iglesias; que
    “no condicionaba a ello” mi trato personal con Dios.
    Coincidimos, en que existe mucha gente mayor y muchos jóvenes desilusionados que no creen, no sienten o no encuentran a Dios.
    Comprendimos, luego de extensa charla, que debería hacérseles entender:
    “que la mejor religión es hacer el bien a todos y el mal a nadie”. Que, si siguen esta esencia y estos pasos, sin querer o aún sin sentirlo íntimamente, seguro encontrarán a Dios, tarde o temprano. Que “Toda noche, por más oscura que sea, siempre trae la claridad de un amanecer”.
    Hoy, Marcelo trabaja en una O.N.G. que ayuda a jóvenes en su capacitación laboral, como así también, colabora con profesionales que trabajan allí en orientación y educación sexual -la cual no recibieron Mariela ni Alejandro-, enseñando a muchos de ellos a elegir y encontrar su vocación y su lugar en el mundo…


    XX
    Jugando en el fondo con los chicos ¿quién otro puede ser? Fernando, quien hoy es un flaco Profesor de Educación Física y miembro de la Comisión Directiva de este Club.
    Comprendió la “importancia del deporte en la niñez y la adolescencia”. Tiene a cargo la escuelita de fútbol, y frecuentemente convoca a todos los chicos del barrio (varones y mujeres) a participar de torneos en todas las disciplinas que se practican en el mismo. Les provee, en forma gratuita y desinteresada, toda la infraestructura edilicia para que desarrollen todo tipo de actividades deportivas; y muchas, muchas pelotas…
    Trabaja conjuntamente con
    Ricardo, quien es conocido por todos por ser el “disc jockey setentero y ochentero más piola” , y también a la vez, el electricista de la barriada; además de ser el Presidente del Centro Vecinal, que no sólo se encarga de mediar por las necesidades del barrio ante la Municipalidad, sino que también se preocupa por los jóvenes, atrayéndolos a la práctica de deportes para que los mismos mantengan sus mentes y cuerpos sanos y no caigan en el mundo de las drogas y el alcohol como le ocurrió a él alguna vez en el pasado…
    Ellos dos, y me pongo de pie para decirlo, son unos verdaderos “campeones”; no son como nosotros que chupamos, coqueamos y fumamos... ellos hacen “vidas sanas”… y es realmente “para felicitarlos”…


    XXI
    Riendo con todos se la ve a
    Patricia, quien hasta hace algunos años trabajó como empleada administrativa en varias empresas y en la O.N.G. en la que se desempeña Marcelo.
    En la actualidad, enseña, capacita y apoya a empleados jóvenes que trabajan en la empresa de Alejandro.
    Se quedó soltera y sin hijos, pero es la “madrina del pueblo”, o mejor dicho, de la mayoría de los “tremendos” que juegan en el patio y en el playón deportivo.
    Las malas lenguas se burlan diciendo: “se quedó a vestir santos”, y agregan: “buscaba el hombre perfecto”, pero el que la conoce, puede asegurar que la “Pato” no tuvo suerte en el amor. Ella no es de aquellas mujeres complicadas ni interesadas, sólo buscaba un hombre bueno, honesto y trabajador, y por sobre todas las cosas “que la quisiese simplemente”, pero no lo encontró.
    Las ironías de la vida: una mujer buena que merecía lo mejor, se ha quedado sola. Quizás me esté equivocando y, el haberse quedado sola, haya sido para ella lo mejor…

    Silvina, que muestra a todos los presentes las fotos de sus hijos, es una feliz ama de casa. No “perdió el tiempo” y hoy tiene una familia numerosa junto con su esposo, quien trabaja en su mismo domicilio por ser el dueño de su propio taller y un muy buen mecánico de autos.
    A él le llevamos los autos para la “afinación” y “el tren delantero” y, mientras el “Toto” trabaja contento, la “Gordi” nos convida mates con tortillas y nos prende la radio “Tonomac” que era de su viejo y nos ponemos a escuchar folclore…
    Ella es muy dichosa porque cumplió su sueño: tener a su familia unida y poder ir, siempre que quiera, con sus hijos y su marido, a tomar helados a la plaza.
    Con la “Pato”, como viven cerca, se juntan por las noches a charlar o mirar en la tele a la “Susana” o al “Tinelli”. Otras veces a coser, y se la pasan subiendo y bajando ruedos, remendando y parchando ropa de los chicos. Se quieren mucho, y hasta a veces las confunden a la dos porque piensan que son hermanas… y ellas, la verdad, son como hermanas…


    XXII
    Al frente de la mesa está
    Gustavo “con los ojos chiquitos” por la macha, que junto con su esposa, se ríen de lo lindo de las historias que les cuenta la Negra.
    Hay que reconocer que se portaron muy bien los dos, y sabemos que lo hicieron desinteresadamente y con gusto: trajeron una torta inmensa que encargaron hace unos días en una pastelería del centro. La pobre tortita ha sufrido ya varios “dedos” y por eso la están cuidando hasta dentro de un rato, ya que la van a “carnear” en rodajitas.
    Les cuento que al “Guti”, en aquellos años le cambiaron la escuela privada por la pública, y luego de la primaria y la secundaria, ingresó a la Facultad de Derecho en Tucumán, y luego de un tiempo, se volvió para estos pagos recibido de abogado. Ahora, por suerte para él, trabaja en la Justicia y fue nombrado Fiscal o Defensor, no sé muy bien sobre el tema, pero interviene y defiende a las mujeres que son golpeadas como lo fue la mamá de Angélica, además de atender casos de abusos de menores y otras “atrocidades” que a diario suceden y no salen en los periódicos ni en la televisión…
    Me dijeron que es muy bueno en su profesión y que la misma “lo apasiona”, sobre todo cuando tiene que defender a gente humilde, a la que a veces se le niega la justicia…
    Muy cerca de él, abrazándose con todos para “la foto”,
    Azucena, quien estudió en la Academia de Belleza y hoy es peluquera. Les hace “alborotos” y “experimentos” en las cabezas de Virginia, Mariela, Patricia, Silvina y la Negra, tiñéndolas y peinándolas de una forma “rara y exótica”. Y como son sus amigas, lo hace feliz, contenta y con mucho amor.
    Para todas estas “locas” del peinado y el teñido, no hay nadie mejor que la Azucena… nadie… Ella es la culpable de que mi “Negrita” siempre ande tan buena moza y bien peinada.
    Un poco más hacia aquí,
    Horacio, quien fue el que se encargó de traer la “coca y el bica” para todos. Me dice que no quiere tomar alcohol porque tiene que manejar después su auto para llevar a sus padres.
    Él tiene un negocio de comidas rápidas y, como le va bien económicamente, le dio margen para crear un comedor solidario y un merendero instalado en nuestro club. Esto, gracias a la ayuda y cooperación que le brindaron Fernando y Ricardo.
    Al preguntarle por la motito, cuenta que la tiene guardada como un “recuerdo valioso”, que de vez en cuando la arregla y sale a recorrer unas cuantas cuadras para no olvidarse de aquellos años, cuando se inició con mucho sacrificio “desde abajo”…


    XXIII
    Cerquita mío, sin que se dé cuenta que la miro, siempre atrayente y bella:
    Angélica, mi amor… mi “cuchi cuchi”… mi palomita pechugona”… “mi brujita sin escoba”… “mi postrecito”…
    Siendo muy joven se recibió de médica y atendía curando rodillas lastimadas de nenitas accidentadas como Azucena.
    Hoy, procura que siempre haya médicos y enfermeras en las guardias de las salitas sanitarias e insumos para los enfermos carenciados, y lo hace desde su flamante cargo en la Gerencia Provincial de Hospitales, donde se desempeña con muchísima humildad y eficiencia.
    Ella se dio cuenta de mi mirada enamorada, de mi “cara de bobo”: juntando sus manos y dirigiéndolas a mí me tiró un beso por el aire… y me dijo: “te quiero mucho”…. Le respondí al instante: “y yo a ti”.
    No faltaron aquellos que empezaron a “cargarnos” y a preguntarnos: “y ustedes para cuándo”… y los “confites” para cuándo… Mi rostro pasó del amarillo al colorado, y después al “color susto”… y me hice el “tonto” como si no hubiera escuchado nada…
    Me acerqué después a la Negra y nos tomamos de las manos y así quedamos: mirándonos tiernamente, como si resumiéramos en nuestras miradas el paso de nuestra vida juntos…
    Miren, todo lo hermoso que “existe” con Angélica se los tendré que contar en otra ocasión porque ya sirvieron la torta y, algunos, por el horario avanzado, ya están empezando a retirarse…


    XXIV
    Ya sirvieron la torta y los primeros que empiezan a retirarse son los más viejos, los “veteranos” como les llamamos. Lo que pasa es que los viejitos ya no aguantan estar tanto tiempo fuera de sus casas; aparte de que ya está corriendo aire frío y en nada los ayuda a los pobres, que están revisando y guardando todas sus “pertenencias”.
    En cambio los que no se quieren ir “ni a palos” son los más chicos, que “apretaron” a sus padres, quienes finalmente aceptaron como condición para que ellos se retirasen, que el otro fin de semana vuelvan o que los inscriban en alguna disciplina deportiva en el club.
    Se están saludando y despidiendo entre todos. Con la Negra preparamos una agenda donde cada uno al retirarse, deja su dirección y teléfono para poder comunicarnos y no perder el contacto.
    Quedamos de acuerdo, que mañana vendremos algunos de nosotros a limpiar y acomodar el salón. Y si se olvidan algo quedará como “patrimonio del club”. Nooo… mentira… para eso está la agenda: para buscarlos y devolver todo…
    Como la pasamos “tan bien”, algunos “quieren seguirla” y nos vamos todos después para la casa de Mariela y Alejandro….


    XXV
    Y para terminar este relato, aquí el
    “Gallego”, un humilde servidor, quien les contó todo esto; “el Gordo” como me dicen en el barrio desde chico; el “viejo panzonete” y el “loco de la boina” para los mas pequeños…
    Aquí, con todas mis canas desparramadas al viento y un dolor de “patas”… ¡aaayyy!… que no les cuento.
    Aquí, aceptando simplemente ser lo que soy… lo que quise ser y no soy…
    Aquí, en este hermoso día que me regaló Dios y la vida: de cielo azul y sol radiante, de niños pequeños y niños “ya adultos”.
    Aquí, con esta vida que fue tan generosa conmigo al haberme brindado familia, amigos, amor y este “reencuentro”
    ...

    Manolito


    XXVI

    Ahhh, si seré “paspao”… me olvidaba el mensaje:
    Elige ser feliz en la vida porque “te lo mereces”, pero procura en esa elección no dejar a un lado ni olvidar a las personas que te rodean y necesitan.
    Nunca olvides de “LA FELICIDAD” es una
    actitud interior, y que, para poder alcanzarla, tendrás que luchar sin desfallecer ni desanimarte contra nuestras adversidades personales, la falta de fe, las injusticias, los problemas sociales, las personas que llenan tu vida de odios, rencores, mentiras y maledicencias.
    Asimismo, deberás apoyarte en tus seres queridos y en las personas buenas que, gracias a Dios, todavía caminan por el mundo reivindicando lo bueno y hermoso que hay en él.
    Así de este modo, lograrás desarrollarte como persona y crecer amorosamente libre, capaz de dar y recibir amor…


    j.d.m.







     
    #1

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