El regalo de Oranssi

Marconvoz

Poeta recién llegado
Oranssi, hija de una danzante llama de fuego, guardaba un secreto: en la policromía de su pelo, escondía un anzuelo. Cada vez que visitaba a escondidas mi onírico jardín cándido, trepaba a la copa del ébano más viejo, sacaba (con un timbre especial de voz) el anzuelo de oro de su cabeza y se colgaba, como una marioneta, a expensas de los dedos del aire. Le gustaba pasar las mañanas enganchada en lo alto de su rama preferida para cantarle al cielo. Aprendió de su abuela el arte de tamizar por su garganta todas sus alegrías y tristezas. Desde lejos se la podía ver con su vestido largo y ocre ondeante con el viento, como una magnolia de fuego. Un día decidió no bajar hasta escuchar el llamado de un trueno. Pasaron tres lunas, hasta la llegada de una densa lluvia de enero. Recuerdo ese día, fue cuando Oranssi me dijo: te regalo mi anzuelo.
 
Oranssi, hija de una danzante llama de fuego, guardaba un secreto: en la policromía de su pelo, escondía un anzuelo. Cada vez que visitaba a escondidas mi onírico jardín cándido, trepaba a la copa del ébano más viejo, sacaba (con un timbre especial de voz) el anzuelo de oro de su cabeza y se colgaba, como una marioneta, a expensas de los dedos del aire. Le gustaba pasar las mañanas enganchada en lo alto de su rama preferida para cantarle al cielo. Aprendió de su abuela el arte de tamizar por su garganta todas sus alegrías y tristezas. Desde lejos se la podía ver con su vestido largo y ocre ondeante con el viento, como una magnolia de fuego. Un día decidió no bajar hasta escuchar el llamado de un trueno. Pasaron tres lunas, hasta la llegada de una densa lluvia de enero. Recuerdo ese día, fue cuando Oranssi me dijo: te regalo mi anzuelo.
¡Y así comenzó una novela que quiero seguir leyendo!¡Bravo!
Gracias por compartirlo.
Dani.
 

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