El regalo de una estrella

Susana del Rosal

Poeta que considera el portal su segunda casa
Siempre la recordaré por la mirada de sus ojos tristes. Jacinta. Y la veo aún, sentada conmigo en la acera, comiéndonos las rosquillas que mamá me daba para llevar a la escuela. Yo las guardaba para la cena de Jacinta, porque a ella nadie le regalaba nada. Era linda. Con esa belleza interior que tienen las almas nobles. Su pelo rubio, ensortijado, se parecía al del niño que tiene San Antonio en los brazos.
Jacinta no tenía mamá. Me lo decía con tal candor que me desarmaba su desamparo. Además, estaba enferma y siempre tenía hambre.
“Chinta”, le decíamos en la casa. Yo la obligaba a entrar y todo se iluminaba con la admiración de su rostro ante mis juguetes. Tocaba mis muñecas con temor de romperlas y suspiraba: “¡Quien tuviera mamá!”
- Pídesela al Niño Jesús- ingenuamente, yo le respondía.


Chinta estaba esa mañana extrañamente feliz. Era la víspera de nochebuena y en la casa nos disponíamos a preparar el pesebre.
Sobre cajas de cartón surgieron colinas cubiertas de casitas minúsculas. Los pastores, inmóviles, presumían de guiar rebaños blanquísimos…y una enorme estrella dorada despedía hermosos reflejos, pendiente del techo.
De la cocina nos llegaba el incitante aroma de las hallacas.
Sobre la mesa, un crujiente pan de jamón, cruelmente castigado a pellizcos, pacientemente esperaba.
Nosotros, habiendo dejado listo el nacimiento, yacíamos sobre la hierba del jardín, mirando al cielo.
Ya había anochecido y las estrellas en lo alto titilaban pícaramente.
Jacinta, inesperadamente se sentó, y temblando de emoción me dijo:
-¡Ya está, Ninfa, ya está!...la estrella me ha dicho que va a ser mi mamá…que luciré junto a ella con Dios, en el cielo.
Ardía en fiebre, por eso, asustada, llamé a mamá. Chinta deliraba pero sonreía feliz. Toda la noche la pasó diciéndome que se iría, que su mamá se la llevaría. Nosotras, preocupadas, no dejábamos marchar al doctor.
Y el sueño me venció, ya entrada la mañana.


Desperté con una extraña sensación dentro de mí. La casa estaba silenciosa. Sobre la mesa, la cena de navidad lucía intacta. Era ya mediodía y Chinta se había ido.
Sobre mi cama, que la noche anterior la había cobijado, mi muñeca de cuerda lucía insensible. La tomé entre mis brazos y comencé a llorar. Mamá se acercó, me hizo una caricia…y las dos nos quedamos mucho rato sin decir nada.


Ahora, por las noches, cuando miro al cielo, la estrella de Jacinta parece agigantarse. Sólo que ya no está sola. Me he estado fijando que a su lado ha aparecido otra que, mimosa como un bebé, hoy me ha hecho un guiño…y me sonríe.


 
Me has arrancado lágrimas con estas ternuras y melancolías, cuántas Jacintas habrán por allí esperando su estrella para ser abrigadas y despojadas de su soledad, me encnató tu escirto entre las maravillosas ímágenes y el mensaje para tocar el corazón de los humanos, lo has logrado.
Un gran honor llegar siempre hasta tus maravillosos escritos.
Abrazotes y mi admiración siempre mi estimada Susana.
Cariños
Ligia
 
Ligia Calderón Romero;2559563 dijo:
Me has arrancado lágrimas con estas ternuras y melancolías, cuántas Jacintas habrán por allí esperando su estrella para ser abrigadas y despojadas de su soledad, me encnató tu escirto entre las maravillosas ímágenes y el mensaje para tocar el corazón de los humanos, lo has logrado.
Un gran honor llegar siempre hasta tus maravillosos escritos.
Abrazotes y mi admiración siempre mi estimada Susana.
Cariños
Ligia



Querida Ligia, me alegra que te haya gustado. Gracias.
 
PRECIOSA PROSA QUEME LLEGO AL ALMA.UN ABRAZO AFERRANTE.La pondre en melancolico niña ,espero no te enfades
 
Siempre la recordaré por la mirada de sus ojos tristes. Jacinta. Y la veo aún, sentada conmigo en la acera, comiéndonos las rosquillas que mamá me daba para llevar a la escuela. Yo las guardaba para la cena de Jacinta, porque a ella nadie le regalaba nada. Era linda. Con esa belleza interior que tienen las almas nobles. Su pelo rubio, ensortijado, se parecía al del niño que tiene San Antonio en los brazos.
Jacinta no tenía mamá. Me lo decía con tal candor que me desarmaba su desamparo. Además, estaba enferma y siempre tenía hambre.
“Chinta”, le decíamos en la casa. Yo la obligaba a entrar y todo se iluminaba con la admiración de su rostro ante mis juguetes. Tocaba mis muñecas con temor de romperlas y suspiraba: “¡Quien tuviera mamá!”
- Pídesela al Niño Jesús- ingenuamente, yo le respondía.


Chinta estaba esa mañana extrañamente feliz. Era la víspera de nochebuena y en la casa nos disponíamos a preparar el pesebre.
Sobre cajas de cartón surgieron colinas cubiertas de casitas minúsculas. Los pastores, inmóviles, presumían de guiar rebaños blanquísimos…y una enorme estrella dorada despedía hermosos reflejos, pendiente del techo.
De la cocina nos llegaba el incitante aroma de las hallacas.
Sobre la mesa, un crujiente pan de jamón, cruelmente castigado a pellizcos, pacientemente esperaba.
Nosotros, habiendo dejado listo el nacimiento, yacíamos sobre la hierba del jardín, mirando al cielo.
Ya había anochecido y las estrellas en lo alto titilaban pícaramente.
Jacinta, inesperadamente se sentó, y temblando de emoción me dijo:
-¡Ya está, Ninfa, ya está!...la estrella me ha dicho que va a ser mi mamá…que luciré junto a ella con Dios, en el cielo.
Ardía en fiebre, por eso, asustada, llamé a mamá. Chinta deliraba pero sonreía feliz. Toda la noche la pasó diciéndome que se iría, que su mamá se la llevaría. Nosotras, preocupadas, no dejábamos marchar al doctor.
Y el sueño me venció, ya entrada la mañana.


Desperté con una extraña sensación dentro de mí. La casa estaba silenciosa. Sobre la mesa, la cena de navidad lucía intacta. Era ya mediodía y Chinta se había ido.
Sobre mi cama, que la noche anterior la había cobijado, mi muñeca de cuerda lucía insensible. La tomé entre mis brazos y comencé a llorar. Mamá se acercó, me hizo una caricia…y las dos nos quedamos mucho rato sin decir nada.


Ahora, por las noches, cuando miro al cielo, la estrella de Jacinta parece agigantarse. Sólo que ya no está sola. Me he estado fijando que a su lado ha aparecido otra que, mimosa como un bebé, hoy me ha hecho un guiño…y me sonríe.



Excelentisima prosa, querida amiga...
abrazos, estrellas y reputación
Rosario
 
Muy hermoso y verdadero susa....muy vivencial, cuantas Jacinta no hay en el mundo que necesitan de una mano amiga, y cuantas otras hay que nunca la encuentran?. Gracias por tocar mi corazon y por reafirmar en mi el deseo de agregar cada dia un granito de aremas mas para mejorar el desastre de mundo en el que vivimos.Gracias por tan hermoso escrito susa un gusto y placer leerte.
 
Esta que muchas veces es tan insensible
le has puesto la piel de "gallina", y los
ojos a punto de llanto, Ay poeta es q lo
has descrito con tanta precisión y las
emociones llegaron intactas de tu interior
al mío, kisses
 
Muy hermoso y verdadero susa....muy vivencial, cuantas Jacinta no hay en el mundo que necesitan de una mano amiga, y cuantas otras hay que nunca la encuentran?. Gracias por tocar mi corazon y por reafirmar en mi el deseo de agregar cada dia un granito de aremas mas para mejorar el desastre de mundo en el que vivimos.Gracias por tan hermoso escrito susa un gusto y placer leerte.



Gracias a tí por tan lindo comentario. Hacía tiempo que no entraba, mil disculpas.
 
SUSANA: He quedado impresionado por la calidad de tu trabajo. Amalgamas la melancolía y la tristeza con una dosis de ternura más el desprendimiento de los protagonistas. Pude vislumbrar las imágenes bien dibujadas en escenarios conocidos para mí. Me siento identificado con el relato porque mi esposa se llama Jacinta. Excelentes líneas y te regalo reputación de muchas estrellas. Saludos.
 
Muy buen relato, atrapante y con sentida redacción, logras despertar sensaciones en el lector y eso lo hace excelente, llegas a partes del alma que son nobles y puros dentro del corazón. Un gusto muy grande el leerte, saludos desde Colombia
 
Muy buen relato, atrapante y con sentida redacción, logras despertar sensaciones en el lector y eso lo hace excelente, llegas a partes del alma que son nobles y puros dentro del corazón. Un gusto muy grande el leerte, saludos desde Colombia


Muy lindo y generoso tu comentario. Mi premio mayor es que te haya llegado.
 
SUSANA: He quedado impresionado por la calidad de tu trabajo. Amalgamas la melancolía y la tristeza con una dosis de ternura más el desprendimiento de los protagonistas. Pude vislumbrar las imágenes bien dibujadas en escenarios conocidos para mí. Me siento identificado con el relato porque mi esposa se llama Jacinta. Excelentes líneas y te regalo reputación de muchas estrellas. Saludos.



Gracias. Tu visita y comentarios son bien apreciados.
 

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