Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nacemos sin saberlo, pero ya corremos.
No por prisa, sino porque el tiempo, ese viajero invisible, camina con nosotros.
No se detiene, no espera, no se presenta… solo susurra en los cambios:
la arruga que nace, el árbol que crece, el amigo que se va.
Vivimos como si tuviéramos mil años guardados en un bolsillo,
cuando en realidad, la vida es una sola página que se reescribe con cada decisión.
Algunos llenan su historia con ruido, otros con silencio.
Pero todos —sin excepción— estamos buscando algo:
una razón, una voz, un reflejo que diga “valió la pena”.
Somos caminantes con mapas incompletos,
buscando rutas en un mundo que cambia de forma cada vez que lo miramos.
Creemos que ser sabios es tener respuestas,
pero quizás la verdadera sabiduría es aprender a hacer preguntas sin miedo.
¿Y si vivir no es ganar, ni llegar, ni tener?
¿Y si vivir es simplemente estar despierto?
Sentir la lluvia como un idioma,
mirar el cielo como un espejo,
y entender que cada instante —aunque pequeño— es una joya fugaz que no se repite.
Quizá el secreto no está en controlar el tiempo,
sino en bailar con él.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
No por prisa, sino porque el tiempo, ese viajero invisible, camina con nosotros.
No se detiene, no espera, no se presenta… solo susurra en los cambios:
la arruga que nace, el árbol que crece, el amigo que se va.
Vivimos como si tuviéramos mil años guardados en un bolsillo,
cuando en realidad, la vida es una sola página que se reescribe con cada decisión.
Algunos llenan su historia con ruido, otros con silencio.
Pero todos —sin excepción— estamos buscando algo:
una razón, una voz, un reflejo que diga “valió la pena”.
Somos caminantes con mapas incompletos,
buscando rutas en un mundo que cambia de forma cada vez que lo miramos.
Creemos que ser sabios es tener respuestas,
pero quizás la verdadera sabiduría es aprender a hacer preguntas sin miedo.
¿Y si vivir no es ganar, ni llegar, ni tener?
¿Y si vivir es simplemente estar despierto?
Sentir la lluvia como un idioma,
mirar el cielo como un espejo,
y entender que cada instante —aunque pequeño— es una joya fugaz que no se repite.
Quizá el secreto no está en controlar el tiempo,
sino en bailar con él.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados