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El retrato..

HECHICERA

Poeta recién llegado
Pasaban los años,
el retrato ahí estaba,
la imagen de un hada
revoloteando en un rosal.

Caminaba de un lado a otro,
y parecía que me observaba;
sus ojos, tan expresivos,
parecían contar mil cosas.

Era el retrato más hermoso
de la casa; cuando el sol
lo iluminaba, destellos
lindos se observaban.

Por las noches, el retrato
cobraba vida; se escuchaban
las alitas revoloteando,
y recordé la historia de mi abuela,
que decía que en el jardín,
entre rosales, las hadas existían.

Curioso y asombrado,
ante tal destello,
me asomé a una rendija
de la pared. No lo podía creer:
era un hada pequeñita
que quería salir,
por la ventana hacia los rosales.

Con sigilo me acerqué;
el hada se quedó quieta,
sus alitas suspendidas
en el tiempo,
cuando se dio cuenta de mi presencia.

Inmediatamente,
solo pensé en abrir la ventana,
y sus palabras fueron:
“Gracias por dejarme partir,
eres la imagen de tu abuela,
quien siempre velo por nosotros.”

El hada partió,
y yo, anonadado,
me fui a dormir,
pensando que todo fue un sueño,
una linda ilusión.

A la mañana siguiente,
escuché a mi madre gritar:
“¿Qué le ha pasado
a mi cuadro adorado?”

Bajé corriendo por las escaleras;
mi asombro fue tal
que solo vi el retrato,
la imagen del hada se había marchado.
No supe qué decir;
nadie creería que fue real.

El retrato estaba vacío;
en las noches se oían
las hadas revoloteando en los rosales,
y los destellos iluminaban
la fuente en el jardín.

Con los días, el retrato
quedó en el olvido,
mientras las hadas eran felices
entre los rosales.
 
Pasaban los años,
el retrato ahí estaba,
la imagen de un hada
revoloteando en un rosal.

Caminaba de un lado a otro,
y parecía que me observaba;
sus ojos, tan expresivos,
parecían contar mil cosas.

Era el retrato más hermoso
de la casa; cuando el sol
lo iluminaba, destellos
lindos se observaban.

Por las noches, el retrato
cobraba vida; se escuchaban
las alitas revoloteando,
y recordé la historia de mi abuela,
que decía que en el jardín,
entre rosales, las hadas existían.

Curioso y asombrado,
ante tal destello,
me asomé a una rendija
de la pared. No lo podía creer:
era un hada pequeñita
que quería salir,
por la ventana hacia los rosales.

Con sigilo me acerqué;
el hada se quedó quieta,
sus alitas suspendidas
en el tiempo,
cuando se dio cuenta de mi presencia.

Inmediatamente,
solo pensé en abrir la ventana,
y sus palabras fueron:
“Gracias por dejarme partir,
eres la imagen de tu abuela,
quien siempre velo por nosotros.”

El hada partió,
y yo, anonadado,
me fui a dormir,
pensando que todo fue un sueño,
una linda ilusión.

A la mañana siguiente,
escuché a mi madre gritar:
“¿Qué le ha pasado
a mi cuadro adorado?”

Bajé corriendo por las escaleras;
mi asombro fue tal
que solo vi el retrato,
la imagen del hada se había marchado.
No supe qué decir;
nadie creería que fue real.

El retrato estaba vacío;
en las noches se oían
las hadas revoloteando en los rosales,
y los destellos iluminaban
la fuente en el jardín.

Con los días, el retrato
quedó en el olvido,
mientras las hadas eran felices
entre los rosales.
Muy bonito y profundo.

Saludos
 
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