Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siento que cuando deje esta vida lo haré casi satisfecho:
No me pesa la divina suerte que convertí en fracaso
ni mis sueños caducos por incompetencia en adulaciones
ni el amor que volví desamor por bonachón y confiado
ni el tiempo que invertí luego en decepciones previstas
ni mis pocos logros sociales apáticamente gestionados.
Inconclusa mi alegría por errada, me iré con menos
pero muerto a gusto y asido a mis tozudas argucias de vivir;
trivialidades tan importantes para mí, que me untaría con ellas
a ver si me preservan como muestra de que un frustrado
logra subsistir igual o más tiempo que un realizado.
Y no habría mejor prueba que yo mismo de que la idiotez,
ni en su tarda iluminación, siente algún remordimiento al advertir
su límite definitivo; más bien lo exalta y agasaja con un escrito.
A más, redimido de la plácida conducta que elegí; pues no maté,
todas mis demás faltas y auto-faltas, al Diablo no le interesan.
Así que, (si lo hay): ¡a vagabundear exonerado por todo el edén!
A eso vine a esta vida: a tomarme el jugo que quieren exprimirme,
y donde se hagan los pesados, a vivir tranquilo en un calabozo
a expensas de la sociedad, o a morir en mi ley; que es lo dicho.
Como sea, a los aprovechados de siempre, me les eché a dormir.
No me pesa la divina suerte que convertí en fracaso
ni mis sueños caducos por incompetencia en adulaciones
ni el amor que volví desamor por bonachón y confiado
ni el tiempo que invertí luego en decepciones previstas
ni mis pocos logros sociales apáticamente gestionados.
Inconclusa mi alegría por errada, me iré con menos
pero muerto a gusto y asido a mis tozudas argucias de vivir;
trivialidades tan importantes para mí, que me untaría con ellas
a ver si me preservan como muestra de que un frustrado
logra subsistir igual o más tiempo que un realizado.
Y no habría mejor prueba que yo mismo de que la idiotez,
ni en su tarda iluminación, siente algún remordimiento al advertir
su límite definitivo; más bien lo exalta y agasaja con un escrito.
A más, redimido de la plácida conducta que elegí; pues no maté,
todas mis demás faltas y auto-faltas, al Diablo no le interesan.
Así que, (si lo hay): ¡a vagabundear exonerado por todo el edén!
A eso vine a esta vida: a tomarme el jugo que quieren exprimirme,
y donde se hagan los pesados, a vivir tranquilo en un calabozo
a expensas de la sociedad, o a morir en mi ley; que es lo dicho.
Como sea, a los aprovechados de siempre, me les eché a dormir.
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